El ascenso de Carlos Eduardo Espina comenzó durante la pandemia, cuando empezó a publicar en TikTok videos en español explicando con un estilo desenfadado temas de inmigración y política dirigidos a los hispanos en Estados Unidos. Desde ahí se hizo de millones de seguidores repartidos en distintas plataformas digitales y no tardó en captar la atención de políticos interesados en conectar con su audiencia. En los últimos meses ha publicado videos en los que elogia las propuestas del candidato a gobernador de California Tom Steyer y otros en los que lo acompaña en actos proselitistas —entre selfies, saludos a simpatizantes y música de reguetón— en Los Ángeles y San Diego. Finalmente, el joven nacido en Uruguay pero criado en Estados Unidos apareció en un video con un anuncio que explicaba el nuevo protagonismo de Steyer en su contenido: “Tengo un nuevo trabajo… He sido contratado por el señor Tom Steyer”. Por 400.000 dólares, había monetizado su respaldo al multimillonario candidato a la gubernatura de California. Este caso alimenta la creciente controversia sobre el uso de influencers en campañas políticas para transmitir al electorado joven la impresión de que sus respaldos son “orgánicos” y obedecen a convicciones personales, sin exponer de manera transparente que detrás existe una compensación económica. Se trata de un fenómeno relativamente nuevo, frente al cual la legislación avanza con rezago. No fue sino hasta 2024 cuando en California y Texas entraron en vigor leyes que obligan a los creadores a revelar si sus publicaciones fueron financiadas por un candidato o una campaña. A nivel federal, en cambio, organismos como la Comisión Federal Electoral (FEC) y la Comisión Federal de Comercio (FTC) siguen operando con marcos regulatorios antiguos que no aplican para redes sociales, ni para publicidad política.Un reportaje del diario The New York Times puso bajo escrutinio un pago inicial de 100.000 dólares que Steyer le dio al influencer. Más tarde, él mismo reveló en aquel video que esperaba cobrar un total de 400.000 dólares, una cifra que fue confirmada a este medio por la campaña del multimillonario. “No todo se ha pagado todavía, pero lo digo transparentemente para que luego no vengan diciendo: ay, que no sé qué y no sé cuánto”, declaró el Espina. A las influencers californianas Beatrice Gomberg y Kaitlyn Hennessy no les sorprendió que Carlos Eduardo Espina terminara sumándose a la campaña de Steyer. Llevaban varias semanas escudriñando los registros de gastos del demócrata y habían detectado que decenas de influencers figuraban en su nómina. Algunos cobraron sumas tan bajas como 10 dólares por video, otros recibieron pagos de 1.000 dólares y hubo quien se llevó un cheque de 10.000 dólares. Espina, sin embargo, destacaba con un salario de seis cifras.“Carlos Espina es el pico de un intento de Tom Steyer de cambiar el panorama de las redes sociales”, dice Hennessy, en una entrevista telefónica con EL PAÍS. “Él ha contratado a minorías, mayormente a mujeres que viven fuera de California, a quienes les paga 10 dólares por video, por debajo del salario mínimo del Estado, básicamente explotándolas, para que hagan contenido y para que los hispanos y los afroamericanos lo quieran y voten por él”, agregó.Los hallazgos de Gomberg y Hennessy, reunidos en un informe de 24 páginas, forman ahora parte de una investigación más amplia abierta hace unos días por la Comisión de Prácticas Políticas Justas (FPPC), el organismo del Gobierno de California encargado de vigilar la ética electoral. La acusación sostiene que muchos de esos videos, incluyendo los de Espina, habrían incumplido la legislación estatal al no identificar de manera clara que se trataba de contenido pagado por la campaña de Steyer. Esta controversia se desarrolla mientras los candidatos afinan sus estrategias rumbo a las elecciones primarias para gobernador de California del 2 de junio. Tras perder impulso y descender al tercer lugar en las encuestas más recientes, Steyer intenta recortar distancia y arrebatar el liderato a Xavier Becerra, excongresista y exsecretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos durante la Administración de Joe Biden. Bajo el sistema electoral californiano, solo los dos aspirantes más votados, sin importar su partido, avanzan a la elección general de noviembre.El caso de EspinaCarlos Eduardo Espina no fue elegido al azar por el equipo de Tom Steyer: el joven de 27 años tiene alrededor de 23 millones de seguidores en TikTok, Instagram, YouTube y Facebook. El Pew Research Center lo considera uno de los influencers de noticias más populares del país, al lado de Tucker Carlson y Joe Rogan. Se ha hecho famoso hablando frente a la cámara sobre temas de alto interés como inmigración, derechos civiles, política y elecciones. Su crecimiento fue acelerado. Uno de sus primeros videos virales lo publicó hace cinco años, cuando aún era estudiante universitario, explicando paso a paso cómo obtener la ciudadanía estadounidense. Desde entonces, su combinación de activismo, divulgación y lenguaje accesible lo ha llevado a ser descrito como una suerte de “Telemundo de una sola persona”, pero en redes sociales.Su decisión de respaldar a Steyer generó preguntas dentro de su propia audiencia, especialmente frente a la existencia de dos aspirantes hispanos. En redes sociales fue objeto de críticas y descalificaciones. Le llamaron “vendido” y “chayotero”. En su primer video sobre el tema, Espina explicó que conoció al candidato multimillonario a través de un congresista demócrata y que había aceptado ser su “asesor político” en asuntos relacionados con la comunidad