El lema “no a la guerra” puede asumir distintas declinaciones, como el “no al hambre”. La primera parada del viaje de Pedro Sánchez a Roma fue una conferencia de la FAO, la agencia de Naciones Unidas para la alimentación, con sede en la capital italiana, titulada “Seguridad alimentaria y nutrición bajo presión: consecuencias del conflicto en Oriente Medio”.Junto a él estaba también Luis Planas, ministro de Agricultura y Pesca, que aspira a convertirse en el próximo director general de la organización. “Es nuestro candidato”, dijo abiertamente Sánchez.Para el presidente del Gobierno, la visita a la FAO se convirtió en un baño de masas, quizá inesperado, pero sin duda relevante en unos días especialmente complicados en el frente interno. Su discurso desde la tribuna fue interrumpido en doce ocasiones por los aplausos, además de la ovación inicial y la final, con los delegados y funcionarios de la FAO puestos en pie. Hubo más aplausos, selfies y apretones de manos a la salida. “Debería quedarse aquí, mira cómo lo quieren”, bromeaba un trabajador español mientras en su teléfono seguían llegando actualizaciones sobre los escándalos políticos en España.A la entrada, en cambio, los periodistas le preguntaron si mantenía su apoyo a Zapatero tras las informaciones que se van conociendo sobre la investigación judicial que le afecta. Sánchez aplazó la respuesta al miércoles, cuando está prevista una rueda de prensa tras su encuentro con el Papa.El papel de España en la lucha contra el hambre fue reconocido también en las intervenciones de apertura. El director general de la FAO, el chino Qu Dongyu, definió a España como “un aliado estratégico contra la malnutrición” y añadió que a Sánchez “en China se le ve como un pilar de estabilidad”, un elogio de lectura ambigua que el presidente recibió con una sonrisa contenida. También Cindy McCain, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos, elogió el aumento de las contribuciones españolas a la lucha contra el hambre, en particular a los programas de alimentación escolar, mientras otros países —entre ellos Estados Unidos— han optado por recortarlas.En su intervención, iniciada con una cita de José Saramago (“Con el hambre, el pensamiento se hace más lento, el corazón más vulnerable”), Sánchez reivindicó el liderazgo de España en defensa del derecho internacional frente a los “delirios” de quienes “incendian el mundo” pero nunca son quienes acaban pasando hambre.Los pasajes más aplaudidos fueron los dedicados a Oriente Medio. Sánchez citó Gaza como ejemplo de una situación en la que algunos —en alusión a Israel— pretenden ganar una guerra sometiendo a un pueblo a la inanición. “Es muy importante que las sociedades de todo el mundo vean y escuchen que con la misma determinación con la que rechazamos las guerras, decimos también no al hambre”, afirmó, antes de advertir de que esos conflictos “injustos e ilegales” están provocando crisis alimentarias globales a una escala sin precedentes.Tras hacer suyas las palabras del Papa, que ante la FAO definió el hambre como un escándalo y un fracaso colectivo de la humanidad, Sánchez instó a actuar y a exigir el respeto del derecho internacional.Eso es, dijo, lo que hace España, un país que presentó como referente en distintos ámbitos, entre ellos el de la seguridad alimentaria, al haberse convertido en el cuarto exportador europeo y el décimo mundial del sector agrícola.Sánchez subrayó además que España haya aumentado en 2025 un 13 % la ayuda al desarrollo, en un contexto en el que la ayuda global ha caído un 23 %.
Sánchez reivindica en la FAO el “no al hambre” frente a las guerras
En plena tormenta política en España, Sánchez recibe una ovación en Roma y convierte una conferencia de la ONU en una tribuna contra el uso del hambre como arma de guerra










