Los títeres tienen algo especial: hacen reír a los niños y desarman a los adultos. Cuentan historias que acarician, sorprenden y, a veces, dicen en voz baja lo que cuesta escuchar en voz alta. Siguen tan vivos porque conectan con algo muy simple y profundamente humano: la emoción.Ese es también el espíritu que impulsa la Fira de Titelles de Lleida. Un festival que, con los años, se ha consolidado como una de las grandes citas del teatro de títeres en España. Es un acontecimiento internacional, una cita escénica imprescindible, un mercado profesional y, al mismo tiempo, una celebración que transforma la ciudad cada primavera.Este año, además, la edición ha tenido un significado especial: la 37ª Fira coincidió con el 40º aniversario del Centre de Titelles, impulsor y alma del proyecto. “Ha sido una oportunidad para mirar atrás y tomar conciencia del camino recorrido y de todas las personas que lo han hecho posible”, explican Elisabet Vallvé y Oriol Ferre, los directores del Centre de Titelles.Un año más, Reale Foundation participó como Mecenas de Honor de la Fira, para respaldar un proyecto que convierte a Lleida en punto de encuentro entre profesionales y público. Su apoyo forma parte de Cultura con Impacto, la iniciativa con la que impulsa proyectos culturales capaces de generar valor social y fortalecer el tejido comunitario.Cuando la tradición sirve para dinamizarLa Fira nació como una actividad paralela de la Festa Major de Lleida, como un gesto pequeño dentro de una gran celebración. Pero creció, evolucionó y acabó por convertirse en una referencia dentro del sector. “No ha parado de evolucionar hasta llegar a lo que es hoy”, señalan Vallvé y Ferre.Este año, el certamen reunió a 27 compañías, con 29 espectáculos y casi una veintena de estrenos. La programación abarcaba desde propuestas familiares hasta montajes para el público adulto. Entre los momentos más destacados, Sabotage, de la compañía alemana Sara Angius & Johanna Ehlert: una pieza que inauguró la edición en la Llotja y que fusiona danza y títeres de tamaño humano.Precisamente ese diálogo entre lo clásico y lo contemporáneo es una de las señas de identidad de la Fira. “Buscamos propuestas innovadoras, pero sin perder de vista las técnicas tradicionales que explican de dónde venimos”, afirman los responsables de la institución. El títere de guante, las sombras, los hilos y los lenguajes visuales más experimentales conviven en un festival que entiende la memoria artesanal como punto de partida para explorar nuevos caminos.Lleida, ciudad escénicaLa proyección internacional de la Fira ha ido creciendo con el tiempo. En esta edición han participado compañías de seis países y asistieron profesionales de tres continentes. La cita es un punto de encuentro para creadores, programadores y público de muy distintos lugares; durante esos días Lleida se llena de acentos, estéticas y miradas diversas que enriquecen el diálogo artístico.Ha sido una oportunidad para mirar atrás y tomar conciencia del camino recorrido y de todas las personas que lo han hecho posibleElisabet Vallvé y Oriol Ferre, directores del Centre de TitellesA esta dimensión exterior se suma un programa de residencias artísticas en colaboración con el Festival Casteliers, de Montreal (Canadá), que amplía la proyección de la Fira y tiende puentes entre creadores de distintos territorios. Porque la feria no se limita a exhibir espectáculos: también acompaña procesos, impulsa a nuevos artistas y alimenta la evolución del oficio.Una feria que abraza la ciudadMás allá de su impacto profesional, la Fira ha tejido un vínculo profundo con la ciudadanía. “Muchos vecinos la sienten como algo propio; después de 37 años, hay familias que empezaron viniendo de niños y ahora acuden con sus hijos”, cuentan Elisabet Vallvé y Oriol Ferre. Esa continuidad generacional es uno de los mayores logros del proyecto.Y ese arraigo se nota en las calles, en las plazas, en la manera en que la ciudad cambia de ritmo durante esos días. Este año, los espectáculos han ocupado 22 espacios -desde la Seu Vella hasta el Museu Morera- y cerca de un centenar de funciones han convertido Lleida en un escenario vivo, donde el patrimonio dialoga con las artes escénicas y la ciudad muta hacia un gran teatro compartido.Títeres con vocación socialEn los últimos años, la dimensión social de la Fira ha crecido con fuerza. Ya no es solo un festival: se trata de una red que se despliega por la ciudad y llega a lugares donde la cultura a veces tarda más en llegar. Iniciativas inclusivas, colaboraciones con entidades sociales y actividades en escuelas, residencias de mayores y centros penitenciarios han ampliado su impacto y su sentido.Programas de accesibilidad -como funciones en lengua de signos catalana o espectáculos sin texto- y acciones solidarias con el Banco de Alimentos y el Banco de Sangre completan una mirada comunitaria que entiende la cultura como un espacio de encuentro, de cuidado y de participación. Los directores del proyecto lo resumen así: “El teatro no solo entretiene; debe interpelar, incomodar y hacer más crítico y sabio al espectador”.Alianza que multiplica el impactoEn este ecosistema creativo y comunitario, el apoyo de Reale Foundation como Mecenas de Honor se vuelve decisivo. Su implicación encarna el espíritu de su proyecto Cultura con impacto: entender la cultura como motor de empleo, cohesión y transformación positiva del territorio. “La colaboración con entidades como Reale Foundation es muy importante para proyectos como la Fira, porque nos permite reforzar y dar continuidad a iniciativas que van más allá de la exhibición artística”, concluyen Elisabet Vallvé y Oriol Ferre. Gracias a esta alianza, la Fira amplía su dimensión social y consolida una red cultural sólida, abierta y sostenible, que beneficia tanto a la ciudadanía de Lleida como al tejido creativo nacional e internacional.