La cercanía de las elecciones generales, programadas para el 27 de octubre, pero que tal vez se celebren antes de lo previsto (o nunca, según los más pesimistas) se siente desde hace meses, en discursos, titulares, carteles electorales y afiladas pugnas tanto fuera como dentro de la coalición de gobierno. La última hora de la lucha de poder entre el primer ministro, Benjamin Netanyahu, líder del partido Likud, y sus socios de gobierno ultraortodoxos es la posible disolución de la Knéset (parlamento) a causa de la exigencia ultraortodoxa de exención del servicio militar de los jóvenes religiosos, algo que Netanyahu prometió y no cumplió en este gobierno. No es que los ultrareligiosos se alistaran ahora en masa, es solo que la ley por la que durante décadas recibían aplazamientos a la hora de ser reclutados al ejército si estudiaban a tiempo completo en yeshivás (casas de estudio religioso), bajo un acuerdo conocido como "la Torá es su profesión", expiró en 2023. Y en junio de 2024 el Tribunal Supremo dictaminó por unanimidad que el gobierno no podía seguir otorgando exenciones generalizadas sin una nueva ley. Ahora no hay ley, este tema está en el limbo, y nada impide al ejército reclutarlos. Son unos 100.000 potenciales soldados. Si bien soldados en potencia que en sus años de colegio no hicieron deporte ni aprendieron matemáticas ni lengua ni historia, solo religión. Sin embargo, los rabinos se niegan al reclutamiento y por eso las multitudinarias manifestaciones haredíes (como en Israel se les llama a los ultraortodoxos) con carteles "antes muerto que soldado", algunos encarcelamientos de objetores, una sociedad laica enfurecida y un gobierno periclitando por eso. Volviendo a la Knéset. El proyecto de ley para disolverla, respaldado por el gobierno, por cierto, pareció encaminar al país hacia elecciones anticipadas la semana pasada. La medida aún debe pasar por una comisión y superar tres lecturas más en el parlamento. Todo para que los israelíes acudan a las urnas en septiembre o en octubre. "No hay una gran diferencia entre votar en una fecha u otra, el debate en realidad enmascara la disputa interna entre Netanyahu y los haredíes", señala la analista Ksenia Svetlova. Lo que sí, añade, "el que los ultraortodoxos tuvieran la iniciativa a la hora de poner sobre la mesa la disolución, les da fuerza a su posición negociadora o, por lo menos hace que parezca que quieren negociar". ¿No quieren realmente? "En estos momentos cualquier cosa que haga Netanyahu con respecto a esta ley de reclutamiento sería negativa: si la aprueba para apaciguar a los religiosos, el sector laico de sus votantes se alejará de él, están muy hartos de que solo sus hijos vayan al ejército y a morir en las guerras, y los haredíes tampoco estarán satisfechos porque sus exigencias son maximalistas, no se van a conformar con una ley de compromiso. Así que no parece que haya mucho espacio de negociación sobre este tema antes de las elecciones". ¿Se disolverá la Knéset entonces? Ese es otro enigma, porque ahora el destino de la disolución depende de la coalición de gobierno. En el momento en que los partidos haredíes, seguidos de los de la oposición, formularon su intención de disolver la Knéset, el parlamentario del Likud Ofir Katz se dio prisa en presentar un proyecto de ley de disolución respaldado por la coalición, la propuesta que finalmente superó su lectura preliminar por unanimidad el miércoles. Así, el siguiente paso es que la Comisión de la Cámara parlamentaria, liderada por el propio Katz, comience las deliberaciones sobre la medida, incluyendo la selección de una fecha para las elecciones. "Pueden jugar con eso como quieran", afirma Svetolva. "Katz controla la agenda del comité y si quiere, pueden pasar la ley esta misma semana y que se disuelva el parlamento, o pueden retrasarlo hasta que lleguen las vacaciones de verano y estancarla del todo". Las elecciones se deben celebrar como mínimo tres meses después de la disolución del parlamento, y, según las regulaciones, la fecha límite para que sucedan es el 27 de octubre. Ni Svetolva ni la experta en derecho constitucional Suzi Navot, del Instituto de la Democracia de Israel, consideran que las elecciones no se vayan a producir. "No, eso sería gravísimo, no creo que pase algo así", dice Navot. "Lo que sí, en el momento en que se disuelva el parlamento, el gobierno interino tiene muchas menos facultades de pasar leyes, por eso la coalición está tratando de avanzar todas las que puede ahora." ¿También se verán mermadas sus prerrogativas en materia de defensa? "No, eso continúa como ahora." La analista Dahlia Scheindlin considera que el objetivo de Netanyahu es permanecer en el cargo el mayor tiempo posible, una consideración que se ha vuelto aún más relevante mientras avanza su juicio por corrupción y la enorme crítica popular por la masacre del 7 