En una entrevista en el programa Aquí Catalunya de SER Catalunya, Gerard Quintana reflexiona sobre algunos capítulos de los 40 años de historia de la banda Sopa de Cabra. Uno de los más delicados, el concierto del año 1991 en el Sant Jordi, junto a Sau, Els Pets y Sangtraït. Aquello se vendió como el momento de la eclosión del rock catalán, pero él discrepa. Recuerda que su grupo ya se había hecho un nombre y añade que no necesitaban aquello para triunfar, que habrían llenado el Sant Jordi igualmente. Quintana interpreta que fue un intento de “instrumentalización del pujolismo” y que se dieron cuenta cuando ya estaban metidos en el evento.De ello ya había hablado en el documental de 3Cat sobre el grupo, “Sopa de Cabra, tornar enrere”. Se sintieron utilizados, reflexiona el cantante. De hecho, otros periodistas de España habían llegado a llamarlos “los grupos de la Generalitat”. “Fuimos una herramienta de normalización lingüística”, dice que con los años lo entendió, “pero no queríamos serlo, y menos aún del pujolismo”. Aquello supuso una ruptura dentro de la banda; alguno de los compañeros del grupo había ido anteriormente a reventar mítines de Convergència: “De repente nos encontrábamos abrazados por aquello, no me sentía cómodo”.El cantante recuerda que venían de unos años de liderar la institucionalización de la música desde las comarcas, llenando campos de fútbol municipales, pero cuando llegaron a Barcelona sus mánagers decidieron aliarse con la Generalitat: “Nos encontrábamos artículos que hablaban sobre el concierto como si fuera un acontecimiento político, no de música”, señala. Eso fue lo que empujó al grupo a publicar Mundo infierno (1993), el disco de Sopa de Cabra íntegramente en castellano. No era para entrar en un espacio nuevo, matiza; ya eran un grupo que —nacido en 1986— “llevábamos cinco años de sacudidas, buscábamos acercarnos a lugares donde no habíamos estado”. Su sueño, reconoce, ya era tocar en Sudamérica, pero aquello fue el empujón definitivo.Con perspectiva, Quintana admite que habrían hecho algunas cosas diferentes, “y seguramente no habríamos reaccionado con aquella visceralidad. Quizá no habríamos caído tanto en el juego”. Recuerda que el primer disco del grupo, en 1989, ya era una mezcla de idiomas: catalán, castellano e inglés. El artista asegura que “de todo se aprende y esa es la gracia, no dejarte vencer”.También reflexiona, desde una parte más personal, sobre sus arrepentimientos y éxitos: “Me arrepiento de pensar que mi espalda es infinita y cargarme cosas encima, aguantar cosas que no debería haber aguantado”. Aun así, asegura que está orgulloso de haber llegado donde está porque “estaba convencido de que no pasaría de los 30 años”; eran una generación que pasaba todo el día en la calle, en un contexto social donde la heroína “se llevó a muchos compañeros”.Aprender del pasadoEl grupo Sopa de Cabra celebra ahora cuatro décadas de trayectoria. El cantante recuerda cómo ha evolucionado el sector desde los años ochenta: “El estudio era como un santuario al que entrabas cada cierto tiempo, el espacio habitual era el escenario o pequeñas salas”. Esta transformación también ha multiplicado la oferta: “En 1986, en un año salía la misma música que hoy sale en un día”. Por eso, el artista considera que el gran reto actual es la visibilidad: “El mayor esfuerzo es posicionar lo que haces”. De hecho, el cantante asegura que en muchos casos las campañas promocionales de algunos grupos superan el coste de la grabación.Aun así, el artista alerta de los riesgos de adaptarse a las nuevas tendencias: “Corres el riesgo de hacer el ridículo de manera espantosa”. De todos modos, Quintana ha explorado muchas facetas durante su carrera musical y destaca el disco De terrat en terrat con Albert Pla: “En el tema ”El cel" aparecía una locutora de radio anunciando mi muerte, me había matado en medio de la canción”.Cuando inició su etapa en solitario lo tenía claro: “Lo último que quería hacer era algo parecido a Sopa de Cabra”. El artista confirma que cada disco era una oportunidad y lo compara con un viaje en tren: “No bajaré siempre en la misma estación”.Pero después de llenar tres Palau Sant Jordi y movilizar a 90.000 personas, Quintana sintió que tenía que volver al grupo. Recuerda cómo se gestó: “Josep estaba estudiando arquitectura y había dejado la música, pero me propuso hacer un único concierto por el aniversario de los 25 años y todo se desató. Después de 10 años inactivos como banda piensas que la gente se ha olvidado, pero no es así. Los dos lo tenían muy claro, esto no podía quedarse así”.
Gerard Quintana: “Que nos abrazara el pujolismo nos empujó a cantar en castellano”
El líder de Sopa de Cabra cuenta en el ‘Aquí Catalunya’ cómo en el famoso concierto del Sant Jordi de 1991 se sintieron utilizados por el Govern










