Para alguien que pasa más de ocho horas diarias frente una pantalla, estar cómodo es una cuestión de salud más que de preferencia. La silla de trabajo es, con diferencia, el objeto con el que más contacto físico tengo a lo largo del día, más que el sofá, más que la cama. Al principio, asumía que el dolor de espalda al final de la jornada era inevitable, algo que venía con el trabajo sedentario y con lo que había que convivir. Pero con el tiempo he aprendido que es algo que puede cesar si sabes cómo.
Es en este punto donde entran en juego las sillas ergonómicas. O, mejor dicho, la Sihoo Doro C300 Pro V2, que acaba de aterrizar en el mercado. Se trata del modelo más avanzado de la firma, que lleva más de quince años trabajando exclusivamente en ergonomía. La principal diferencia con respecto al resto de modelos del mercado es que cuenta con un sistema de soporte diseñado para seguir al cuerpo en movimiento.
En mis 10 años de trayectoria profesional he podido comprobar que la mayoría de sillas ergonómicas están pensadas para quedarse quieto, plantado en el lugar de trabajo. El problema es que nadie se queda quieto. Uno se inclina hacia la pantalla, se recuesta un momento, cruza los brazos, gira el cuerpo para hablar con alguien…








