Las elecciones al Real Madrid son un buen ejemplo de que el fútbol es la industria de las pasiones. Sentirse identificado con unos colores genera un sentimiento de pertenencia a un colectivo que hace que te abraces con un auténtico desconocido sentado a tu lado en una final, como si fuera el hermano del alma, cuando tu equipo mete un gol. A su vez, provoca una animadversión irracional hacia el adversario deportivo, declarado enemigo cuando el balón echa a rodar. La pelota y el poder de este negocio dividen hasta a los más cercanos, hasta a las familias. En el partido que dirime quién presidirá el Real Madrid, como el equipo es el mismo, la rivalidad se está llevando a quién apoya a una u otra candidatura. A la de Florentino Pérez (79 años), el actual mandatario blanco, o la de Enrique Riquelme (37), el aspirante, que ya sabe que en la 'Champions' el juego sucio, los codazos y las patadas van a la yugular. Una batalla que ha llegado a una de las familias de abogados más ilustres de España, los Medina Cuadros, asesores habituales del presidente de ACS, por parte del padre, y del dueño de Cox Energy, por parte de uno de los hijos. Porque Manuel Medina González, de 81 años, es un íntimo amigo de Florentino Pérez. El ingeniero de Caminos le tiene gran estima y se ha apoyado en el jiennense para asuntos corporativos y familiares. Manolo, como se le conoce, es de trato encantador, siempre disponible para ayudar a cualquiera que necesita una mano, con independencia de su situación social, económica o política, como demostró cuando acogió en su casa a José Luis Ábalos cuando era ya un apestado. Es también muy próximo a Isidro Fainé, que a su vez es como el hermano mayor de Florentino Pérez, con el que ha compartido grandes negocios desde hace décadas. Se trata de esas pocas personas que, en el ambiente guerracivilista instalado en España, son capaces de reunir a políticos del PSOE y del PP sin que ninguno se tire los trastos a la cabeza. Manolo, que fundó su despacho hace casi 50 años tras hacer de policía por su pueblo natal en Villanueva del Arzobispo, incorporó poco a poco a sus cinco hijos al bufete. Uno de ellos, Antonio Medina Cuadros, es muy madridista, como el padre. Y hasta hace poco, también, muy florentinista. Hasta el punto de que es miembro por libre designación, es decir, por decisión del presidente blanco, del patronato de la Fundación Real Madrid, de la que ha sido vicepresidente ejecutivo. En su currículum también señala que ha sido secretario general y miembro de la junta directiva del club. Pero Antonio Medina es desde hace ya varios años al mismo tiempo secretario del consejo de administración de Cox Energy, la empresa de Riquelme, de la que es el responsable de los servicios jurídicos. Y desde este sábado vicepresidente de su candidatura. Una doble posición, un conflicto de interés evidente, que el hijo de Manolo resolvió el pasado jueves dimitiendo de la Fundación, según fuentes próximas al abogado licenciado en Icade. Porque, una vez que el joven alicantino ha dado el paso de desafiar a Florentino, de pelearle la presidencia, hasta los abogados de máxima reputación tienen que posicionarse y entrar al juego. Sucio hasta niveles impensables, con presiones por todos los lados, como las que la semana pasada descubrió Riquelme. Anas Laghrari, la mano derecha de Pérez, la persona a la que más escucha pese a no tener cargo oficial en el Real Madrid, el promotor de la exitosa Superliga, el que prometió fútbol gratis para los niños de África, difundió por tierra, mar y aire que el aspirante no se presentaría a las elecciones y que los bancos españoles le habían denegado el aval de 200 millones de euros. Riquelme, como le pasó a Ramón Calderón en 2006, ya intuía que no lo tendría fácil por esa vía por la influencia que ACS ejerce en los balances de determinadas entidades financieras, como Santander y BBVA. Sobre todo porque vio cómo Florentino Pérez, sí, el del Madrid, medió ante el Sabadell para que le dieran el aval a Joan Laporta, sí, el del Barça, sobre cuya solvencia tenían muchas dudas, para que el abogado catalán pudiera ganar aquellas elecciones de 2021. El ingeniero salvó ni más ni menos que al club que le ha robado al menos siete ligas, según declaró en su atribulada rueda de prensa. Por ello, Riquelme optó por buscar el cheque a través de dos bancos extranjeros, Scotiabank y Andbank, este último andorrano, pero con ficha bancaria en España. El partido no ha hecho más que empezar. En la 'Champions' del poder, los árbitros no pitan nada, dejan jugar y casi todo vale. Las elecciones al Real Madrid son un buen ejemplo de que el fútbol es la industria de las pasiones. Sentirse identificado con unos colores genera un sentimiento de pertenencia a un colectivo que hace que te abraces con un auténtico desconocido sentado a tu lado en una final, como si fuera el hermano del alma, cuando tu equipo mete un gol. A su vez, provoca una animadversión irracional hacia el adversario deportivo, declarado enemigo cuando el balón echa a rodar. La pelota y el poder de este negocio dividen hasta a los más cercanos, hasta a las familias.
La guerra sucia en el Real Madrid llega hasta las mejores familias de abogados
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