Alfred Hitchcock destruyó para siempre dos términos que, hoy, usamos mal por su culpa. El primero es “vértigo”, ya que el protagonista de la película homónima no lo padecía. En su lugar, el miedo exacerbado a las alturas se denomina acrofobia. Pero Acrofobia como título le daría, a más de un productor, cierto vértigo.La otra palabra es Psicosis. Norman Bates (esperamos que no lo consideres “spoiler) no era un psicópata, sino uno sociópata, ya que su comportamiento estaba condicionado por la traumática relación con su madre. Por eso, el filósofo y escritor Rafael Narbona ha aludido, en una entrevista para el canal de Youtube @Josecineyliteratura, a Psicosis como una película que “hizo mucho daño” a los que padecían un brote psicótico, porque los estigmatizaba. Algo que no hacía Alguien voló sobre el nido del cuco.Un clásico “pesimista” con “final esperanzador”Rafael Narbona se ha desecho en elogios hacia la película de Milos Forman. Pero no necesariamente cinematográficos (lo cual no sería noticia), sino ideológicos. En su opinión, Alguien voló sobre el nido del cuco “dignifica al enfermo mental” pese a que la suerte de varios de los ingresados en el carcelario hospital psiquiátrico sea atroz.El escritor y filósofo se fija especialmente en el desenlace (de nuevo, el tiempo de “spoilers” ya ha prescrito: ¡Hasta sale en Los Simpson!), en el que el personaje de Jack Nicholson es sometido a una lobotomía. Tal tratamiento no se le ha aplicado por motivos médicos, sino como venganza por su ataque a la enfermera jefe, a la que acusa (y no sin razón) del suicidio de uno de los pacientes.Nicholson había interpretado a un rebelde con causa capaz de poner en pie de guerra (y hacer medianamente felices) a los enfermos del hospital. Por eso, se convierte en el antagonista del personaje encarnado por la oscarizada Louise Fletcher. También, en el sorpresivo aliado del montañoso nativo americano, a priori mudo, que decide confesarse con él: su mudez es fingida. Simplemente no quiere hablar.Por eso, al ver el estado en el que ha quedado el personaje de Nicholson cuando le practican una lobotomía al final de la película, el gigantesco indio lo asfixia con una almohada y huye del hospital, rompiendo el cristal tras atravesar la ventana con una pesada fuente que levanta a peso. Ausentémonos por un momento de la grandeza cinematográfica de este final, con la banda sonora de Jack Nitzsche incluida: para Narbona, este desenlace es pesimista, pero también da lugar a la esperanza, ya que muestra, como toda la película, que los enfermos mentales no son seres que deban rehuirse como el peligroso Norman Bates, sino seres humanos con los que podemos y debemos identificarnos.
Rafael Narbona, filósofo, ensalza este clásico de Hollywood: "Dignifica al enfermo mental"
El enfermo mental ha sido objeto de estigmatización desde el cine y la literatura, cosa que no ocurre en este caso.