de octubre de 2023 sucedida durante su mandato. "Pero desde ahora hasta septiembre u octubre puede pasar cualquier cosa, literalmente, cualquier cosa", afirma Ksenia Svetolva. La analista considera que Netanyahu tiene mil y una consideraciones y cálculos complicados que está manejando, cosas de las que no tenemos ni idea, desde más guerra, a una visita del presidente estadounidense, Donald Trump. Cualquier cosa. ¿Y qué pasa con Ben Gvir? ¿Y Smotrich? Después del arresto y trato brutal a los activistas de la última Flotilla Sumud que iban en camino a romper simbólicamente el bloqueo a Gaza, o, más bien, después de que el asunto fuera filmado y divulgado por el propio ministro de Seguridad Interior, Itamar Ben Gvir, éste recibió críticas de Netanyahu y también del titular de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar. El primer ministro dijo que no representaba los valores israelíes y Sa’ar que "dañaba al país con su horrible farsa". Pero no parece ser una crítica consecuente. Ben Gvir sigue en su puesto, comandando los cuerpos de seguridad del Estado. Svetlova opina que eran solo declaraciones para el exterior, "para distanciarse de Ben Gvir. Si a Netanyahu de verdad le hubiera molestado lo habría cesado". Pero los actos de violencia de la policía no eran el objeto de la crítica de los políticos, sino que sus declaraciones se referían a lo reprobable del daño a la reputación del país que hacía el vídeo. Tampoco hay crítica al avance en la construcción de asentamientos israelíes en zonas palestinas de Cisjordania promovidas por el ministro Bezalel Smotrich. El último gran avance en este sentido fue la aprobación de miles de viviendas en la zona conocida como E1 que conecta el norte del territorio palestino con el sur y Jerusalén Oriental con el resto de Cisjordania. La violencia de colonos israelíes contra palestinos, sus animales y plantaciones tampoco es algo que divida a la coalición de gobierno. ¿Y cómo pinta la intención de voto? Según los frecuentes sondeos, Netanyahu y el Likud siguen siendo, individualmente, los más fuertes. Sin embargo, la coalición afín a Netanyahu ahora mismo no alcanza la mayoría necesaria para gobernar. De 120 escaños están logrando entre 49 y 51. La oposición sionista anti Netanyahu, fragmentada pero más fuerte que en las elecciones anteriores de 2022, especialmente tras la alianza entre Naftali Bennett y Yair Lapid en el partido Juntos, si concurriera como bloque, reuniría entre 59 y 63 escaños. Incidentalmente, todos los líderes de partido sionistas menos uno han dicho que no harán alianza con los partidos árabes. La excepción es Yair Golán, del partido Los Demócratas. Según los sondeos, los partidos árabes juntos podrán reunir de 8 a 10 escaños. De los un poco más de siete millones de israelíes con derecho a voto, se prevé que hagan uso del mismo entre un 67 y un 71 por ciento, es decir, que acaben votando alrededor de 5 millones de personas. De ellas, hay más de 360.000 jóvenes que votarán por primera vez, personas de 18 y 19 años. Son postadolescentes (o adolescentes, según) que terminaron sus años de escuela conviviendo con una pandemia, o sea, encerrados en casa, después vivieron el 7 de octubre, el servicio militar y participaron activamente en guerras los últimos tres años. Los sondeos muestran que son más conservadores que sus padres. Como mínimo. Desde hace seis meses, el presentador de late night shows israelíes Lior Schleien, liberal, ateo, sionista y feminista, recorre el país en una misión por hablar con esos votantes primerizos, en su mayoría partidarios de Netanyahu y Ben Gvir, y en cuyos virales vídeos resultantes se lo ve tratando de que la sátira los convenza de que hay otro modo de vivir y votar. Por su parte, Netanyahu enfrenta la situación con su propio vídeo. En una cena de la festividad de Shavuot, del pasado jueves, un chico espanta a sus liberales padres saliendo del armario como bibista (partidario de Bibi, es decir, Netanyahu) cuando los progenitores esperaban que les dijera que era homosexual. Los padres, incrédulos, se preguntan cómo puede su hijo tener tales opiniones a pesar de "leer libros y trabajar en el sector tecnológico". La madre se desmaya sobre su plato y mientras el hijo intenta reanimarla, el padre grita: "¿¡Qué tiene de malo ser gay!?". El vídeo concluye con una voz en off que dice: "No estás solo. Más de dos millones de votantes de derecha lidian cada día con la discriminación, el enfado y el odio solo por sus opiniones políticas. Búscalo en Google: bibista, no medio ser humano".
La última maniobra de Netanyahu: retrato preelectoral israelí
La coalición israelí tambalea por la exención militar haredí y la posible disolución parlamentaria, mientras Netanyahu maniobra entre presiones judiciales, sondeos adversos y tensiones internas de seguridad y asentamientos en Cisjordania