hispana. El pago inicial de 100.000 dólares se conoció posteriormente, tras ser revelado por un reportaje del Times. Según registros de gastos de campaña, el dinero fue canalizado a través de una empresa vinculada al influencer bajo el concepto de “asesoramiento estratégico y representación de campaña”.Lejos de esquivar la polémica, Espina ha tratado de capitalizarla a su manera. En un video aseguró que lo atacaba “gente mierda” que no valoraba las donaciones de “más de tres millones de dólares” que supuestamente ha hecho en beneficio de distintas personas. En otra publicación dijo en tono irónico que había “aprendido mi lección” y por eso en la próxima campaña electoral “voy a pedir más” dinero. Luego soltó una carcajada que sonó actuada. “¿Qué tiene de malo que me paguen para asesorar a alguien que yo creo es una gran persona y que podría ser un gran gobernador?”, señaló en otra de sus respuestas. “Yo digo que está chingón, que está de a madres, que está buenísimo”.En una declaración para este artículo, Kevin Liao, portavoz de la campaña de Steyer, rechazó que el pago no hubiera sido transparente, al señalar que fue debidamente reportado en los gastos del candidato. “Carlos es una parte invaluable de nuestro equipo en su calidad de asesor estratégico para la movilización latina”, afirmó. “Pocas personas igualan su conexión con la comunidad latina, y Tom se enorgullece de tenerlo en el equipo”. Según explicó Liao, ya que Espina no fue contratado como creador de contenido, cualquier publicación suya sobre la contienda electoral “es por iniciativa propia” y no debería ser catalogada como un anuncio político pagado.La activista Patty Chávez considera que el caso deja una lección para los votantes: la necesidad de verificar de manera independiente la información que consumen en redes sociales. “Hay una gran diferencia entre apoyar a un candidato porque se alinea con tus ideales y valores, y hacerlo porque te están pagando”, apunta.Los influencers que cobran 10 dólaresHasta la publicación de este reportaje seguía activo un portal de contratación de influencers operado por la campaña de Steyer. La oferta consistía en la producción de entre uno y tres videos diarios para TikTok e Instagram durante mayo y junio, a cambio de una tarifa fija mensual de 1.000 dólares. A ello se sumaban incentivos escalonados según el alcance del contenido: 75 dólares adicionales al superar las 100.000 reproducciones; $125 si llegaba a 250.000; $300 al alcanzar el medio millón; $500 al superar el millón; y hasta $1.000 extra si el video rebasaba los cinco millones de visualizaciones.El sitio incluye tres videos “de ejemplo”, en los que supuestos usuarios espontáneos manifestaban su apoyo al multimillonario y criticaban a su principal rival demócrata, Xavier Becerra. Al final de la oferta se indicaba la obligación de revelar que el contenido estaba patrocinado. Sin embargo, no queda claro si el equipo de Steyer supervisa de forma efectiva el cumplimiento de esa exigencia.Antes del caso de Espina, la campaña ya había enfrentado controversia por un video publicado en marzo por el influencer Isaiah “Zay Dante” Washington, con 1,8 millones de seguidores en TikTok. En la pieza, una entrevista con Steyer, no se especificó que el creador había recibido 10.000 dólares por su participación. El video fue eliminado posteriormente, aunque el pago figura en los registros financieros de la campaña. El incidente también está bajo revisión de la Comisión de Prácticas Políticas Justas.Otro creador de contenido que aceptó un pago de Steyer es Jason Chu, con alrededor de 135.000 seguidores en Instagram y TikTok. En un video difundido en febrero, analizaba la trayectoria del demócrata, desde su fortuna construida con inversiones en cárceles privadas, la industria del tabaco y los combustibles fósiles, hasta su transformación —según decía— en un progresista comprometido con el medio ambiente y las causas sociales. “¿Son los multimillonarios malvados?”, plantea Chu en la publicación. En ese tiempo, de acuerdo con el diario Washington Post, Chu no habría declarado que recibió 2.000 dólares por trabajos de “comunicaciones en línea” a través de un contratista vinculado a la campaña.Según las influencers que han investigado estas prácticas, Beatrice Gomberg y Kaitlyn Hennessy, la estrategia digital de Steyer se articula en cuatro niveles: primero, el reclutamiento de influencers de gran alcance, como Carlos Eduardo Espina; segundo, la contratación de creadores con audiencias medianas, de hasta 10.000 seguidores; tercero, pagos de alrededor de 10 dólares por video a creadores con menor audiencia y en situación económica vulnerable; y cuarto, la difusión de memes y clips humorísticos a través de múltiples cuentas en Instagram, Facebook y TikTok.“Es publicidad pagada muy evidente que se ha distribuido en más de cien cuentas administradas desde fuera del país. Sin embargo, en ningún video se menciona que es contenido patrocinado”, señaló Gomberg en referencia a la última táctica, en entrevista con EL PAÍS. “La gente debería saber si alguien está trabajando para Tom Steyer”.El portavoz de la campaña, Kevin Liao, declinó proporcionar una lista de influencers contratados y aseguró que el apoyo de los creadores es genuino. “Nuestra campaña nunca ha pagado por respaldos”, afirmó en el comunicado enviado a este medio. “Los creadores deben ser compensados por su tiempo y su trabajo, como cualquier otro profesional. Somos transparentes, a diferencia de otras campañas”.Otros tienen una imagen muy diferente. “Estoy horrorizada por su integridad ética”, dice Gomberg.*Con información de Carla Gloria Colomé