Desenfocado, que llega al CaixaFòrum Barcelona (hasta el 27 de septiembre) tras verse en el de Madrid, es sin duda una exposición para frotarse los ojos, no sólo por el asombro que provocan algunas obras que son un canto a lo borroso, lo impreciso y la “foto fallida”, sino por la sensación incómoda que tienes durante todo el recorrido de que no estás viendo bien. Y de eso se trata: de generar esa duda, ese desequilibrio y esa molestia en la mirada como forma de que te replantees y cuestiones las nociones sobre arte y representación de la realidad. La muestra, resultado de la colaboración entre el Musée d’Orsay, el de l’Orangerie (donde también ha podido verse) y la Fundación La Caixa, se compone de 77 obras de 58 artistas seleccionadas porque “exploran la poesía del desenfoque como elección estética”, e incluye formatos muy diversos —pintura, obra gráfica, escultura, fotografía y vídeo—. Cada visitante se sentirá sorprendido, conmovido o aludido por obras distintas, pero entre las que pueden verse (más o menos) figuran algunas que difícilmente dejarán a alguien indiferente, como ese cegador estallido de luz que es el cuadro de Turner The harbour of Brest: the quayside and château, que se ha incorporado a la exposición en Barcelona procedente de la Tate y ante el que te preguntas dónde diablos están el dichoso puerto de Brest, el muelle y el castillo; el Estanque de nenúfares, armonía rosa, de Monet; la bellísima imagen de desenfoque empastelado de una joven con vestido azul (Seis segundos, de Alfredo Jar), que es uno de los iconos de la exposición; la secuencia de 28 minutos de puro espejismo con dos motoristas fantasmagóricos filmada en vídeo por Bill Viola en el lago de sal tunecino de Chott el-Djerid, reverberante de luz y calor; la huella evanescente de la biblioteca quemada de Claudio Parmiggiani (Polvo, 1998) o la foto escalofriante de Krzystof Pruszkowski que superpone quince torres de vigilancia del campo de exterminio nazi de Majdanek y que parece vibrar en la retina como un kadish de duelo visual. En las fronteras de lo visible, La erosión de las certezas y Elogio de la indefinición son algunas de las elocuentes etapas o ámbitos temáticos por los que se desplaza el visitante, a menudo tratando de discernir lo que ve, forzando los ojos y la imaginación, y que agrupan obras de artistas como, además de los ya citados, Giacometti (y la reflexión de Sugimoto sobre su L’homme qui marche), Rothko, Boltanski (con otra emotiva referencia a la Shoah: niños judíos que literalmente desaparecen ante nuestra mirada (La escuela de la Grosse Hamburger Strasse, 2005), Nan Goldin, Yves Klein, Pedro Romero (Sodoma y Gomorra, con la alusión a las víctimas de Hiroshima y Nagasaki convertidas en impronta difusa sobre una pared) o Julia Margaret Cameron, de la que se exhibe un retrato, Maud (1875) -interpretación visual del poema de Tennyson (“Come into the garden, Maud,/ I am here at the gate alone”)-, tan difuso como bello. “Desenfocado invita a mirar con más calma de lo habitual, con atención y en libertad”, sintetizó en la presentación de la muestra Mireia Domingo, directora del CaixaForum Barcelona, en el que la exposición tiene una nueva puesta en escena con respecto a la de Madrid y ha visto aumentadas las obras que la componen. “¿Y si las imágenes borrosas no fueran un error sino otra manera de ver la realidad?”, continuó Domingo. El recorrido, que incluye imágenes científicas que muestran microorganismos, tomas astronómicas, radiografías, emulsiones o superficies planetarias convertidas en panorámicas abstractas, arranca con un cubo transparente (de Hans Haacke, préstamo del Macba) velado progresivamente por la condensación que provoca la humedad de los cuerpos de los propios visitantes. Y, tras mostrar, después de la estética, “la dimensión política del desenfoque”, acaba con un espacio en el que puedes recostarte para observar con gafas manipuladas o coloreadas un cielo que se transforma y distorsiona. “Toda la visita es una invitación a cambiar la mirada para asomarnos a lo difuso, lo imprevisto, lo inacabado”. Entre los más impresionante, la imagen a través de la mira de un francotirador en Irak, instantáneas familiares borrosas en las que los retratados se convierten en fantasmas. Para Claire Bernardi, directora del Musée de l’Orangerie y comisaria, “esta tercera parada de la exposición, tras París y Madrid, es la mejor del proyecto, gracias a los préstamos maravilllosos que ha incorporado, el díalogo de las obras originales con las que se han sumado de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación La Caixa, y el espacio del centro barcelonés. El punto fuerte de la exposición, insistió “es aprender a mirar de nuevo”, afrontando y sublimando “el malestar” que provocan algunas obras “incómodas de mirar” que requieren bajar el ritmo y armarse de paciencia. Se agradece en las salas la inclusión de frases que ayudan a guiar el proceso perceptivo. Como la de Bachelard, de El aire y los sueños: “El valor de una imagen se mide por la dimensión de su aureola imaginaria, dicho de otra manera: la imagen estable y acabada corta las alas de la imaginación”. O la de Gaëtan Picon (L’oeil double): “La imagen no es más que un cristal sobre el que se deposita el aliento del tiempo”. Para la co-comisaria Emilia Philippot, que destacó que en la historia del arte nunca se ha explorado el arte desenfocado, “la propia indeterminación de lo desenfocado es su fortaleza”. Y continuó: “Lo desenfocado se traduce en porosidad, inestabilidad, niebla visual”, y obliga a adoptar una actitud de humildad en la forma de posicionarse ante el mundo”. Destacó la sección central de la muestra, en la que aparecen tragedias del siglo XX y artistas que empezaron a desenfocar como única manera de afrontar una realidad demasiado cruel. También el moderno cuestionamiento de la identidad personal, dijo, aboca a una representación que solo puede plasmarse con contornos difusos (Ma vie en flou, de Sébastien Lifshitz, coleccionista de fotos fallidas con su desenfoque involuntario, “brutal y poético”).Una exposición para recorrer bajo la advocación de la pregunta de Wittgenstein que la acompaña (y sin gafas): “¿Puede reemplazarse con ventaja una figura difusa por una nítida? ¿No es a menudo la difusa lo que justamente necesitamos?”.
‘Desenfocado’: Una exposición para frotarse los ojos
La muestra, con una serie de obras que exploran lo borroso en el arte moderno, invita a mirar de otra manera en CaixaFòrum Barcelona











