Europa como una “Unión geopolítica”. Este ha sido el mantra que Ursula von der Leyen ha venido repitiendo desde que tomó las riendas de la Comisión Europea en 2019. Su idea es que la UE ha de llevar a cabo una política exterior más activa e independiente.No obstante, en la era actual del hombre fuerte con Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Xi Jinping en China y Vladimir Putin en Rusia a la cabeza, la UE tiene una potente baza que jugar para obtener mayor influencia a nivel mundial: la humildad como arma geopolítica.A finales del siglo pasado y comienzos de este, la Unión Europea se presentaba ante el mundo como un modelo de cooperación entre Estados, una gran potencia económica y el líder mundial en defensa de los valores (supuestamente) universales. Esta visión de sí misma no siempre fue aceptada por países situados en regiones más volátiles que Europa, como pueden ser el Magreb, Oriente Medio o Asia Oriental. Pero era una visión dentro de lo que cabe defendible en una época en la cual la democracia estaba en plena expansión, la Organización Mundial del Comercio (OMC) sustentaba el proceso de globalización económica y las Naciones Unidas mantenían viva la llama de la cooperación internacional.Este mundo ha pasado a mejor vida. De hecho, Estados Unidos y China acaban de reabrir la idea de compartir el liderazgo de la política, seguridad y economía globales a través del llamado “G-2″. Y haya G-2 o no, está claro que el uso del músculo militar es más importante a día de hoy que en cualquier otro momento desde el final de la Guerra Fría.La UE no formaría parte del G-2 ni tiene un ejército a su disposición. Su baja tasa de crecimiento y su papel secundario en sectores tecnológicos punteros, además, la están alejando de la puja por el liderazgo económico que mantienen Estados Unidos y China. Es por ello por lo que la Unión tiene que trabajar con otros países desde la humildad.Quiere esto decir que la UE ha de verse a sí misma no como un líder o ejemplo a seguir por otros países, sino como una más entre pares. Evidentemente, el tamaño de la economía de la Unión continúa siendo mucho mayor que el de Arabia Saudí, Australia, Brasil, Canadá, Corea del Sur, Japón, México, Reino Unido o Turquía. Pero son estos países que comparten con la UE la idea de que dejar el liderazgo del orden mundial en manos de China y Estados Unidos les es perjudicial, con lo cual han de trabajar junto a otras potencias medianas para influir la política exterior de las dos superpotencias.La UE, bien es cierto, aún puede encabezar proyectos en áreas donde todavía tiene un papel destacado. Tal vez el mayor ejemplo de ello sea el libre comercio, que Bruselas todavía defiende y promueve a escala global. Es por ello por lo que Australia, India, Indonesia o Mercosur han acelerado la firma o implantación de acuerdos bilaterales de libre comercio con la Unión desde que Trump ganase las elecciones presidenciales estadounidenses por segunda vez en noviembre de 2024.Hay otros sectores, sin embargo, en los cuales la UE ha de aceptar que su papel es más secundario. Es el caso de sectores tecnológicos punteros como la inteligencia artificial, la conducción autónoma o los robots humanoides. Son estos sectores dominados por empresas de Estados Unidos, China y otros países asiáticos como Corea del Sur o Japón. Es por ello por lo que la UE va a encontrarse con problemas en expandir su marco regulatorio en dichos sectores a escala mundial, el llamado efecto Bruselas.Es también el caso del rearme de Europa. No se puede negar que la industria armamentística estadounidense continúa siendo la más avanzada a nivel mundial y jugará un papel fundamental en dicho rearme, mientras que empresas de países como Australia y Corea del Sur continuarán siendo importantes proveedores de ciertos tipos de armamentos.La guerra entre Israel y Estados Unidos por un lado e Irán por el otro demuestra el camino que Europa puede tomar. El papel de la UE está siendo prácticamente inexistente en lo que se refiere a las negociaciones para un alto el fuego con Irán. Pero fueron la UE y países europeos como Francia y Reino Unido quienes convocaron a unos cincuenta países de todo el mundo para promover la reapertura del estrecho de Ormuz. Esta reunión, que no contó con la presencia de Estados Unidos o China, sirvió para sentar las bases de uno de los puntos clave que Washington y Teherán están negociando.Desde la humildad geopolítica, la UE puede convertirse en un actor más potente a nivel mundial. Podrá enmascarar algunas de sus debilidades. Y también podrá presentarse como un actor más dispuesto al diálogo y la negociación, lo cual será bienvenido por los muchos países recelosos del estilo confrontacional cuando no militarista de China, Estados Unidos y Rusia en la actualidad.