Todas las primaveras, la Comisión Europea publica sus previsiones de primavera. Siempre tienen interés, ya que son las que usa el Consejo Europeo para sus recomendaciones a los países que se aprueban en el mes de junio normalmente y en las que se define la condicionalidad de las reglas fiscales. En la crisis del Euro era un momento determinante ya que era cuando la Troika definía la condicionalidad a los países rescatados. Hoy, por suerte, los inversores no temen por la sostenibilidad del euro y por pérdidas cuantiosas en deuda pública de países europeos y las previsiones han perdido influencia política. No obstante, este año tienen especial interés, primero para medir el impacto del proteccionismo impuesto por Donald Trump a las exportaciones europeas y por saber el escenario que anticipa la Comisión de la Guerra en el Golfo Pérsico sobre el crecimiento, la inflación y las finanzas públicas de los países. Donald Trump impuso un arancel adicional a las exportaciones europeas del 15% de promedio, sin duda un shock intenso. Las exportaciones alemanas a EEUU se desplomaron un 25% a finales de 2025. Aún así, la economía europea consiguió crecer el 1,5% y el empleo aumentó el 0,5%. La noticia positiva es que las exportaciones alemanas a EEUU han vuelto a repuntar en 2026 y se acercan a los niveles de antes de los aranceles. Trump ha subido los aranceles a todos los países y las empresas han tenido que adaptarse a la nueva realidad. A México solo le subió un 2% de promedio y ha sido el país más beneficiado y sus exportaciones son más altas ahora que antes del arancel, gracias al desvío de comercio de otras áreas. China ha sido el país más penalizado ya que Trump les impuso un 45% de arancel promedio adicional y sus exportaciones a EEUU se han desplomado un 50%. No obstante, China ha desviado comercio en Asia y en Europa y sus exportaciones totales crecieron más del 10% el año pasado. China sufre una severa crisis interna, tras el pinchazo de su burbuja inmobiliaria. Los precios y las ventas de vivienda en China siguen cayendo, seis años después de la pandemia, y eso frena el consumo privado, la inversión y la actividad industrial. China ha forzado salir al exterior a compensar la debilidad de su demanda interna, ha depreciado su tipo de cambio con el euro, ha congelado el aumento de los salarios de sus trabajadores y está exportando deflación a Europa. China es ya el principal proveedor de España, superando a Alemania. Opinión Sin esto no se puede explicar que ante un shock de petróleo y gas tan intenso tras la Guerra del Golfo, la Comisión Europea anticipe una inflación del 3% para 2026, apenas medio punto más que en 2026. Es similar a la previsión que presentó el BCE y el mercado anticipa una subida de tipos similar a la subida de la inflación. Por lo tanto, la política monetaria seguiría siendo neutral y no tendría un impacto muy negativo sobre el PIB y el empleo. La política fiscal europea está siendo expansiva, especialmente en Alemania que ha aprobado un ambicioso plan de expansión del gasto público, principalmente en defensa. La Comisión anticipa un déficit en el país germano próximo al 4% del PIB, lo cual implica incumplir las reglas fiscales y el límite del 3%. El gasto en defensa no se incluye en la regla de gasto, igual que las pensiones, y seguramente ni la Comisión ni el Consejo van a exigir a Alemania ajustes. Alemania tiene la deuda pública próxima al 60% del PIB, objetivo del Tratado de Maastricht, y puede financiar este aumento del gasto sin problemas. El gran elefante blanco en la habitación es Francia. El país galo era el que tenía la mayor productividad por hora trabajada del mundo y eso le ha permitido desarrollar el generoso estado de bienestar, tener salarios elevados, trabajar pocas horas y jubilarse muy pronto. Francia ha perdido su ventaja tecnológica con China y los países asiáticos, ha perdido su ventaja energética nuclear con la llegada de las energías renovables y tiene salarios e impuestos sobre salarios altísimos. La Comisión anticipa que Francia tendrá un déficit público próximo al 6% del PIB en 2027 y la deuda pública superará el 120% del PIB. Francia no puede financiar eso y está abocado al estancamiento económico en el mejor de los escenarios, como Italia desde 1980, o a una crisis de deuda como tuvimos en España en el verano de 2012 que forzó al Gobierno de Rajoy a solicitar un rescate. Italia y España están muy endeudadas también y les llegaría el contagio. Es meritorio que la economía crezca en este escenario tan adverso. Pero Europa es la región que peor se ha adaptado a la globalización y el cambio tecnológico desde 1980 y un crecimiento débil pero positivo me temo que llevará a los líderes a seguir negando la realidad y al gatopardismo; hagamos una revolución para que no cambie nada. Europa debe despertar de su ensoñación, debe aplicar un plan urgente para recuperar la competitividad perdida, debe reinventarse y salir de la trampa de su modelo social de mercado que es insostenible. La clave es priorizar de nuevo la generación de riqueza y después centrarse en la redistribución y el estado de bienestar será el que permitan las inversiones rentables de las empresas europeas en un entorno global cada vez más competitivo Todas las primaveras, la Comisión Europea publica sus previsiones de primavera. Siempre tienen interés, ya que son las que usa el Consejo Europeo para sus recomendaciones a los países que se aprueban en el mes de junio normalmente y en las que se define la condicionalidad de las reglas fiscales. En la crisis del Euro era un momento determinante ya que era cuando la Troika definía la condicionalidad a los países rescatados. Hoy, por suerte, los inversores no temen por la sostenibilidad del euro y por pérdidas cuantiosas en deuda pública de países europeos y las previsiones han perdido influencia política.
Y, aún así, Europa crece
A pesar de los aranceles y la subida de los precios del petróleo, Europa crece. El problema es que crece muy poco y es necesario cambiar muchas cosas para volver a progresar













