"¡Somos un deseo, no un algoritmo". Esta frase, pronunciada por el Papa el pasado 14 de mayo, en un acto en la Universidad La Sapienza de Roma, describe el fondo que subyace en su esperada primera encíclica, Magnifica Humanitas, donde el primer pontífice estadounidense aborda “la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. De hecho, ese encuentro con la comunidad universitaria marcó el inicio de un calendario en el que, en la Santa Sede, ya todo gira en torno a ese texto, que fue firmado por el Papa al día siguiente, 15 de mayo (gesto que acompañó un día después con la creación de una comisión vaticana para reflexionar sobre los desafíos éticos de la inteligencia artificial) y que tendrá su punto álgido este lunes 25 de mayo, cuando sea el propio León XIV quien, en otro gesto inédito, presente ante los medios de comunicación Magnifica Humanitas. La fecha elegida para firmar este documento tampoco ha sido casual. Podía haberlo hecho una semana antes, el 8 de mayo, cuando se cumplía el primer aniversario de su elección, pero, con el texto ya preparado (que ha contado con aportaciones específicas y bien valoradas desde España, en concreto, desde la Fundación Pablo VI), Robert F. Prevost quiso hacerla coincidir con otra emblemática encíclica, la Rerum Novarun (De las cosas nuevas), que 135 años antes firmó el papa en quien se fijó para elegir su nombre: León XIII. No era ningún secreto. León XIV se lo adelantó a los cardenales dos días después de la fumata blanca que anunció al mundo su elección. En lo que era su primera reunión como Papa con los purpurados que se habían trasladado a Roma para el cónclave, les explicó aquel 10 de mayo, entre otras cosas, el porqué de la elección de su nombre pontificio: “Hay varias razones, pero la principal es porque el papa León XIII, con la histórica encíclica Rerum novarum, afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial, y hoy la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”. Una doctrina social de la Iglesia que tomó cuerpo precisamente con la publicación de Rerum Novarum, un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia católica abordaba los asuntos sociales y en donde, entre otras cuestiones, pretendía poner límites a la explotación humana en tiempos de un capitalismo sin frenos, abogando entonces por cuestiones hoy elementales, como la dignidad del trabajador, el derecho a un salario justo o la existencia de asociaciones sindicales. La revolución del algoritmo A las puertas de otra gran revolución, la algorítmica, el Vaticano considera perentorio ponerle límites éticos, embridar un desarrollo vertiginoso que asusta a algunos de sus propios promotores y advertir a la comunidad internacional (como hizo en septiembre pasado en el 80º aniversario de la ONU) de que “existe el riesgo de que la IA alimente el paradigma tecnocrático, que pretende resolver todos los problemas mediante la técnica, subordinando la dignidad humana y la fraternidad a la eficiencia”. El Papa León XIV. (EFE) Algunos han querido ver tecnofobia en el Vaticano, conocida su aversión secular a los avances científicos, aunque no parece ser este el caso. “Si bien la IA es un logro tecnológico extraordinario” (reconocía ante el pleno de la ONU el representante de la Santa Sede), “a diferencia de otros inventos, la IA se entrena con la creatividad humana y produce artefactos que rivalizan o superan las capacidades humanas, lo que suscita preocupación por su posible impacto en la humanidad”. Como suele ser habitual, la advertencia vaticana cayó en saco roto. O casi. Pero el Papa, con un amplio equipo de especialistas, siguió dando forma a una encíclica que, en el fondo, pretende pararle los pies a los tecnobros. No partían de cero. Poco antes de morir Francisco, se presentó Antiqua et Nova, una extensa nota doctrinal sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana y el peligro de que el ser humano se convierta en “esclavo de su propia obra”. Ya con León XIV, otro documento, Quo vadis humanitas, abordaba el choque entre el humanismo tradicional y el transhumanismo, movimiento este muy bien abonado por algunos tecnoligarcas, conscientes de que el dinero no da la inmortalidad, pero el desarrollo de la IA, la biotecnología y la nanotecnología les puede echar una mano y años de vida encima. Y por fin, en La Sapienza, en uno de los centros universitarios más grandes de Europa, el papa Prevost destiló los principales puntos que desarrolla en su encíclica: la dignidad de la persona, el futuro del trabajo, la paz, el rearme internacional, el desarrollo de las armas autónomas, la crisis del derecho internacional, la explotación del Sur global, que paga las facturas de un Norte que esquilma cada vez más descaradamente sus materias primas, indispensables para el desarrollo de la IA. Dirigiéndose a los universitarios (entre ellos, 72 llegados de Gaza, gracias a un corredor humanitario con la mediación de la Comunidad de Sant’Egidio), afirmó el Papa: “No debemos ocultar que muchos jóvenes están pasando por dificultades. Todos experimentamos momentos difíciles; algunos, sin embargo, pueden sentir que nunca terminan. Hoy en día, esto depende cada vez más del chantaje de las expectativas y la presión por rendir. Es la mentira generalizada de un sistema distorsionado, que reduce a las personas a números, exacerbando la competitividad y