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Michel Siffre, un joven científico francés, descendió en 1962 a una cueva glaciar ubicada en los Alpes Ligures con el objetivo de vivir aislado del mundo exterior para descubrir cómo funciona la percepción humana del tiempo. Durante casi dos meses permaneció bajo tierra, sin reloj, calendario ni luz solar. Cuando finalmente le avisaron que el experimento había terminado, creyó que todavía le quedaban varias semanas más en el lugar.
Con apenas 23 años en ese entonces, realizó uno de los experimentos más influyentes sobre los ritmos biológicos humanos. Lo que descubrió en aquel aislamiento extremo ayudó a cambiar la forma en que la ciencia entiende el reloj interno del cuerpo.
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Siffre ingresó a la cueva Scarasson el 16 de julio de 1962. El lugar, situado bajo un glaciar, presentaba temperaturas bajas, humedad constante y oscuridad total. Allí vivió completamente desconectado de cualquier referencia temporal.









