Los maestros de la CNTE ―la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación― han retomado la batalla contra el Gobierno de Claudia Sheinbaum en el mismo punto en el que la dejaron la primavera pasada. El 6 de junio levantaron el campamento, tras 23 días de plantón nacional, y este 25 de mayo ha llegado la primera avanzadilla para instalar el nuevo, con las mismas demandas y los mismos obstáculos por delante. Una semana antes de que el resto de Estados se sume a las protestas, los sindicalistas de Oaxaca han abierto el apetito este lunes con una marcha en la capital desde el monumento del Ángel de la Independencia hasta el Zócalo, que se ha visto frustrada por el enorme contingente policial que los esperaba en el centro histórico para cortarles el paso. A menos de 20 días de que México inaugure el Mundial de fútbol, el Gobierno no ha querido arriesgarse a ver cómo uno de los movimientos que ofrece mayor resistencia se apoderaba de la principal plaza pública de Latinoamérica. Tras una trifulca con la policía y un tira y afloja en las negociaciones, los cerca de 2.000 maestros han logrado avanzar un par de calles más y plantar su campamento a dos cuadras del Zócalo, que continúa blindado. “Vamos a quedarnos aquí por seguridad. Cuando lleguen los demás, vamos a hacer otro intento [de entrar a la plaza]”, dice Yaracely Carillo ―47 años y 26 en el magisterio―, una de las representantes de la Comisión Política de la sección oaxaqueña. La secretaria general, Yenny Aracely Pérez, se ha quedado en Oaxaca junto con el 80% de los trabajadores, que han replicado la protesta en su Estado. “Quien tiene la respuesta es la presidenta. De ella depende cuánto se intensifican las manifestaciones”, agrega Carillo. Sheinbaum se ha convertido en la única interlocutora válida para los manifestantes, que consideran que el modelo de mesas de trabajo con los secretarios del ramo y la Secretaría de Gobernación federal ha encallado una y otra vez, a falta de propuestas a largo plazo que logren solventar las cuestiones de fondo. La principal exigencia es la vuelta a las pensiones públicas, que desde 2007 están en manos de las administradoras privadas conocidas como Afores.A esa demanda general, junto con la subida salarial del 100%, se suman las propias de cada Estado. En el caso de Oaxaca destacan, entre otras, el pago retrasado de los uniformes escolares y la reforma de la ley estatal para recuperar al sindicato como actor en las decisiones educativas, suprimido tras la reforma de 2015. “Hasta que no hay presión de por medio, no atienden nuestras demandas”, dicen Adilene Bravo, de 37 años, y Jorge Luis Basurto, de 31, que han desembarcado este lunes con su tienda de campaña y provisiones para cuatro días, aunque se han mentalizado para un paro de un mes. “Ya conocemos esa ruta. Esas mesas no llegan y, si llegan, derivan en otras mesas”, lamentan. Gobernación ha vuelto a hacer un llamado al diálogo para instalar otra ronda de trabajo, pero la desconfianza prima en este sector, cuya táctica es “movilización, negociación, movilización”. El contexto aprieta más que nunca, a menos de un mes de que se dé el pistoletazo de salida del mayor evento deportivo del mundo. Nadie tiene claro si se mantendrán las protestas para ese momento, pero tampoco es un disuasor definitivo. “No queremos llegar hasta ese punto. Tenemos compromisos en las escuelas y no queremos pelear con nuestra propia gente”, dicen estos maestros que llegan desde el distrito de Sola de Vega, conscientes de la enorme afición futbolística que hay en México. Con todo, consideran el evento un “negocio” para “enriquecer los bolsillos de las empresas”, y están dispuestos a alargarse lo que haga falta. “No nos da vergüenza estar aquí, porque sabemos todo lo que le damos a la sociedad”, completa Adilene, que cobra 7.500 pesos a la quincena y ve con frustración y decepción el dinero que se invierte en la fiesta mundialista, mientras se descuidan otras “prioridades” como la educación o la sanidad: “Aquí vamos a seguir. Ni la lluvia ni el viento nos va a detener”.En una línea similar se pronuncia Naún Maldonado, de 45 años, que llega de la región mixteca y también ve en el Mundial un encuentro para “un grupo reducido”. “No me gustaría llegar a boicotearlo, pero si fuera necesario, lo haría. Puede ser que algunos se molesten, pero tampoco sería el fin del mundo. Hay cosas más importantes, como el alza de la gasolina”, argumenta, y se justifica: “Llevamos mucho tiempo peleando y no se nos hace caso”. Los 800 agentes que los recibieron por la mañana se han replegado hacia las seis y veinte de la tarde, cuando la lluvia comenzaba a chispear mientras los maestros continuaban armando el campamento, que ha quedado instalado en la Avenida 5 de mayo, entre el Palacio de Bellas Artes y la calle Simón Bolívar. Allí ha colocado el Gobierno capitalino una quincena de sanitarios portátiles para los manifestantes. Aunque el cordón policial se ha disuelto a esa altura, una hora después continuaba una avenida más allá, en la Calle de la Palma, junto con un montón de vehículos policiales en las calles aledañas, que resguardaban cualquier intento de los maestros de pasar al Zócalo.Esta noche, el sindicato izquierdista ―desgajado del institucional SNTE, más afín al Ejecutivo― decidirá con qué actividades continúan las movilizaciones hasta que lleguen el resto de las secciones para iniciar el paro nacional, previsto para el 1 de junio. El año anterior, los trabajadores consiguieron arrancar algunas medidas al Gobierno de Sheinbaum, como una subida del 9% de los salarios, replicada este año, o la reducción progresiva de la edad de jubilación, una medida que solo afecta a un cuarto del magisterio. La CNTE, que tiene la vista fija en la derogación de la ley del ISSSTE de 2007 que regula sus pensiones, lo considera paliativos que no resuelven el problema de fondo y que los deja expuestos a la buena voluntad de los Gobiernos futuros. Allá donde se pregunte, la respuesta es: “No hay una propuesta del Gobierno que nos deje tranquilos sobre una jubilación segura”. Claudia Sheinbaum ya dijo el año anterior que el Estado no podía hacer frente económicamente a un regreso al modelo anterior y ofreció reformas parciales que no dejaron satisfecho al sector. Se encuentran de vuelta enconados en los mismos argumentos, con las mismas dificultades de entonces. Ahora más cansados, más desconfiados y con el Mundial pisándole a todos los talones. Para unos y otros, la paciencia se configura como la mejor compañera para atravesar las próximas semanas.