Las elecciones municipales de este domingo y lunes en parte de Italia, en las que más de seis millones de electores están llamados a las urnas, se perfilan como el primer gran examen político para Giorgia Meloni después de la derrota sufrida por su Gobierno en el referéndum sobre la reforma judicial que se celebró en marzo. Aunque se trata de unos comicios locales ―se vota en 745 municipios, de los cuales 18 son capitales de provincia―, la cita electoral ha adquirido una dimensión claramente nacional en la recta final de la legislatura, a un año de las elecciones generales previstas en 2027.La consulta sobre la justicia, impulsada personalmente por Meloni y convertida en una de las grandes reformas de la legislatura, fue rechazada por alrededor del 53% de los votantes. Dentro y fuera de Italia, el resultado se interpretó como el primer gran revés para la líder ultraderechista. Aquella derrota dinamitó en buena parte la imagen de invencibilidad electoral que había construido desde su llegada al poder en 2022.Ahora, el voto en ciudades clave como Venecia, Salerno o Reggio Calabria, junto a otras capitales provinciales y grandes municipios, servirá para medir si aquel resultado fue un castigo puntual a la reforma judicial o el inicio de un desgaste más profundo del Ejecutivo.Dentro de las 18 capitales de provincia que acuden a las urnas, en las elecciones anteriores el centroizquierda ganó en 8 de ellas y el centroderecha, en 5. En las cinco restantes se impusieron candidatos independientes u otros partidos. Si la derecha pierde ciudades de peso, como Venecia, resultará inevitable que aumente la narrativa de un fin de ciclo; en cambio, si resiste bien tras el referéndum, Meloni podrá defender que aquella derrota fue algo puntual y no estructural.En el entorno de Meloni se percibe preocupación por el riesgo de que la oposición consiga convertir la victoria del no en el referéndum en una dinámica política que pueda extenderse hasta 2027. Durante la campaña del referéndum, la izquierda consiguió movilizar a parte del electorado urbano y joven, que son dos segmentos donde la coalición conservadora ―Hermanos de Italia de Meloni, la Liga de Matteo Salvini y Forza Italia, de Antonio Tajani― tiene mayores dificultades para atraer el voto.El varapalo de Meloni en el referéndum ha agudizado el clima de confrontación entre el Gobierno y la oposición. Hasta ahora, la primera ministra ha tratado de presentar aquella derrota como un episodio aislado y ha defendido que el Ejecutivo conserva una sólida mayoría parlamentaria.La oposición, por su parte, está buscando aprovechar el momento. Elly Schlein, secretaria general del Partido Democrático (PD), insiste en construir una gran alianza progresista junto al Movimiento 5 Estrellas (M5S) para disputar el poder a la derecha en las generales del próximo año. Tras el referéndum, los partidos de la oposición hablan ya abiertamente de “cambio de ciclo” y de la posibilidad real de derrotar a Meloni en las urnas.En Venecia se libra la pugna electoral más significativa de estos comicios. Allí, la derecha busca dar continuidad a más de una década de mandato de Luigi Brugnaro, marcado por la polémica. Su candidato es el concejal Simone Venturini, delfín del actual alcalde y que está respaldado por Hermanos de Italia, la Liga y Forza Italia.El centroizquierda, por su parte, busca conquistar la ciudad de la laguna con el senador del Partido Democrático Andrea Martella, que es el candidato del llamado “campo amplio” ―la coalición progresista de varios partidos― apoyado por el Partido Democrático, el Movimiento 5 Estrellas, Alianza Verdes e Izquierda, y el área reformista cercana a Matteo Renzi.El caso de Venecia es especialmente relevante, ya que la ciudad se ha convertido en el laboratorio más avanzado de la alianza entre el PD y el M5S, que, si funciona, podría replicarse en todo el país. Al mismo tiempo es también una prueba de la solidez del centroderecha en el norte, motor económico italiano.Los últimos sondeos publicados a inicios de mayo mostraban un escenario abierto y una contienda bastante ajustada, con una ligera ventaja para el centroizquierda en la mayoría de las encuestas.En el sur, la atención se concentra en Salerno y Reggio Calabria. En Salerno, Vincenzo De Luca intenta recuperar la ciudad tras una década como presidente regional, respaldado por grupos independientes de orientación progresista, en un contexto de izquierda dividida y con una derecha que busca aprovechar la situación.En Reggio Calabria, el voto tiene una fuerte lectura nacional: el centroizquierda busca mantener su hegemonía histórica frente al intento del centroderecha de reconquistar el Ayuntamiento con un candidato unitario con el respaldo de la misma coalición que sostiene el Ejecutivo central.