Colombia, a lo largo de su historia, ha contado con artistas muy importantes, desde Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos en la época colonial hasta Fernando Botero, que con sus figuras voluminosas pudo llevar al país latinoamericano a las más prestigiosas salas de exposición del mundo.Artistas colombianos al alza: una escultura se vendió en más de $6.500 millones y reapareció un gran paisajista en el mercadoPese a eso, resumir la historia del arte colombiano en solo unos pocos nombres famosos es desconocer a aquellos artistas que, por su calidad técnica, deberían figurar en aquellos honrosos lugares que, por alguna u otra razón, les han sido negados.Entre ellos se podría mencionar al pintor bogotano Ricardo Acevedo Bernal, quien lastimosamente es poco recordado, aunque haya sido retratista de presidentes y de la aristocracia capitalina de la primera mitad del siglo XX.Adicionalmente, a esta lista se suma el artista Alfredo Ortega Díaz, quien ha generado gran expectativa en el mercado del arte recientemente.Fábrica de loza - Alfredo Ortega Díaz. Foto: Juan Francisco Hernández Ortega. Digitalizado por Sistema de Bibliotecas - Universidad de los Andes.SEMANA, en conversación con Juan Francisco Hernández Ortega, bisnieto de Alfredo Ortega Díaz, pudo conocer de cerca detalles de la vida y obra del paisajista.Hernández Ortega ha empeñado valiosos esfuerzos por recuperar aquella memoria de quien fue su bisabuelo y sobre quien ha escrito importantes artículos, como el publicado en la revista Quiroga de Patrimonio Iberoamericano de la Universidad de Granada (España).Alfredo Ortega Díaz, en el ámbito artístico, “comenzó su formación hacia 1900 bajo la instrucción del maestro Ricardo Borrero Álvarez y, probablemente, ingresó después durante un tiempo a la Academia Nacional de Bellas Artes”, según relata Hernández.De igual manera, precisa que “durante los años que residió en Nueva York, en la década de 1920, tomó algunas clases de pintura para reforzar su técnica”; no obstante, “Alfredo Ortega Díaz fue esencialmente un ingeniero”, destacándose ampliamente en este sector, pues “dedicó la mayor parte de su vida al servicio del Ministerio de Obras Públicas, donde ocupó diversos cargos relacionados con los Ferrocarriles y las Obras Públicas Nacionales, y también ejerció como secretario técnico del Consejo Nacional de Vías de Comunicación”.Dentro de esas facetas que Ortega Díaz pudo desarrollar en vida están las de escritor y pintor, llegando a redactar “múltiples artículos y columnas de opinión en revistas y periódicos, algunas bajo el seudónimo de Domingo Panqueva”.Sumado a eso están las importantes obras que gozaron de un amplio reconocimiento, como “Arquitectura de Bogotá, el primer trabajo monográfico realizado sobre este tema, escrito con la intención de clamar por la defensa de los monumentos antiguos de la ciudad”; en el tema ferroviario, “Ferrocarriles Colombianos, publicado en cuatro tomos entre 1920 y 1949, un extenso estudio sobre la historia y el desarrollo de la red ferroviaria del país desde sus orígenes, galardonado con el premio Diódoro Sánchez de la Sociedad Colombiana de Ingenieros en 1932”.Vista de un parque en Nueva York (ca. 1921) - Alfredo Ortega Díaz. Foto: Juan Francisco Hernández Ortega. Digitalizado por Sistema de Bibliotecas - Universidad de los Andes.Además de “la Geografía Económica de Cundinamarca, obra de la que fue uno de los principales autores en calidad de Director de Geografías de la Contraloría General de la República, y que recibió el Premio a la Geografía Patria”.