Si no hubiéramos sabido esta semana que el juez Calama investiga a Zapatero por presunta corrupción, el ruido social habría dirigido nuestra atención a otra noticia escalofriante. Jonathan Andic, hijo del empresario dueño de Mango, ha sido detenido por la muerte de su padre. Quiso que pareciera un accidente: se fue con él a hacer una ruta sencilla por Montserrat. El padre cayó por un precipicio y la jueza, tras una minuciosa investigación, sospecha que el hijo lo mató. Asegura que “estaba obsesionado con el dinero”.

La obsesión por el dinero es una patología de nuestro tiempo. Nos han convencido de que quienes tienen dinero poseen inteligencia, éxito y felicidad, lo cual, por supuesto, es una estupidez. Ganar dinero es legítimo, y la pregunta no es cuánto, sino cómo. A Jonathan Andic le contrarió el deseo de su padre de destinar una parte de su fortuna a crear una fundación. Lo quería todo para él.