El 15 de abril de 1945, cuando la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial era ya inminente, un alto funcionario se presentó en la fábrica de papel de Hans Huber, a las afueras de Munich, con una orden tajante y secreta. Según las instrucciones, llegarían a su fábrica varios camiones cargados de papeles, que debían ser destruidos de inmediato.Días después, cuando llegaron, Huber descubrió que se trataba de montones de fichas de los afiliados al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) –nombre completo del partido nazi-, y entendió la voluntad de Adolf Hitler y los suyos: ni uno solo de esos nombres debía caer en manos de los vencedores de la guerra.A mediados de 1945, el partido nazi tenía 8,5 millones de miembros de una población adulta que rondaba los 65 millones de personas. Hans Huber desobedeció la orden y ocultó las fichas entre pilas de papel de desecho. Así, mientras en otros lugares del Tercer Reich ardían documentos para borrar el pasado, en Munich sobrevivieron el 80% de los ficheros del partido nazi. Esta acción salvadora de Huber tiene consecuencias que llegan a la Alemania del siglo XXI, cuando los nietos y bisnietos de quienes vivieron en aquella época se preguntan qué hicieron sus antepasados durante el régimen hitleriano. ¿El abuelo era nazi? ¿Y la abuela? ¿O quizá ya los bisabuelos?La fecha de ingreso da pistasHaberse afiliado antes de 1933, año de la llegada de Hitler al poder, indica apoyo temprano y gran identificación ideológica, mientras que una afiliación más tardía puede deberse a presiones o a oportunismoTodas esas fichas, propiedad física de la Alemania actual pero también de Estados Unidos en su versión digitalizada, fueron colgadas en línea en abierto el pasado marzo por la agencia federal estadounidense Archivos Nacionales y de Administración de Documentos (NARA, por sus siglas en inglés). La base de datos contiene cerca de 11 millones de tarjetas de afiliación al NSDAP, digitalizadas en 5.000 rollos de microfilm. Desde entonces, la página web ha registrado más de 1,5 millones de búsquedas, en su mayoría de usuarios alemanes, y en ocasiones se ha colapsado. En Alemania, los rotativos Die Zeit y Der Spiegel han incluido en sus ediciones digitales sendas herramientas para rastrear el archivo estadounidense, accesibles solo a suscriptores.“El nacionalsocialismo sigue teniendo un impacto polifacético en la sociedad alemana actual. Muchas personas se preguntan qué papel desempeñaron sus familiares, conocidos, colegas o miembros de clubs durante ese periodo. Los archivos ofrecen oportunidades para la investigación independiente, pero a veces esto puede resultar abrumador”, afirma el historiador Johannes Spohr en su página web Present Past, que ofrece servicios de investigación histórica familiar vinculada al nazismo. Carnet del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) –nombre completo del partido nazi– de un afiliado que ingresó en 1941 DUTCH MILITARIA“Por supuesto, ocurre a menudo que quienes buscan no llegaron a conocer a las personas a las que están investigando; esa distancia hace que pueda resultar un poco más fácil formular preguntas, pero las respuestas siguen doliendo”, sostiene Spohr, autor del libro Present Past. Wie Nachfahren ihre NS-Familiengeschichte erforschen (Pasado presente: Cómo los descendientes investigan la historia de su familia nazi), publicado en el 2025. Alemania es justamente alabada por cómo gestiona su terrible memoria histórica del siglo XX, pero una cosa son los monumentos y los actos de contrición públicos y generales, y otra bien distinta la memoria de las familias, concreta y específica. En la inmediata posguerra, la generación de los perpetradores se envolvió en el silencio. La segunda generación –los hijos de los nazis– gestionó la carga de dos modos: o a través de la rebelión política en los años sesenta, o a través de una total y persistente negación. Ahora, los nietos y los bisnietos quieren saber.En los carnets, la fecha de ingreso es una pista importante: haberse afiliado antes de 1933, año de la llegada de Hitler al poder, indica apoyo temprano y gran identificación ideológica, mientras que una afiliación más tardía puede deberse a presiones o a oportunismo.“Había muchas razones por las que la gente se unía al partido nazi; afiliarse no era obligatorio. Pero hacerlo era una señal de aprobación , implicaba apoyar el sistema; los miembros pagaban sus cuotas y sentaban la base del movimiento”, señala Martin Clemens Winter, historiador de la Universidad de Leipzig. “Las tarjetas no pueden esclarecer los motivos de alguien para unirse al partido o para abandonarlo, ni tampoco comportamientos específicos”, avisa. Es decir, miles de afiliados no cometieron crímenes de sangre, y a la inversa, hay criminales nazis que nunca fueron miembros del partido.Desde 1994, el Archivo Federal alemán conserva los registros originales y digitalizados de las afiliaciones al NSDAP salvadas por Huber, que pueden consultarse previa solicitud argumentada. Pero hay un pero: no existe una búsqueda en línea de libre acceso. Esto se debe a los estrictos plazos de protección de datos establecidos por ley en Alemania, que son cien años desde el nacimiento de la persona o diez años después de su fallecimiento. El plan del Archivo Federal es, según un portavoz, “poner a disposición en línea el registro completo de afiliación en los próximos años, una vez transcurridos estos plazos”.Así las cosas, la base de datos estadounidense sortea por completo estos obstáculos, aunque bucear en ella, incluso con la ayuda de las herramientas de Der Spiegel y Die Zeit, no es tarea fácil. La búsqueda con nombre, apellido y fecha de nacimiento no conduce directamente al carnet de la persona, sino a microfilms digitalizados que hay que ir visualizando con detalle. A veces, el reconocimiento automático de texto lee mal los nombres. Además, el archivo no revela información sobre pertenencia a la Wehrmacht (fuerzas armadas) y a los cuerpos paramilitares SA y SS.Nazismo e historia familiarLos nietos y bisnietos quieren saber; a veces no llegaron a conocer al pariente a la que quieren investigar, lo cual facilita algo el proceso, aunque la respuesta sea al final también dolorosa¿Y por qué posee Washington esta base de datos digital? En 1945, las autoridades estadounidenses de ocupación trasladaron las fichas rescatadas en Munich al Berlin Documentation Center (BDC), fundado para este fin, y utilizaron parte de esos archivos para preparar los juicios de Nuremberg a altos jerarcas nazis. En 1967, los estadounidenses quisieron devolver este material a la República Federal de Alemania (RFA), pero no fueron aceptados hasta 1994 –es decir, años después de la reunificación-, pues al principio se consideró delicado hacerlos accesibles. La realidad es que, en la Alemania occidental de la posguerra, muchos nazis –aquellos que teóricamente no habían cometido crímenes- seguían activos en las profesiones y en la política. Ochenta y un años después del fin de la guerra, los tiempos parecen estar por fin ya maduros.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia
¿El abuelo era nazi?
Miles de alemanes buscan a sus ancestros en fichas del partido de Hitler publicadas en abierto por un archivo digital de Estados Unidos