“Fue padre de Alfredo, Beatriz y Carmen Ortega Ricaurte, a quienes transmitió su interés por las artes, la arquitectura y la música. Carmen Ortega, de hecho, terminó convirtiéndose en una de las historiadoras del arte más reconocidas del país gracias a su Diccionario de Artistas en Colombia”, siendo esta obra uno de los proyectos más ambiciosos de memoria artística que se hayan emprendido en el país.Aunque Alfredo Ortega Díaz tiene una hoja de vida que se destaca, no es lo suficientemente conocido como debiera serlo, y Hernández Ortega afirma, en lo artístico, que “la pintura de principios del siglo XX en Colombia aún tiene muchas cosas por decirnos”.Dentro de eso que falta por decirse de la pintura colombiana de esta época se destaca “la producción del grupo de pintores paisajistas que la historiografía denominó Escuela de la Sabana, término actualmente revaluado”, enfatizó Hernández.Aseverando que esto “puede ofrecer una gran cantidad de conocimiento sobre las formas en que las personas de la época se enfrentaban a los procesos de modernización en un entorno que se oponía a ellos”.Iglesia de San Antonio de Padua de Bogotá - Alfredo Ortega Díaz. Foto: Juan Francisco Hernández Ortega. Digitalizado por Sistema de Bibliotecas - Universidad de los Andes.Contrastando esto, dice que “en el pasado han aparecido otros pintores que en su momento eran más o menos desconocidos, y cuya obra abrió discusiones sobre problemas visuales y culturales que habían permanecido al margen de la historiografía”; como ejemplo, trae a colación figuras como “Fídolo Alfonso González Camargo y Carlos Valenzuela”.Dentro de todo esto, el bisnieto de Ortega Díaz precisa que “cada artista ofrece diferentes miradas sobre su tiempo y sobre las maneras de pensar y representar lo que les era importante”.De modo que, para él, rescatar la obra de Alfredo Ortega no es un asunto menor: “es importante para la historia del arte en Colombia, pues permite ampliar el panorama de la pintura de paisaje del periodo y comprender cómo un ingeniero y funcionario del Gobierno construyó una visión particular del país en medio de las transformaciones materiales e intelectuales de la primera mitad del siglo XX, en las que participó directamente”.Técnica de Alfredo Ortega DíazUna de las cosas que Hernández resalta técnicamente de Alfredo Ortega “es la fluidez con la que resolvía las composiciones y la espontaneidad de su pintura”.Agrega, sobre este punto, que “como artista viajero, gran parte de su producción surgió del encuentro directo con paisajes, pueblos y escenas que aparecían durante sus recorridos”, haciendo hincapié en que “muchas veces trabajó a partir de la impresión inmediata de lo desconocido, de lo nuevo o de aquello que escapaba a la experiencia habitual”; por tanto, “esto dio lugar a una obra con una gran variabilidad formal y expresiva, en la que se encuentran manifestaciones muy distintas entre sí, determinadas en gran medida por las condiciones del viaje”.Las recientes menciones que se han hecho de Alfredo Ortega Díaz responden al interés que ha mostrado el mercado del arte por la figura de aquel ingeniero, que, aparte de destacarse en esta rama, también era un pintor que, por su técnica, podría estar entre los más destacados artistas colombianos de la primera mitad del siglo XX.Vapor en el puerto de Girardot (ca. 1921) - Alfredo Ortega Díaz. Foto: Juan Francisco Hernández Ortega. Digitalizado por Sistema de Bibliotecas - Universidad de los Andes.Interés del mercado del arte por Alfredo Ortega Díaz“La figura de Alfredo Ortega ha comenzado a generar interés recientemente en el mercado del arte porque, aunque su nombre ha tenido poca circulación dentro de los relatos más conocidos de la historia del arte en Colombia, muchos conocedores de la pintura de paisaje de principios del siglo XX se habrán encontrado con su nombre en algún momento. Sin embargo, las referencias a su obra siguen siendo muy escasas, cosa que ha contribuido a construir cierta curiosidad alrededor de su producción”, explicó Hernández.Asimismo, “a esto se suma que su trabajo pictórico es relativamente escaso, circunstancia que ha hecho que sus obras resulten cada vez más apetecidas entre coleccionistas interesados en la pintura colombiana de ese periodo y en artistas que permanecieron parcialmente al margen de la historiografía tradicional”.Fernando Botero cautiva Asia: Lina Botero, hija del artista, habla con SEMANA de la nueva exposición de SeúlEl interés no se ha movilizado únicamente en los círculos de coleccionistas, pues Hernández afirma que “el Área de Patrimonio de la Universidad de los Andes ha trabajado en la creación de una colección digital compuesta por 671 pinturas y