El debate está servido: ¿debe premiarse un récord del mundo logrado sin el control de uso de sustancias dopantes? Y es más: ¿debe cobrar un plusmarquista mundial supuestamente dopado por su pseudo récord más que un atleta legal por un récord oficial homologado por la Federación internacional correspondiente? Esto es lo que ha sucedido en los novedosos Juegos del Dopaje (su eufemístico nombre es Enhanced Games, o Juegos mejorados), que el domingo celebraron en Las Vegas su primera edición repartiendo 7 millones de dólares en premios entre los atletas participantes.Quien más se embolsó en este nuevo circo con el deporte (pruebas de natación, atletismo y halterofilia) como excusa de negocio y espectáculo fue el nadador griego de origen búlgaro Kristian Gkolomeev (32), que por un nuevo récord mundial (no reconocido) en los 50 m libre se llevó 1.250.000 euros; es decir, 25 veces más que si el récord hubiese sido homologado en un Mundial organizado por la World Aquatics.El nadador griego Gkolomeev se lleva 1.250.000 dólares por una plusmarca no oficial de los 50 libreGkolomeev, que nadó con un bañador sintético largo prohibido por el COI, completó los 50 m en 20,81 segundos, siete centésimas más rápido que el récord mundial oficial que fijó el australiano Cameron McEvoy el 20 de marzo en el Open de China.Si el griego se llevó un millón de dólares por la marca y 250.000 más por ganar la final, su colega australiano no vio ni un centavo por su récord oficial en Singapur, logrado en un torneo que no era ni Mundial ni Copa del Mundo. En esos dos casos se habría embolsado 50.000 dólares (30.000 por la plusmarca mundial y 20.000 por el oro). Lo que indignó a McEvoy, que criticó la poca o nula compensación en los eventos oficiales, en comparación con estos Juegos del Dopaje: “Es una locura pensar que por lograr un récord mundial sin traje y sin consumir sustancias dopantes, como deportista limpio, la bonificación sea de cero dólares, mientras que si optara por una vía más fácil no sólo se obtiene un bonus de un millón, sino también 250.000 dólares por el primer puesto”.Esta es una de las paradojas a las que llevan estos Juegos del Dopaje, una sociedad con sede en las islas Caimán, creada por dos empresarios millonarios controvertidos por sus negocios de dudosa ética, el australiano Aron D’Souza (creador de otro invento llamado Objection, una especie de tribunal de IA para juzgar a los medios) y el alemán Christian Angermayer (que ha multiplicado su patrimonio con la biotecnología, el bitcoin, los psicodélicos y los fósiles de dinosaurios). La nueva criatura es un espectáculo con aire de reality en el que deportistas de élite atraídos por el dinero –en los 50 libre había olímpicos como James Magnussen, Cody Miller y Ben Proud– compiten (si quieren) con el apoyo de sustancias dopantes para mejorar el rendimiento, y el uso de prótesis y tecnología de calzado o vestido prohibida. En el evento de Las Vegas, según los organizadores, el 91% de los atletas utilizó testosterona, el 79% hormona del crecimiento, el 62% estimulantes, el 50% moduladores metabólicos, el 41% EPO, el 29% un agente esteroide anabólico y el 5% terapias de apoyo hormonal.
La obscenidad de los Juegos del Dopaje
El premio por un récord mundial ‘dopado’ multiplica por 25 al del oficial; Kristian Gkolomeev se llevó 1.250.000 dólares por 'batir' la plusmarca de 50 m libre










