Sin rencor (Diéresis) no es un libro testimonial sobre el acoso escolar al uso. Va mucho más allá. El debut literario de Elena de Juan García (Girona, 2004) trasciende la experiencia personal marcada por el hostigamiento, el vacío social y la violencia digital, que sufrió durante su último año de instituto, para convertirse en una profunda reflexión filosófica sobre la anatomía del mal, la dignidad y el perdón.En su ensayo, la autora dedica un capítulo a cada uno de sus agresores para desgranar las motivaciones que hay detrás de sus actos, respaldándose en las teorías de pensadores como Nietzsche, Aristóteles o Platón. Con apenas 22 años, firma un ensayo maduro, donde la filosofía se convierte en herramienta de comprensión y la escritura en una sublimación del dolor. “El rencor es simplemente lo que nos ata a un pasado que tratamos de dejar atrás”, dice De Juan en un libro que no busca venganza, sino comprensión; que no pretende justificar el daño, sino trascenderlo.¿Qué le gustaría que se llevara el lector después de leer el libro?Creo que todo el mundo puede encontrar refugio entre las páginas del libro, precisamente porque no es un relato testimonial ni habla solo del acoso ni de mi experiencia, sino de situaciones duras que todos atravesamos. Todos hemos dicho alguna vez eso de “si no hubiese vivido esa experiencia, no sería la persona que soy hoy”. Y aunque suele sonar a cliché, creo que pocas veces nos detenemos a pensar por qué es verdad, qué lecciones nos dejó esa experiencia y cómo nos cambió.¿Cuándo y por qué decide convertir en ensayo lo que sufrió?Empecé a escribir en esa época, con 17 años, casi como una forma de desahogo diario. Hay un regalo que solo te da el paso del tiempo: la perspectiva. Cuando estás sufriendo dolor, eres incapaz de ver nada más allá de la herida. Volvía al documento, que lo tenía guardado en mi ordenador, y terminé reescribiéndolo casi por completo, porque ya no me reconocía en el rencor con el que había escrito algunas partes. Sin darme cuenta, los había perdonado.Habla de los agresores, pero no desde la rabia, sino desde el intento de comprender lo ocurrido.Me encerraba en una sola pregunta: “¿Por qué?”. Necesitaba entender qué lleva a alguien a hacer daño de forma consciente. Al final llegué a una conclusión que atraviesa todo el libro: “Nadie que se sepa gozosamente pleno necesita nunca rebajar a otro para sostenerse”. Cuando el daño es deliberado, casi nunca nace de la plenitud, sino de algún tipo de carencia.El título es toda una declaración de intenciones, ¿nunca ha sentido rencor hacia ellos?Sí sentí rencor y mucha impotencia también. Un rencor hacia los demás y también un poco hacia mí misma, y me preguntaba: “¿Por qué no les plantas cara?”. Pero cuando estás dentro de la situación, no es tan sencillo. Es el grupo contra ti, estás sola, vulnerable, y en ese momento solo intentas sobrevivir sin bajar la guardia. Con el tiempo fui abandonando el rencor.Entrevista a la autora novel, Elena de Juan García, con su libro 'Sin rencor', sobre el acoso escolar que sufrió.Andreu Esteban / Propias¿Cómo?Más que un estado, es una práctica diaria que has de ir trabajando. El rencor da un espejismo de protección que parece que te sostiene, incluso que te da dignidad, como si enfadarte fuera una forma de marcar límites y, con ello, respetarte a ti misma. Pero soltarlo no es dejar de hacerlo, sino evitar que ese rencor defina cómo recuerdas lo que viviste o determine la forma en que te ves a ti misma. ¿El rencor le ha condicionado alguna vez?Durante mi primer año en la universidad estaba feliz por haber dejado el colegio y no volverlos a ver. A pesar de ser una persona extrovertida, al llegar a la universidad me costó abrirme porque me sentía juzgada incluso sin motivo. Esa es una de las secuelas del rencor, o de lo que queda de él cuando empiezas a soltarlo. Al final entendí que no nos protege, simplemente nos hace más daño.Hay