dibujos de Alfredo Ortega, materiales que estarán disponibles para consulta pública a mediados de este año —2026—”, lo que “también ha contribuido a renovar el interés por su obra y a facilitar nuevas investigaciones sobre su producción artística”.En una subasta de Bogotá Auctions realizada el pasado 21 de mayo, una obra del artista se remató superando ampliamente el precio estimado que la misma casa de subastas había anunciado previamente.En medio de esta subasta, Charlotte Pieri, directora de Bogotá Auctions dijo: “Alfredo Ortega es uno de los grandes representantes de la Escuela de la Sabana (...) no tan conocido como otros, pero igual de mucha relevancia, y estamos muy felices de tenerlo por primera vez en subasta, especialmente porque sus obras son superescasas en el mercado”.Obra de Alfredo Ortega Diaz subastada en Bogotá Auctions. Foto: Bogotá Auctions APILa obra de Alfredo Ortega Díaz bajo la mirada de Juan Francisco Hernández OrtegaJuan Francisco Hernández, definiendo la obra de Ortega Díaz, dice que “podría caracterizarse como una producción profundamente variable”, insistiendo en que “no parecía tener reparos en probar distintas soluciones técnicas, formatos, pinceladas, usos del color e incluso soportes poco habituales, como el papel celofán. Esa diversidad da cuenta de una práctica muy ligada a la observación inmediata y a la experiencia del viaje”.Su producción no se desliga de su actividad profesional, “su pintura revela constantemente su mirada de ingeniero y arquitecto, pues en gran parte de sus obras aparece algún elemento construido, desde cercados y caminos hasta vistas urbanas, como si el paisaje estuviera siempre pensado en relación con la intervención humana”.Alfredo Ortega Díaz. Foto: Juan Francisco Hernández OrtegaAlfredo Ortega y el arte modernoHernández no solo ha estudiado la técnica de Alfredo Ortega, sino que ha tratado de descifrar los pensamientos de aquel paisajista, entre esos, los que él pensaba acerca del arte moderno.“La posición de Alfredo Ortega frente al arte moderno fue, en muchos sentidos, cercana al sentimiento conservador que predominaba en ciertos sectores de la sociedad colombiana de comienzos del siglo XX”, diciendo que la llegada de “las vanguardias” y las “nuevas corrientes artísticas” procedentes de Europa provocaron “fuertes debates en el país”, particularmente “tras la exposición de arte francés de 1922 en Bogotá y Medellín, que generó numerosas reacciones críticas y discusiones sobre el gusto moderno y la legitimidad de las nuevas formas artísticas”.Muestra de la postura de Ortega Díaz frente al arte moderno es “un artículo publicado en abril de 1922 en la revista El Gráfico, titulado De Nueva York, escrito después de haber residido durante dos años en Estados Unidos. Allí relató su visita a una exposición en el Museo Metropolitano de Nueva York, donde pudo observar obras impresionistas y de artistas vinculados a las vanguardias modernas que, al no ser de su gusto, fueron motivo de una dura crítica“.Sendero rural - Alfredo Ortega Díaz. Foto: Juan Francisco Hernández Ortega. Digitalizado por Sistema de Bibliotecas - Universidad de los Andes.Hernández prosigue diciendo que Ortega utilizó “argumentos cercanos a los discursos patologizantes que en esos años calificaban ciertas manifestaciones modernas como signos de degeneración mental. El artículo concluye celebrando que a Colombia todavía no hubieran llegado las ‘epidemias pseudoartísticas’ que, según él, amenazaban al ‘verdadero arte’”.En palabras de su bisnieto, para Alfredo Ortega “la belleza debía responder a un camino ‘fácil y sencillo’ dictado por una ley natural, idea profundamente ligada a los valores académicos y conservadores de su tiempo. Sin embargo, resulta interesante que, a pesar de estas posturas, su propia pintura incorporó ciertos elementos asociados a la sensibilidad moderna”.La mina de oro colombiana: la artista Olga de Amaral sigue sorprendiendo con los precios a los que llegan sus obrasAun cuando Ortega integró elementos de “sensibilidad moderna”, su obra “no puede considerarse plenamente moderna ni vinculada directamente con las vanguardias; en