El disfrute de los colores, la luz, el movimiento así tabajó Julio Le Parc. (galería Albarrán Bourdais)Oscuridad, lucecitas que se mueven, un efecto por el que tu cuerpo parece descomponerse en muchos fragmentos, bolas hechas con pedacitos de acrílico colorido, como la que recibe al público en el exCCK, hoy Palacio Libertad. Esas cosas llevaba a los museos Julio Le Parc, el artista argentino que murió este sábado. No estoy segura de que a todo el mundo eso le pareciera gran arte.No estoy segura de que le gustaran estos juegos a quienes creen que el arte es cosa seria, para entendidos, para mirar con la mano en la pera. Julio Le Parc, hoy despedido con uno de los grandes artistas contemporáneas, militó toda su vida un arte que llegara directo, que se disfrutara, que, simplemente, le diera un rato de felicidad a quien se exponía a él. PUBLICIDAD“Alegría, sorpresa, emoción, son cosas que también se sienten en la Montaña Rusa”, le dijeron una vez para provocarlo. No se dejó apurar: “Sí, son muy interesantes esos juegos de parque de atracciones, provocan un despertar de las sensaciones, no se los puede dejar de lado”.Eso del arte para todo el mundo -“todos tienen ojos”, supo decir- era una posición estética pero, sobre todo, era posición política. No hay que dejarse engañar, otra vez, por los juegos de luces, no hay que creer que son banalidades: Le Parc lo hacía porque entendía que así democratizaba la experiencia del arte, aunque dijera que la palabra”democratizar" era demasiado grande y se riera de cualquier intento de definirlo con grandilocuencia.PUBLICIDADLe Parc juego con una de sus instalaciones.Le Parc murió hoy en París, donde vivía desde 195. Ahí fue parte del GRAV (Grupo de Investigación en Artes Visuales), que en 1966 ganó el Primer Premio de la Bienal de Venecia. (nada menos). Sin embargo en 1968 lo expulsaron de Francia –por unos meses– porque estabar en los talleres que hacían los afiches del Mayo Francés.Alguna vez explicó la conexión entre sus lucecitas, sus figuras que se mueven, y sus ideas políticas. “A fines de los ‘50, el arte que estaba de moda era hermético. La pintura abstracta, por ejemplo. Había un divorcio entre el público y lo que se producía. Era un arte que creaba una sensación de pasividad en la gente y, muchas veces, un rechazo. Quisimos ver, entonces, cómo intervenir sin caer en la denuncia a través de la figuración, lo que en ese momento hacían Berni o Castagnino. Queríamos establecer un contrato con la gente respetando la personalidad de cada uno“.PUBLICIDAD¿Y entonces? ¿Cómo hacerlo? “Ojos tiene todo el mundo”, dijo (fue ahí cuando lo dijo). “Y una vez que se establece una relación, que se le reconoce la libertad, la gente encuentra su mirada.” Y ahí vino el contacto entre la belleza y la política: “La belleza ya es política sin proponérselo porque crea en el que asiste una confianza en él mismo, una alegría, una sorpresa, y esa sorpresa te hace sentir vivo. Eso es mucho más político que un cuadro con figuras denunciando la miseria del mundo“.Las lámparas de Julio Le Parc.Lo decía, lo repetía: que el arte sirviera para sentirse mejor en la vida cotidiana. Que el arte SIRVIERA, hay que tener coraje para tener esa idea cuando se supone que una de las cosas buenas del arte es su independencia respecto de la utilidad, su libertad de ser inútil.PUBLICIDADEn 2014 presentó una gran muestra en el Malba, en 2019 otra, en lo que era el CCK. Se entraba a un ambiente oscuro, se iba de pieza en pieza, se miraba, se experimentaba. Todo era, cómo decirlo, mecánico. No había grandes proezas tecnológicas. Más bien saber dónde ubicar una lamparita para que el efecto sea este y no aquel. Eso, que había empezado como necesidad -no tenía plata para otra cosa- se había vuelto virtud: a medida que pasaron los años, Le Parc había visto que la potencia de lo técnico suele encandilar y terminar por ocultar la propuesta del artista. “Uno no ve más que los medios”, decía. Sencillo, analógico. Un señor nacido en 1928, capaz de pensar los cambios pero también de no correr detrás de ellos.Luz, oscuridad, movimiento: Julio Le Parc en acción“Fui experimentando con la lamparita de la cocina, después con pequeñas linternas”, contó. “Prendés una lamparita, ves un círculo y decís: ‘¿Qué pasa si la pongo más lejos, si en vez de vertical la pongo inclinada, si en vez de una pongo dos?’ Así vas encontrando lo que buscás".PUBLICIDADFue artista, vivió del arte, vendió su arte. Y, sin embargo, siguió mirando con actitud crítica -con desconfianza, digámolso claro-, el papel del mercado. Que una obra de arte no se entienda, decía, la pone lejos del público. Es decir, la deja en manos de otros. “En las instituciones oficiales no existen situaciones donde el público pueda hacer valorizaciones, para que la producción contemporánea no quede en manos del que tiene dinero para comprarla y al comprarla le da valor de mercadería”, reflexionaba.Arte para todo el que tenga ojos, arte correrse un momento de la alienación y ser un poco más felices. Eso era Le Parc, una forma de revolución.PUBLICIDAD
Ojo con Julio Le Parc: parecen juegos de luces pero es una forma de hacer política
El artista mendocino, que murió este sábado, dedicó su vida en hacer arte para todo el que tuviera ojos, sin precisar de los expertos











