Julio Hurtado 25/05/2026 17:20 Actualizado a 25/05/2026 17:27 Mujeres sin rostro... o más bien con el rostro oculto por los cabellos, velados por los vestidos o incluso tapados por una naturaleza muerta. La pintora polaca Ewa Juszkiewicz presenta una veintena de inquietantes retratos en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, desde este 26 de mayo hasta el próximo 6 de septiembre, que no dejarán indiferente al visitante.Nacida en 1984 en Gdansk, en cuya clasicista academia de bellas artes se formó, Juszkiewicz deconstruye la tradición del retrato femenino para denunciar la imagen estereotipada que la sociedad patriarcal ha ofrecido del rostro de la mujer. “Cuestiono la representación de la feminidad”, ha señalado la artista sobre la intención de su obra en la presentación de la muestra, la primera individual que realiza en un museo.Y a fe que la cuestiona, porque esta serie de 24 retratos en los que Juszkiewicz ha estado trabajando desde el 2013 hasta este 2026 resulta para el espectador tan inquietante como incluso “siniestra”, según la definición del director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, que es asimismo el comisario de la muestra.La “transformación radical” de los retratos históricos, sobre todo de los siglos XVIII y XIX en los que se inspira la artista, se inserta para Solana en la tradición del arte de apropiación, el mismo que llevó a la creación del collage en los años veinte de la pasada centuria o al pop art en los sesenta, pero Juszkiewicz da una vuelta de tuerca al apropiacionismo de los artistas neoconceptuales de los ochenta, cuya obra se basaba sobre todo en la fotografía, y asume el lenguaje pictórico para su propuesta.Y es esa mezcla de factura clásica, se diría que virtuosista, y rasgos contemporáneos como el gran formato de los óleos y la saturación del color lo que da ese aire desconcertante a la obra de Juszkiewicz, quien siempre se había interesado por las máscaras, ha relatado Solana. Hasta llegar a desfigurarlas completamente para anular el rostro humano en una “cancelación” que deconstruye todo el género del retrato.Ewa Juszkiewicz junto a una de sus obrasMuseo Thyssen“El resultado es terriblemente atractivo, incluso decorativo, y a la vez inquietante, en la tradición del surrealismo”, ha indicado el director artístico del Thyssen, para quien la obra de Juskiewicz representa un “proyectil” que “intimida” al espectador hasta el “shock”, por cuanto ataca las convenciones de la mirada masculina y patriarcal sobre la figura femenina y pone en solfa las normas del decoro y la belleza.Sin embargo, ha apuntado Solana, esta aparente “crueldad” ejercida sobre el rostro femenino, el único reducto de autenticidad, de individualidad, que la mujer conservaba en las épocas en las que había sido reducida a un “gigantesco bibelot” decorativo, no supone un atentado contra su personalidad, sino la denuncia de los absurdos convencionalismos del poder.Una de las obras de Ewa Juszkiewicz Museo ThyssenY en esta tesis ha abundado la propia artista, quien, tras reconocer la influencia de pintores surrealistas como Dalí o Magritte, pero también de la diseñadora Elsa Schiaparelli y de otros artistas como Oppenheim, ha explicado su método de trabajo: “Interpelo y deformo las obras en las que me baso para cuestionar la tradición y buscar un espacio de reflexión, una conversación nueva con el arte”, ha señalado Juszkiewicz. Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid
Los retratos de Ewa Juszkiewicz cuestionan la opresiva representación femenina en el Thyssen
La pintora polaca ofrece a través de una veintena de cuadros una mirada crítica sobre los cánones estéticos