abandonándonos a espirales de ansiedad”. Sobre los efectos de la descomposición del viejo orden internacional, denunció que “durante el último año, el aumento del gasto militar a nivel mundial, y particularmente en Europa, ha sido enorme”. “No llamemos «defensa» a un rearme que incrementa las tensiones y la inseguridad, reduce las inversiones en educación y sanidad, socava la confianza en la diplomacia y enriquece a élites indiferentes al bien común”. La "evolución inhumana" Y llegó, finalmente, en su discurso en La Sapienza al elemento que entiende este Papa agustino que hoy lo está distorsionando todo. “Debemos también supervisar, exhortó, el desarrollo y la aplicación de la inteligencia artificial, tanto en el ámbito militar como en el civil, para que no exima de responsabilidad a las decisiones humanas y agrave la tragedia de los conflictos. Lo que ocurre en Ucrania, Gaza y los territorios palestinos, Líbano e Irán ilustra la evolución inhumana de la relación entre la guerra y las nuevas tecnologías en una espiral de aniquilación”. "El papa Prevost se ha convertido en un enemigo tan peligroso para la elite del nuevo orden digital como lo había sido ya su antecesor" Las cartas boca arriba. El Vaticano pretende inyectar ética en el motor principal de la actual revolución digital, en pleno frenesí desregulador propiciado por los profetas laicos del tecnocapitalismo. Basta asomarse a la burbuja tecnológica y ver los ingresos récord de Nvidia, el fondo último de las disputas judiciales entre Elon Musk y Sam Altman, o el negacionismo de Jeff Bezos sobre la cara oscura de la IA para ver que el papa Prevost se ha convertido en un enemigo tan peligroso para la elite del nuevo orden digital como lo había sido ya su antecesor, el papa Bergoglio, aunque el estadounidense, a sus 70 años, en principio tiene por delante aún camino que recorrer. Y de que su apuesta es decidida y quiere que se escuche hablar del hecho de que el mismo Papa participe este lunes en la presentación pública de Magnifica Humanitas. Le acompañarán dos cardenales, dos teólogas y el secretario de Estado y jefe de la diplomacia vaticana. Pero la presencia más relevante es, sin duda, la de Christopher Olah, cofundador de Anthropic (en el vídeo arriba), otra de las grandes empresas tecnológicas y la única que no se ha plegado a los intereses de Donald Trump, quien en febrero ordenó a su Administración que no trabajara con ella al insistir esta en poner límites a algunos de sus modelos, sobre todo a los que tienen fines militares, como la armas autónomas o los sistemas de vigilancia de personas. Anthropic se convierte de esta manera en el mayor aliado del Vaticano en su apuesta por una IA con restricciones, en pleno choque conceptual con la tecnoligarquía de Silicon Valley. Y Olah, responsable de investigación sobre interpretabilidad de la inteligencia artificial, pasa a ser otro objetivo de los tecnobros que tienen al Papa de Chicago, matemático, que usa las redes sociales y lleva un Apple Watch en la muñeca, como a un líder peligroso con ascendiente sobre una comunidad de 1.400 millones de personas en todo el mundo y al que no han podido comprar. El Anticristo en Roma Destaca por su frontal oposición al Vaticano Peter Thiel, el libertario fundador de PayPal y Palantir, la poderosa empresa de análisis de datos, puesta a disposición de la política de deportaciones masivas de Trump, y mecenas también del vicepresidente JD Vance, los ojos puestos ya por este empresario de origen alemán en la carrera presidencial de 2028. Peter Thiel, cofundador de Palantir y PayPal. (Reuters) Obsesionado con el Anticristo, que cree que hoy lo representa León XIV, pero antes Francisco (en lo que coincidía con su gran amigo Milei), no pasó desapercibida en la Santa Sede sus misteriosas tres conferencias que este profeta del transhumanismo pretendió dictar en marzo pasado nada menos que en el Angelicum, la universidad pontificia en donde el joven agustino Robert F. Prevost escribió su tesis doctoral sobre Derecho Canónico. Invitado por una organización ultracatólica contraria al Vaticano II, como también lo es el propio Thiel, su intervención en ese marco, en plena revisión final de la encíclica Magnifica Humanitas, se habría considerado un gol por la escuadra al Papa, que se evitó en el último instante cuando alguien alertó en el Palacio Apostólico de la verdadera identidad del conferenciante. Pero esta encíclica está llamada a convertirse en un nuevo punto de fricción con la Administración Trump, que ha hecho del rápido desarrollo sin restricciones de la IA una cuestión de estrategia nacional económica y de seguridad, interior y exterior. “Estoy deseando leerla. Mi suposición es que va a tener mucha influencia”, señaló esta semana Vance. “Estoy seguro de que contendrá muchas aportaciones, con algunas de las cuales probablemente estaré de acuerdo, con algunas tal vez no, pero creo que va a ser un documento muy, muy importante...”. Teniendo en cuenta que Trump revocó nada más regresar a la Casa Blanca la orden ejecutiva de Joe Biden que regulaba la inteligencia artificial y que Vance, poco después, no ratificó en la AI Action Summit de París un reglamento específico adoptado sobre la inteligencia artificial, que sí entró en vigor en Europa, parecen claros los puntos con los que no estarán de acuerdo con su compatriota de Chicago.