Por mucho tiempo, la representación común de exploradores prehistóricos moviéndose por cavernas sombrías con enormes antorchas de madera fue parte del imaginario colectivo. No obstante, un reciente estudio llevado a cabo en la cueva de Bàsura, ubicada en el noroeste de Italia, está impulsando una reevaluación de esta concepción.En lugar de cargar con voluminosas antorchas elaboradas con troncos o ramas gruesas, estos grupos de personas habrían empleado pequeñas ramas de pino, escogidas con precisión, para alumbrar su recorrido en la completa oscuridad. El estudio, divulgado en la revista Quaternary International, se integra en el proyecto multidisciplinario Bàsura Revisited y fusiona arqueobotánica, análisis de polen, dataciones radiocarbónicas y arqueología experimental para desentrañar un aspecto tanto común como enigmático de la existencia en el Paleolítico superior: la forma en que los humanos se iluminaban al explorar las profundidades cavernícolas.La caverna de Bàsura, localizada próxima a la población de Toirano, representa uno de los sitios arqueológicos más cautivadores del continente europeo. Dentro de ella se preservan huellas humanas fosilizadas, indicios de un cánido que acompañó a los individuos, marcas de carbón en muros y techos, y una notable concentración de vestigios de osos de las cavernas. Esta evidencia ha posibilitado a los investigadores recrear con una precisión asombrosa un suceso acontecido hace unos 14.000 años. Dicha expedición no fue una mera caminata.Los rastros indican que un reducido colectivo, compuesto por adultos y jóvenes, penetró cientos de metros en la cavidad hasta llegar a un área actualmente denominada Sala de los Misterios. El trayecto implicaba cruzar pasadizos angostos, secciones de baja altura y zonas totalmente oscuras donde la iluminación natural se extinguía por completo. La interrogante surgía de forma clara: ¿cómo lograron progresar con seguridad a través de un ambiente tan desafiante?Con el fin de resolver este enigma, los investigadores excavaron una pequeña sección dentro de la Sala de los Misterios. En ese lugar, hallaron decenas de minúsculos fragmentos de carbón vegetal vinculados a la ocupación humana paleolítica. Según el informe, se contabilizaron 56 vestigios carbonizados, de los cuales más del cincuenta por ciento correspondían a pinos del grupo Pinus sylvestris/mugo. Sin embargo, el descubrimiento más significativo surgió al examinar sus tamaños. La vasta mayoría provenía de ramas jóvenes de apenas dos o tres centímetros de grosor. Una fracción mínima correspondía a trozos de madera de mayor calibre. Este hallazgo contradijo directamente la visión convencional predominante desde mediados del siglo XX, que imaginaba a los exploradores portando grandes antorchas.Los estudios anatómicos de la madera revelaron una notable homogeneidad en los vestigios encontrados. No eran fragmentos dispersos por fenómenos naturales, sino un conjunto consistente relacionado con una acción humana específica. Los expertos también notaron un aspecto crucial: los carbones no presentaban indicios de madera en putrefacción. Esto implica que las ramas no fueron recolectadas del suelo forestal, sino cortadas directamente de árboles vivos y luego acondicionadas para su propósito. Aproximadamente hace 14.000 años, cinco individuos y un cánido se internaron en la penumbra total de la cueva de Bàsura, empleando pequeñas ramas de pino como su exclusiva fuente luminosa.El estudio no se restringió únicamente al análisis de los carbones. El equipo examinó igualmente muestras de polen preservadas en los sedimentos de la cueva para recrear el ambiente que rodeaba Bàsura durante las visitas de esos grupos humanos. Los hallazgos revelan un paisaje muy distinto al contemporáneo. La región estaba caracterizada por pinares dispersos junto a vastas extensiones de vegetación esteparia, adaptada a climas fríos y áridos. Especies como artemisas, cardos y otras plantas típicas de entornos abiertos eran comunes en el paisaje.Arqueólogos confirman que una "simple mancha" podría ser el arte rupestre más antiguo de Gran Bretaña. Conforme al estudio, el pino era el árbol dominante en las inmediaciones de la cueva, lo que justifica su elección como principal combustible para la iluminación. De manera interesante, parte de ese polen llegó al interior de la cavidad gracias a los osos de las cavernas. Los investigadores encontraron vestigios microscópicos incluso ligados a pelos fosilizados de estos animales, sugiriendo que funcionaron como transportadores accidentales de elementos vegetales desde el exterior. Este descubrimiento posibilita reconstruir no solo la actividad humana, sino también el ecosistema circundante a la cueva milenios antes de nuestra era.