Los mexicanos creemos que México ha existido antes de todos los tiempos. Con fe ciega, hablamos del «México precolombino» para referirnos a la civilización anterior a la conquista. Lo mismo pasa con «México colonial», «México independiente» y otros «Méxicos». México es, ante todo, un problema. Muchos problemas. Quienes en años recientes han emprendido la tarea de explicarlo no han logrado mucho. Así le fue hace casi un siglo a Samuel Ramos con su Perfil del hombre y la cultura en México (1934). Poco antes, Vasconcelos había publicado La raza cósmica (1925) y, poquísimo después, Ulises criollo (1935). Sólo intentos. Desde registros menos rígidos, Jorge Ibargüengoitia también se puso delante de la identidad nacional, quizá con más éxito o menos frustración, según de dónde se le lea. La reciente visita a nuestro país de Isabel Díaz Ayuso, por ejemplo, exacerbó esas inquietudes identitarias y las pasiones nacionales. Haber escrito el nombre de nuestra nación con jota y no con equis encendió el polvorín. Las ámpulas reventaron y se engallaron tirios contra troyanos. Como si no tuviéramos bastante. Cabe preguntar, de nuevo, ¿qué es México? La cuestión nos ronda la cabeza como comezón a mitad de la espalda. Nos incomoda; pero no alcanzamos a aliviarla. Lee también:En la casa embrujada de la ficción: reseña de El fantasma de las novelas de Martín SolaresDevoto de lo mexicano –sea lo que fuere– el filósofo y novelista Héctor Zagal (México, 1963) suma ya décadas tratando de responder a la pregunta. Su devoción lo metió al laberinto de la identidad nacional, del que no ha logrado salir. Por supuesto, como Teseo, lleva un hilo que lo guía por los abigarrados vericuetos de «lo mexicano». En su caso, la Ariadna que sostiene el otro cabo del hilo es la filosofía. Quizá por eso sigue allí. Luego de años de recorriendo ese tortuoso galimatías, Zagal conoce cada retruécano de la intrincada mexicanidad. Por eso debe celebrarse la aparición de su ensayo Barroco: nepantla y la razón oscilante (Lambda-Universidad Panamericana, 2026), un compendio casi definitivo –aún no me explicó cómo consiguió una síntesis amable y fluida para el lector– de décadas de reflexión y estudio sobre algo tan complejo como el barroco y lo mexicano. Lee también: Fracking: Los objetivos climáticos pasan a segundo términoA pesar de la confesión de parte –en la página 187, el autor niega que su propósito sea dar una definición identitaria de México–, el libro ofrece una respuesta bien delineada a la cuestión, aclara sus orígenes y causas, muestra sus desafíos y explica sus alcances. Por supuesto, el tema es el barroco; pero, como si no quisiera hacerlo, Zagal conquista su objetivo no propuesto: definir México. Lo logra tirando de su amplísima cultura y hondura crítica. El barroco es un buen pretexto. Así, se inmiscuye en sus intersticios europeos y, metido hasta el cuello en la historia de la Compañía de Jesús, muestra cómo la orden definió al movimiento cultural que determinó a la modernidad y sigue influyendo al siglo XXI. Barroco: nepantla y la razón oscilante es fiel al estilo y obsesiones de Héctor Zagal. Ya en su primera novela acusaba maneras. La venganza de sor Juana (Planeta, 2007) es una provocación. Firmado con pseudónimo, el relato tensa las leyendas en torno a la décima musa y desliza la posición del autor ante el barroco mexicano. Su ensayo también es un lance. La de Zagal no es la pretenciosa erudición de quien ha desconectado la vida intelectual de la vida activa. Las páginas de su libro van desgranando detalladamente el maremágnum que es el barroco sin que el lector se percate de que ya está en el mismo laberinto que el autor está recorriendo. Su talante aristotélico también perfuma este ensayo. El «se dice de muchas maneras» de Aristóteles y la zozobra católica convergen en las dos nociones que dan título al volumen: nepantla y razón oscilante. De ellos se vale para desmenuzar –insisto: aún no sé cómo lo consiguió– el berenjenal que es el barroco y, también, lo mexicano. Nepantla como lugar suspensivo, como un sí; pero aún no, le permite explicar el barroco –que, como afirma Alejo Carpentier– «se manifiesta donde hay transformación, mutación, innovación». Auguro que el ensayo cosechará tempestades. Su autor ha sembrado vientos en un terreno que se jacta apaciblemente uniforme. En un momento que clama por versiones oficiales y únicas verdades, este libro propone amplitud para comprender lo plural, lo diferente. «El barroco –escribe Zagal– da voz a quienes habitan entre un hegemónico mundo europeo y los restos de un mundo prehispánico brutalmente embestido. El barroco enseña a vivir entre registros, a sostener contradicciones, a habitar una identidad contrapuesta».
Vivir entre registros, el barroco detenido: reseña de Barroco: nepantla y la razón oscilante | El Universal
Reseña de Barroco: nepantla y la razón oscilante, nuevo libro donde Héctor Zagal revisa la herencia barroca en México y sostiene que la identidad mexicana era y sigue siendo un territorio de contradicciones










