El fotógrafo Chema Madoz reúne sus más recientes fotografías en la Galería Elvira González hasta el 10 de julioLa Galería Elvira González sirve una vez más de refugio y alojamiento para la gran fotografía. En el marco del Festival PHotoESPAÑA 2026, se abre a una nueva selección de instantáneas de Chema Madoz (Madrid, 1958), un habitual de este recinto, en la que se agrupan creaciones fechadas en los últimos años. Aproximadamente treinta fotografías en las que reconocemos inmediatamente la pureza conceptual y estilística del artista, esa visión alternativa de la realidad, cuando no de su envés, que permite despertar conexiones ocultas y destellos de refinado humor. "Son imágenes que tienen que ver con la paradoja, la metáfora y los contrasentidos. Ese vínculo entre elementos sirve como detonante para pasar al otro lado de la realidad", según explica Madoz.Sus imágenes poseen una fuerza que, según el artista, se basa en el concepto que subyace tras ellas, "buscando que plásticamente o formalmente la imagen tenga un cierto atractivo, que se sustente por sí misma". Siempre empleando el blanco y negro como campo de juego, así argumenta Madoz su decisión radical: "el blanco y negro me permite llevar la imagen al territorio de la imaginación, del ensueño, marcar distancia con la realidad. El espectador y yo mismo nos hacemos conscientes de que estamos ante una representación, una reelaboración de algo que está en nuestra cabeza".20minutos recorre con Chema Madoz la galería, comprobando que el ambiente de blancura inmaculada parece dar continuidad a sus composiciones. "Es un espacio muy neutro que sirve para poner de relieve la obra y no fijar la atención en la propia arquitectura", reconoce el fotógrafo. Nos adentramos en un universo de objetos que aparecen aislados de su entorno habitual, flotando y relacionándose entre ellos hasta ofrecer una nueva perspectiva; un catálogo de significados que apuntan hacia la contradicción más estimulante.Madoz emplea los objetos como un poeta utiliza las palabras. "Es una buena definición. Entiendo la palabra y el objeto como dos elementos muy cercanos. Cada uno de ellos arrastra ideas, conceptos, lecturas, ecos que están relacionados con ellas mismas. Al tocar esos objetos puedes producir una resonancia que te trae los ecos o las imágenes latentes detrás de cada uno de ellos". Esa búsqueda deja aflorar apuntes casi surrealistas y, en cierto modo, supone un ejercicio de transparencia del artista; un público despojamiento de todo velo para mostrar parte de sus obsesiones y conexiones neuronales.Los objetos parecen cesar de la funcionalidad para la que fueron concebidos y, de repente, adquieren una nueva entidad. "Descontextualizar los objetos, aislarlos, llevarlos a un terreno donde no estén esclavizados por su propia función, nos permite verlos de manera distinta, como en libertad", nos explica Madoz. "Se enriquece la mirada, tanto del espectador como la mía".Sus exploraciones por mercadillos callejeros nutren ese particular universo fotográfico con elementos para los que ya buscará más adelante el aprovechamiento. Así reconoce que le llamó tanto la atención esa cornamenta que aparece en una de sus fotografías de gran formato. No se pudo resistir y la compró, para después visualizar esas ondas que convierten cada cuerno en una antena emisora; igual sucedió con ese mapa holandés de los años cincuenta, sobre el que halló más tarde la conexión con una jaula que parece impresa sobre el mismo. "Se juega con la sensación de que, o bien los pájaros han escapado de la jaula, o están destinados a acabar enjaulados. Son posibilidades de diferentes lecturas".En la obra del madrileño hay una componente lúdica que atraviesa sus creaciones; el recuerdo del juego, como en esos jarrones dispuestos en formación de bolera; en ese naipe donde unas cometas crean el as de diamantes; o en una imposible mesa de ping pong para cuatro contrincantes.Enlazado con ese carácter juguetón se despierta la mirada hacia la infancia, una nostalgia por el mundo de la escuela y todo lo que disponíamos encima del pupitre. Las virutas de un sacapuntas forman unos claveles de los que nunca sabremos el color. "Es una evocación a través del juego, que es la primera actividad para aprender a manejarnos en este mundo. Luego hay una alusión a elementos que han tenido que ver con ese proceso, de cuando estudiábamos en la escuela: las figuras geométricas, el papel milimetrado…".Entre los referentes empleados en esta muestra, llama la atención encontrar varias fotografías pobladas por mariposas, unos insectos proclives a ser trasladados a dos dimensiones. "A veces, vas trabajando desde la intuición sin tener conciencia clara de hacia dónde vas, y cuando echas la mirada atrás te das cuenta de la insistencia en algunos temas". La sorpresa se plasma en esa cáscara de huevo de la que parece haber surgido una mariposa de manera mágica o en aquellas que sostienen un pañuelo tendido.El minucioso trabajo en el estudio se ha convertido en un refugio calmado donde desarrollar sus investigaciones fotográficas. "Siempre me ha gustado el estudio, y trabajar con objetos me ha permitido hacerlo en la intimidad, como el escritor que se mete en su despacho. Esto me permite pautar y llevar ese ritmo de trabajo que se aproxima más a mi forma de entender la fotografía".La exposición desemboca en la sala más reducida de la galería, donde Madoz echa un vistazo al paso del tiempo y, finalmente, a la muerte, aunque siempre con la distancia que le caracteriza. Algunas calaveras muestran una sonrisa que no resulta tan siniestra. "Una de ellas, con más sentido del humor, evoca el principio de la vida con una calavera volteada que parece un huevo. Es el origen y el final". En cuanto al uso del humor, reconoce que no es algo que persiga: "no trato de hacer imágenes que empujen a la sonrisa y mucho menos a una carcajada, más bien suscitan una cierta complicidad".En esa misma sala, una araña parece enredada en su propia tela. "Esa imagen viene a recoger el lío que a veces lleva uno mismo. Es una especie de autorretrato, porque me lío con facilidad", reconoce con humor. Es el final de este recorrido junto a uno de nuestros más audaces fotógrafos, un artista que es capaz de sorprendernos en cada uno de sus poemas visuales, de mostrarnos la otra cara de lo visible, siempre con sutileza e inteligencia, bajo una exquisita factura.
Chema Madoz, arte fotográfico en blanco y negro: "Llevo los objetos a un terreno donde no estén esclavizados por su función"
El fotógrafo Chema Madoz reúne sus más recientes fotografías en la Galería Elvira González hasta el 10 de julio
Chema Madoz exhibe unas treinta fotografías en blanco y negro en la Galería Elvira González (Madrid) hasta el 10 de julio, dentro del Festival PHotoESPAÑA 2026. Sus imágenes descontextualizan objetos cotidianos para revelar paradojas y conexiones ocultas, liberándolos de su función original mediante una metodología conceptual rigurosa y con distancia poética.












