El sanchismo entra ya en una fase terminal porque m�rese por donde se mire el Gobierno de S�nchez no tiene soluci�n de continuidad.Se aprenden varias cosas si uno se molesta en acompa�ar a una gran multitud de gente indignada que, bajo un sol de justicia, participa un s�bado por la ma�ana en una "Marcha por la Dignidad". La principal es que Pedro S�nchez no ha de preocuparse. Puede capear sin demasiado esfuerzo la indignaci�n que anteayer exteriorizaron decenas de miles de ciudadanos a lo largo de casi cuatro kil�metros por las principales arterias de Madrid.Tal despreocupaci�n no se debe a genialidades de S�nchez y no habr� necesidad de contraprogramar el creciente descontento generalizado con el relato de S�nchez como defensor de las libertades y baluarte de lo "p�blico" y la sociedad de bienestar. No hay excesiva alarma en la Moncloa gracias a la incompetencia, el cortoplacismo y la cainita rivalidad que divide a la derecha.El presidente del Gobierno puede estar razonablemente tranquilo porque los manifestantes del pasado s�bado, que eran preeminentemente activistas de Vox y ten�an a sus l�deres encabezando el desfile, estaban tan col�ricos contra su persona ("Peeedro S�nchez, H de P", fue un c�ntico muy repetido) como rabiosos contra los dirigentes del Partido Popular, que aparentemente hab�an boicoteado la protesta porque no hubo ni rastro de ellos durante la caminata.Lisa y llanamente fue inexplicable la ausencia del mayor partido de la oposici�n en un magno pataleo organizado por asociaciones c�vicas para exigir el fin de la actual ignominia gubernamental. La no presencia de la c�pula del Partido Popular fue, l�gicamente, aprovechada por Vox y ser�, naturalmente, explotada por S�nchez. Nunca est� m�s c�modo S�nchez que cuando despotrica contra la "fachoesfera".La derrota del sanchismo, de sus socios y de sus aliados, requiere la uni�n entre la derecha-centrista y la derecha-derecha, pero la desconfianza mutua entre los dos partidos impide tal confederaci�n. M�s que desconfianza, lo que se palpa es el odio poco menos que visceral que se profesan gran parte de sus militantes y, se dir�a, que la totalidad de sus cargos electos.La larga marcha del pasado s�bado brindaba una ocasi�n de oro para certificar un cese de hostilidades en la derecha y una "patri�tica" disponibilidad a compartir y complementar estrategias con el �nico y exclusivo fin de enviar al sanchismo cuanto antes al cubo de basura de la historia. Representaba una gran oportunidad para ello porque la convocatoria de la protesta part�a de una asociaci�n integradora y pluralista que se autodenomina Sociedad Civil Espa�ola.Cuando se acerca el fin de un ciclo pol�tico, que es lo que va a ocurrir en Espa�a si se hacen las cosas bien, son muy �tiles las iniciativas promovidas por grupos c�vicos que act�an juntamente con partidos pol�ticos para establecer el marco del cambio deseado. As� ocurri� en el tardofranquismo cuando se crearon juntas y plataformas democr�ticas y, eventualmente, una "Platajunta" que unir�a criterios para la transici�n a un r�gimen de libertades.Este es el reto hoy cuando el sanchismo entra ya en una fase terminal porque m�rese por donde se mire el gobierno de S�nchez no tiene soluci�n de continuidad. El Partido Popular y Vox, que conforman la derecha parlamentaria y que con incrementada frecuencia y normalidad gobiernan en coalici�n en los territorios auton�micos, han de resetear su manera de interactuar.Los dos partidos est�n obligados a aparcar sus suspicacias, a escuchar a un sinf�n de peque�os grupos de liberales, conservadores, y cristianos que act�an bajo el paraguas de Sociedad Civil Espa�ola y a trabajar unidos para recuperar lo que son las bases de toda democracia liberal que respeta a rajatabla la divisi�n de poderes, vela por la transparencia y rinde cuentas.El Partido Popular ha malgastado incomprensiblemente una circunstancia como fue la de la Marcha por la Dignidad para lucir su poder de convocatoria y ha entregado a Vox el protagonismo y la legitimidad que adquiere el que moviliza muchedumbres para demandar la dimisi�n del presidente del Gobierno y la convocatoria de elecciones.Con esta ap�tica actitud el partido que dirige Alberto N��ez Feij�o desaprovechar� lo que pasa por ser el �ltimo cartucho para recobrar el impulso pol�tico. Ha de cargar la escopeta con la presentaci�n de una moci�n de censura. Si Feij�o no act�a en esta coyuntura tan cr�tica para la imagen de Espa�a, su liderazgo de la oposici�n ser� seria y justificadamente cuestionado.�Cu�ntas m�s historias dignas de la peor de las rep�blicas bananeras han que aparecer en los medios nacionales e internacionales para que S�nchez se enfrente a lo que regula el art�culo 113 de la Constituci�n? La iron�a ser� que el presidente del Gobierno ser� apeado del poder por el mismo "constructivo" procedimiento que �l emple� pata alcanzarlo hace ahora ocho a�os.Pero los indignados de Vox dec�an el s�bado que Feij�o no se atrever� a retar a S�nchez. La marcha fue toda una muestra de la divisi�n de la derecha.