La vacuna —o vacunas, porque hay varias— para la prevención de la infección por el virus de papiloma humano (VPH) sí son seguras y la evidencia es muy sólida tanto para la seguridad como para la eficacia. ¿Y cómo sabemos que son seguras y eficaces?

Primero porque las vacunas, todas, antes de comenzar a utilizarse entre la población se prueban en un procedimiento que se llama ensayo clínico que es un estudio médico controlado realizado en personas voluntarias. En estos ensayos clínicos se evalúa la seguridad de una forma muy rigurosa, primero con decenas, luego con cientos y después con miles de personas vacunadas. Los ensayos clínicos realizados con las vacunas contra el VPH demostraron que la vacuna era segura. La Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó una revisión sistemática en la que analizó datos de más de 70.000 personas que habían participado en ensayos clínicos. La conclusión de esta revisión es que no se había visto un aumento de efectos adversos graves asociados a la vacuna.

Pero, además, una vez que las vacunas han sido implementadas en los sistemas sanitarios, sigue la observación de su seguridad en la población vacunada. Según datos de la OMS y la Alianza Global para las Vacunas e Inmunización (GAVI, por sus siglas en inglés) desde 2006 que es el año en el que se registró la primera vacuna para la prevención del VPH se han distribuido más de 200 millones de dosis en todo el mundo, más de 60 millones de niñas han sido vacunadas en países de rentas medias y bajas. Y no se ha observado un mayor riesgo de efectos adversos asociados a su administración. Esto es lo que dice la experiencia.