momentos en el libro en que desprende cierta compasión hacia ellos, ¿se puede comprender la actitud del agresor sin justificarlo?Si intentas entender de dónde viene todo, acabas sintiendo cierta compasión, aunque cueste. De nuevo, sin justificar nada. Cuando reflexionas sobre lo vivido, también empiezas a ver las cosas desde otro lugar y a valorar lo afortunada que eres. En ese sentido, me siento muy privilegiada.También plantea el tránsito entre el perdón y el olvido. Siempre digo que es muy importante no olvidar lo que te ha pasado. A veces se intenta gestionar el dolor desde ahí, como si no recordarlo lo hiciera desaparecer. Lo que sí debes olvidar es el lugar que ha ocupado algo doloroso o algo que no te define como persona en tu historia. Porque no te define lo que otros hagan contigo, ni lo que te hagan sentir. Y luego, inevitablemente, cuando haces este ejercicio, va muy de la mano con el perdón.Entrevista a la autora novel, Elena de Juan García, con su libro 'Sin rencor', sobre el acoso escolar que sufrió.Andreu Esteban / PropiasUna de las agresoras le ha pedido perdón.Sí. Durante el episodio de acoso, me llamó entre lágrimas que no podía más y que se sentía mal por todo lo que hacían. Perdonaba en las sombras, pero luego no me dirigía la palabra en persona y continuaba con las dinámicas y formaba parte de ese silencio, que es cómplice. Hace poco, me la encontré y me dijo que no se habían portado nada bien conmigo en el instituto y que le sabía muy mal haber participado. Le dije que no se preocupara, que la perdonaba.¿Y el resto de agresores?No me han pedido perdón, pero los perdoné igual porque no lo necesito. No hace falta que te pidan disculpas para perdonar, porque perdonar es también un acto de amor hacia ti misma. Es permitirte soltar, dejar ir y dejar que te definan tus recuerdos.Lee tambiénSus profesores identificaban el acoso, pero le decían que no permitiera que le afectara.No se habla del acoso escolar como se debería, ni se aborda de la forma adecuada. En el caso de los colegios, especialmente, cuando saben que está ocurriendo algo y los profesores han sido informados, deberían intervenir de forma inmediata. Cuando no se hace nada, se termina siendo un cómplice importante. Hubo un momento en el que incluso mi madre tuvo que teletrabajar desde el coche, aparcada a las puertas del colegio.¿Cómo cree que el acoso escolar influyó en la construcción de su identidad en una etapa tan temprana de su vida?Tuve la suerte de contar con una familia que me apoyaba muchísimo y de dos amigas como María y Catalina, que tienen también un capítulo en el libro. Pero no todo el mundo tiene esa red, ni consigue contarlo a tiempo por miedo o vergüenza. Y eso puede llevar a consecuencias muy graves. Hemos visto casos recientes de suicidio que lo demuestran.En mi caso, me minó bastante la autoestima y me dejó ciertas secuelas, aunque con el tiempo pude trabajarlas y sanarlas. La escritura me ayudó mucho en ese proceso y, como decía mi profesor de filosofía, que prologa el libro, “la escritura es la mejor forma de sublimación del dolor”.¿Qué le diría hoy a esa niña que fue o a cualquier menor que pueda estar atravesando acoso escolar?Le afirmaría cosas que en ese momento quizás no ve, porque el dolor ocupa toda tu cabeza. Le recordaría que es fuerte y valiente, aunque ahora no lo sienta así. Y sobre todo, que no deje que otros definan quién es.Periodista especializada en temática social: feminismos, migraciones, salud mental. Antes, en el equipo de Redes Sociales. Doble licenciada en Periodismo y Publicidad y RR.PP. por la UAB
Elena de Juan García, víctima de bullying: "Mi madre tuvo que teletrabajar desde el coche, frente al colegio"
Con 22 años, esta estudiante de ADE y Derecho publica su primer libro, un ensayo en el que, desde la filosofía, intenta comprender qué llevó a sus agresores a hostigarla y violentarla durante su último año de instituto










