En el perfil de Instagram de Berry Dijkstra, con más de 14.000 seguidores, nadie entra a ver muebles blancos o de color nude, ni tapizados en tejido bouclé, ni maderas crudas sujetando macetas de cactus o papeles de pared con palmeras. Aquí se viene a jugar con el diseño contemporáneo, con el color, con el objeto o mueble de autor, con las composiciones y los equilibrios escénicos, con el atrevimiento. Este comisario y coleccionista holandés ha hecho de su feed de Instagram una exposición de aquello que compra en las galerías o ferias que visita por toda Europa, y es precisamente esa cuidada selección de piezas la que le ha convertido en un referente en el diseño de colección. El pasado 23 de mayo inauguró su primera muestra en Valencia, ciudad en la que vive por temporadas cuando no está en su apartamento de Rotterdam, junto a la firma Tylko. Berry Dijkstra (Leeuwarden, Países Bajos, 1980) es un creador de escenas. Siempre trabaja con su propia colección de diseño, creando construcciones en altura donde los objetos, los materiales y los colores dialogan como si fuera una coreografía. Tiene un relato visual propio, identificable, mezclando mobiliario vintage con cerámica contemporánea de artistas holandeses como Atelier Fig o Willem van Hoof, piezas del chileno Santiago Sahli, o mobiliario en madera del diseñador español Marco Calhau. Lo que para muchos no encajaría, Berry lo saca de contexto, cuestiona la funcionalidad y lo convierte un relato visual lúdico, en una gran instalación artística que crece y de la que surgen objetos y materiales.Has dicho que “piensas visualmente”. ¿Cuándo te diste cuenta de que esa forma de mirar podía convertirse en tu lenguaje profesional? Siempre ha estado ahí. De niño me encantaba dibujar. Después de mis estudios empecé a utilizar esa habilidad como diseñador gráfico, estilista de interiores y gestor de tiendas. El punto de inflexión llegó cuando empecé a crear instalaciones de mobiliario centradas exclusivamente en la forma, la silueta, el material y la composición, desarrollando realmente una firma propia.Tu trabajo mezcla fotografía, interiorismo, curaduría… ¿Te consideras más diseñador o escenógrafo? Me veo como un artista visual y promotor del diseño, lo que se traduce en distintas direcciones: desde comisariar una exposición hasta construir una escenografía o componer un interior.Mezclas artistas, épocas y materiales. ¿Qué hace que una combinación funcione y no sea simplemente ruido visual? Creo que muchos objetos pueden mezclarse, incluso productos cotidianos que utilizo en mis instalaciones. Pero necesitas ojo para la calidad: conocer los materiales, la historia del diseño y desarrollar tu propio gusto. Como decía Diana Vreeland [célebre directora de Vogue en los años sesenta]: “El ojo tiene que viajar”. Leer, ver cine, ir al teatro y dejarse inspirar por la naturaleza.¿Hasta qué punto el diseño necesita hoy emoción más que función? Para mí, el diseño debe ser funcional; eso es la base. Después viene una segunda capa: provocar emoción, que puede encontrarse en el material, el color, la técnica o el lenguaje formal.Llegaste a Valencia buscando algo menos obvio. ¿Qué has encontrado en el diseño español que no veías en otros países? Cada país tiene su propio lenguaje, definido por su geografía, cultura y política. Ahora vivo entre dos mundos y es inevitable comparar. El diseño español se caracteriza por la artesanía y la tradición, con una fuerte presencia de materiales locales y naturales. El holandés, en cambio, está más orientado a la investigación, la tecnología y el futuro. También hay diferencias en los materiales y el uso del color. El cielo gris de Holanda quizá te lleva a buscar color, mientras que en España la paleta nace de los materiales naturales.¿Crees que España está desarrollando un lenguaje propio o sigue dependiendo de influencias externas? Hoy todos estamos influenciados por lo digital y el zeitgeist. Pero vivir bajo este sol, con este paisaje y una tradición tan rica en cerámica y artesanía, seguirá siendo la base del diseño español.Vienes de una tradición marcada por el Form follows function (la forma sigue a la función). ¿Cómo ves hoy ese legado? Se traduce en velocidad, eficiencia y tecnología. Lo valoro, pero también veo cómo ese enfoque, unido al capitalismo y ciertos movimientos políticos, ha generado una pérdida del enfoque humano. España, en cambio, mantiene una visión más social.Tú lo has transformado en Form follows fun [la forma sigue a la diversión] ¿Es provocación o evolución natural? Es ambas cosas. Trabajo con diseño funcional, pero le quito su función al apilar, girar o reorganizar piezas. El mensaje es que el diseño también es juego: compra lo que te gusta, no solo lo que necesitas. Pero también compra menos, gasta localmente e invierte en piezas duraderas. Apoya a diseñadores independientes y economías locales.¿Y a ti qué te lleva a comprar una pieza frente a otra? Una combinación de factores: emoción, curiosidad por la forma o el material, y la historia detrás del diseñador.¿Coleccionas por intuición, narrativa o coherencia estética? Una mezcla de gusto personal, intuición y conexión con el diseñador. En mi apartamento mezclo muebles españoles ornamentales con piezas contemporáneas, mid-century con armarios Tylko rosas.Has convertido tu casa en un espacio expositivo. ¿Puede el hogar ser el nuevo espacio curatorial? Sí, especialmente con las redes sociales. Las galerías marcan tendencias, pero mi casa muestra cómo vivir con diseño. Cómo mezclar épocas, materiales y formas en el día a día. Instagram ha democratizado el acceso al diseño, pero también acelera tendencias y genera copias sin contexto. Me interesa lo que refleja cambios reales, pero no el oportunismo: interiores Pinterest sin contexto o muebles rápidos destinados a desecharse.