Unos palillos se deslizan entre los dedos de un músico en un rincón del escenario. Durante muchísimos años, esas manos han sostenido herramientas manuales y equipos mecánicos en un taller de coches. Esta noche, en cambio, Jesús Salas se aferra a sus dos palillos y hace de estos la chispa que desencadena la tormenta. El artista, que acabó dando nombre a Los Niños Jesús, forma parte de un grupo que cree con convicción que la música es capaz de coexistir junto a otras profesiones. Para prueba, su líder, Jordi Évole, que demuestra en Rivas que es posible cambiar las preguntas difíciles por las canciones de toda la vida.
“Estoy probando en esto de la música porque con un cambio de Gobierno me podría ir a la mierda”, dice entre risas el periodista. Junto a Salas y Évole se encuentran Jacob Carrasco, Juan Carlos Patrón, Javi López y Óscar Huertas, quienes forman una banda de amigos que parece saber mejor que nadie los principales requisitos para divertirse. Hacen gala de estos nada más sonar el primero de los acordes, puesto que logran que personas de todas las edades se agolpen en la Plaza de la Constitución en un ambiente que recuerda a las mejores fiestas de barrio. Desde familias con niños pequeños hasta grupos de jóvenes con sus refrescos, toda la zona está abarrotada para despedir el FIC.







