La primera encíclica de León XIV, publicada este lunes, es una declaración de resistencia ante el aparentemente imparable avance de una forma de entender la inteligencia artificial (IA) impulsada por los llamados tecnoligarcas. Esta tecnología está siendo dirigida por magnates que consideran al ser humano como algo mejorable como especie (y también prescindible individualmente) y que son partidarios de la integración hombre-máquina. El documento de León XIV revela un alto perfil político del papa estadounidense, cuyo pontificado, iniciado hace poco más de un año, ha ido cobrando protagonismo en la conversación pública especialmente tras el enfrentamiento abierto con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en cuestiones como la inmigración y la guerra contra Irán. En un acto inédito en la presentación de una encíclica, por cuanto intervinieron no solo altos representantes de la curia vaticana sino expertos en IA —incluyendo a Christopher Olah, ateo, cofundador de Anthropic y enfrentado a Trump—, León XIV presentó un documento de 110 páginas que puede considerarse como un programa de gobierno para una etapa de la Iglesia católica que se prevé duradera, dado que tiene 70 años. Aunque el texto se centre en la denuncia del empleo actual de la tecnología más avanzada, Robert Prevost trata de un modo muy concreto otros temas como la justicia social, la pederastia en el interior de la Iglesia, la memoria histórica, la superación del concepto de guerra justa, el fanatismo religioso, la deuda externa o una petición de perdón por la esclavitud.Se esté de acuerdo o no con él, es de agradecer que Prevost se caracterice por la claridad meridiana en sus afirmaciones. “Hay que desarmar a la inteligencia artificial”, repitió en varias ocasiones, poniendo el foco en los sistemas autónomos que ya deciden sobre la vida y la muerte en el campo de batalla y que, en su opinión, en un futuro no muy lejano pueden hacerlo en otros escenarios no necesariamente bélicos. El Pontífice rebatió a su invitado de Anthropic cuando este afirmó que contaban con la Iglesia para atender a los que se “quedarán atrás” en el proceso. “No se puede quedar nadie atrás”, subrayó el Papa.Magnifica humanitas, título de la encíclica, sirve a un momento histórico. Está escrita con el objetivo declarado de actuar como la Rerum Novarum publicada hace 135 años por León XIII como respuesta al cambio de época que supuso la revolución industrial. Seguramente acierta Prevost al dar una importancia similar a la IA, pero conviene prestar atención (empezando por las jerarquías católicas locales y los partidos políticos que se proclaman católicos) a otros aspectos no menores. La declaración de que el trato a los inmigrantes es la verdadera medida de la justicia de una sociedad, la defensa del multilateralismo contra la guerra, o el agradecimiento a los medios de comunicación que investigan los abusos sexuales en el interior de la Iglesia. Ya que toma partido claramente sobre cuestiones de fondo que tensan la política mundial, Prevost podía haber sido más explícito en señalar a quienes amenazan estas realidades, especialmente la ultraderecha, que lo hace envuelta en la bandera de supuestos valores tradicionales y religiosos.