Actualizado a las 03:21h.

Es llamativo el súbito vaticanismo que está desplegando el Gobierno de Pedro Sánchez para aprovechar políticamente el próximo viaje apostólico del Papa León XIV. El presidente se reunirá con el Papa el miércoles en audiencia para concretar últimos detalles de la visita del Santo Padre. Lógicamente, toda visita de la máxima autoridad de la Iglesia exige una planificación detallada y una estrecha colaboración entre el Gobierno de turno y el Vaticano. No hay nada que objetar al hecho de que el Gobierno anfitrión difunda la fluidez o cordialidad de sus comunicaciones con la Santa Sede. Cosa distinta es la sobreactuación en la que se puede incurrir para transformar la visita apostólica del Papa como una especie de apoyo a políticas partidistas o al enfrentamiento con fuerzas de la oposición. Y algo de esto está pasando en el comportamiento del Ejecutivo de Sánchez. La postura de León XIV contra cualquier guerra, su mensaje evangélico sobre los procesos migratorios y su confrontación con Donald Trump han alimentado la esperanza en Moncloa de apropiarse del Santo Padre como aval católico a sus decisiones sobre la guerra contra Irán, la regularización masiva de inmigrantes o el pulso con el presidente estadounidense. Y, de paso, poner sordina al escándalo que está protagonizando Rodríguez Zapatero.