ella aparecen soluciones pictóricas más libres y formas de ejecución espontáneas que muestran cómo la modernidad artística penetraba incluso en artistas que públicamente rechazaban sus manifestaciones más radicales”.Así, esta “contradicción permite comprender de qué manera los lenguajes modernos comenzaron a circular e infiltrarse en la cultura visual colombiana más allá de las posiciones ideológicas explícitas de cada artista”.La importancia de Alfredo OrtegaLa figura de Alfredo Ortega es importante dentro de la Escuela de la Sabana porque permite “cuestionar la idea de una ‘escuela’ cohesionada”, lo que también genera nuevos debates en torno a cómo se han concebido cierto tipo de pinturas. La obra de Ortega “demuestra que muchos de estos pintores compartían ciertos espacios de formación e intereses por el paisaje, pero desarrollaban búsquedas visuales muy distintas entre sí”.Desde luego, “el estudio del caso de Ortega permite reconocer preocupaciones que no aparecen en otros pintores de este grupo. Su obra amplía la imagen más conocida de la pintura de paisaje de la época e introduce una nueva mirada a este espectro”.Piedras en un río - Alfredo Ortega Díaz. Foto: Juan Francisco Hernández Ortega. Digitalizado por Sistema de Bibliotecas - Universidad de los Andes.Reivindicación histórica de Alfredo OrtegaTodo lo que se ha dicho anteriormente invita a estudiar la figura de este artista que resulta muy interesante para comprender cómo operaba ese pensamiento artístico en distintos pintores.“Alfredo Ortega es una figura que merece una revisión más atenta dentro de la historia del arte colombiano porque su caso muestra cómo muchas producciones artísticas quedaron relegadas por no encajar fácilmente dentro de los relatos tradicionales del arte nacional”.De hecho, colocar la mirada sobre Ortega permite que se reescriba su historia, poniendo en consideración distintos puntos: “durante mucho tiempo su trabajo fue entendido casi como una actividad secundaria frente a su carrera como ingeniero, algo que contribuyó a minimizar el alcance de su producción pictórica. Incluso dentro de su propia tradición familiar se mantuvo durante mucho tiempo la idea de que Ortega no era más que un ‘pintor de domingo’”.En contraposición a esto, “su obra posee una riqueza técnica y documental considerable, además de una sensibilidad muy particular frente al paisaje y al territorio. Recuperarla permite ampliar la comprensión de quiénes producían imágenes en Colombia a comienzos del siglo XX y desde qué experiencias personales e intelectuales lo hacían”.Emma Reyes, la colombiana que pasó de la pobreza a un lugar privilegiado en la historia del arte nacionalJuan Francisco Hernández Ortega es arquitecto e historiador del arte de la Universidad de los Andes; las palabras que profiere acerca de su bisabuelo no se basan únicamente en la admiración que puede llegar a sentir por él, sino también en el rigor profesional que le ha permitido ver a Alfredo Ortega Díaz con una profundidad que muy pocos han llegado a tener. La conexión que tiene Hernández con Alfredo Ortega va mucho más allá de la filialidad; no en vano comparten intereses como la arquitectura y el arte.La aparición de Alfredo Ortega en subasta y la demanda que se demostró en las pujas, puede anticipar un fenómeno de crecimiento exponencial en los precios de las obras del artista, quizá algo similar a lo que aconteció con Emma Reyes, que pasó de ser casi desconocida en Colombia, a vender obras por cuantiosas sumas, décadas después de su muerte.
El resurgimiento de Alfredo Ortega Díaz: el pintor colombiano poco conocido que despierta el interés del mercado del arte
Su bisnieto, Juan Francisco Hernández Ortega, le contó a SEMANA detalles de su vida y obra.
El paisajista bogotano Alfredo Ortega Díaz, activo en el s.XX y ligado a la Escuela de la Sabana, resurge en el mercado del arte colombiano impulsado por el trabajo de recuperación de su bisnieto. El interés creciente por artistas técnicamente sólidos pero poco documentados señala que el mercado diversifica su universo coleccionable más allá de los nombres consagrados.












