El director rumano Cristian Mungiu ha vuelto a subir al escenario del gran teatro Lumière para recoger de manos de Tilda Swinton una merecida Palma de Oro por Fjord, diecinueve años después de haber logrado la primera con 4 meses, 3 semanas, 2 días. Si en aquel filme hablaba del derecho al aborto, en su nuevo trabajo analiza los límites de la tolerancia en las democracias europeas con una historia tan incómoda como necesaria protagonizada por Sebastian Stan y Renate Reinsve en la piel de un matrimonio muy religioso que deja su hogar en Rumanía para instalarse con sus cinco hijos en un pueblo remoto de Noruega. Allí, sus valores tradicionales toparán con los más progresistas hasta desembocar en un escalofriante drama familiar y judicial.Mungiu aseveró que con esta película han “corrido un riesgo”, el de “elevar la voz” frente a los peligros a los que estamos expuestos como sociedad y contar “cosas que la gente no se atreve a decir en público”. “Las sociedades hoy están fracturadas –agregó–, radicalizadas. Este filme es un compromiso contra toda forma de integrismo, es un mensaje de tolerancia, inclusión, empatía. Son palabras maravillosas que a todos nos gustan, pero hay que aplicarlas más a menudo”, aseguró sobre una obra que dividió a la crítica tras su proyección. Una película que, además, se hizo poco antes con el premio de los críticos internacionales (Fipresci), el Ecuménico y el de la Ciudadanía.El director ruso Andrey Zvyagintsev posa con el Gran Premio del Jurado por 'Minotaur' , Sarah Meyssonnier / ReutersEl cine español, que había hecho historia en el festival de Cannes con tres películas a competición, Amarga Navidad, de Pedro Almodóvar, El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, y La bola negra, de Los Javis, solo pudo entrar en el palmarés con el drama de homenaje a Lorca y a lo que significa ser gay a través de diferentes épocas, de Ambrossi y Calvo, que se alzaron con el premio a la mejor dirección, un reconocimiento que tuvieron que compartir con el polaco Pawel Pawlikowski por su retrato en blanco y negro de la relación entre Thomas Mann y su hija Erika en Fatherland, otra de las cintas que gustaron mucho entre la crítica especializada. “Cuando dirigíamos esta película, me preguntaba siempre si estaba honrando a quienes me precedieron y me di cuenta de que la única forma de honrar el sufrimiento, el silencio, la muerte de las personas LGTBIQ+ que nos precedieron, es asegurándonos de que las siguientes generaciones tengan más libertad”, dijo Ambrossi al recoger el galardón. Los Javis, que cosecharon una gran ovación de casi 20 minutos en su estreno en Cannes el pasado jueves, quisieron compartir su premio con Almodóvar, a quien Calvo se refirió como “maestro”, y Sorogoyen. “Nuestra película habla de ver al otro como un ser humano, entenderle, comprenderle, amarle. Y creo que el arte nos hace ser mejores, nos hace cambiar por dentro”, subrayó. Ya en rueda de prensa recordaron que la idea era hacer una película “queer muy grande y que importara”. Tanto ha importado que Netflix se ha hecho ya con su distribución en EE.UU con miras al Oscar. Los directores llegaron emocionados a la sala de prensa y se abrazaron con los periodistas españoles que les esperaban, mientras el resto de medios les aplaudían. “Estoy procesando todavía lo del estreno, que la peli haya gustado tanto y ahora es añadir ya esto. Es todo muy fuerte”, sostuvo Ambrossi, que se enteró con emoción por la prensa que es la tercera vez que un cineasta español se lleva el premio de dirección en Cannes, tras Luis Buñuel, por 'Los olvidados', y Pedro Almodóvar, por 'Todo sobre mi madre'. Confesaron que ya están pensando en su siguiente proyecto y no descartan que sea en inglés.La gala de clausura, marcada por un tono político y social, estuvo protagonizada por los galardones exaequo también en las categorías de interpretación. La emoción recorrió a Emmanuel Macchia y Valentin Campagne, los jóvenes soldados que se enamoran en las trincheras de la Primera Guerra Mundial en Coward, de Lukas Dhont. Y a las actrices Virginie Efira y Tao Okamoto, que exhiben una bonita amistad en Soudain, el filme de más de tres horas del japonés Ryusuke Hamaguchi que ensalza la necesidad de los cuidados y los valores humanos. El director surcoreano Park Chan Wook, presidente del jurado, confesó que la decisión sobre el palmarés no les llevó mucho tiempo: “Todas nuestras opiniones se alineaban”. Minotaur, del ruso Andrei Zviaguintsev, abrazó el Gran Premio del Jurado al adaptar La mujer infiel, de Claude Chabrol, en el contexto de la guerra de Ucrania para lanzar una crítica feroz a Putin y la corrupción rusa. De hecho, en su discurso, el realizador exhortó al presidente ruso a acabar con “la carnicería” que está cometiendo en Ucrania.La alemana Valeska Grisebach levantó el Premio del Jurado por su The dream adventure, que sigue a una arqueóloga que trabaja en el yacimiento de una pequeña ciudad en la frontera de Bulgaria. El de mejor guion fue a parar a manos del francés Emmanuel Marre por Notre salut, filme que también dirige y que supone un retrato del colaboracionismo francés ambientado en los años 40 y basado en las experiencias de su propio bisabuelo.Isabelle Huppert tuvo el “privilegio” de presentar la Palma de Oro de honor a Barbra Streisand, que no pudo acudir a la Croisette por una lesión de rodilla. En un mensaje en vídeo, la veterana actriz, cantante y directora estadounidense recordó cómo se enamoró del cine y lo difícil que fue lograr dirigir Yentl, su primer largometraje. “Era una mujer, lo que era un obstáculo”, dijo. Y afirmó que está orgullosa de formar parte de la comunidad del cine, que es un medio que tiene la “capacidad mágica de unirnos”. La directora catalana Carla Simón, -que el año pasado concursó con Romería- como presidenta del jurado de la sección de cortometrajes, fue de las primeras en salir al escenario del teatro Lumière para entregar el premio al mejor corto al mexicano Federico Luis por Para los contrincantes, sobre el sueño de un joven de convertirse en campeón de boxeo. El palmarés de las secciones paralelas del certamen ya se dieron a conocer horas antes. Everytime, un retrato del duelo dirigida por la austriaca Sandra Wollner y rodada en Tenerife, venció en Una cierta mirada, mientras la francesa La gradiva lo hizo en la Semana de la crítica, donde la catalana Aina Clotet logró el premio Estrella Emergente de la Fundación Louis Roederer por su interpretación en su ópera prima como directora Viva, donde encarna a una mujer que supera un cáncer de mama y se enfrenta a sus miedos con la intención de explorar la vida sin límites. El proyecto español The Black Mirror Experience, creado por David Bardos y Damià Ferràndiz, recibió asimismo una mención especial del jurado de la Competición Inmersiva, en la que ganó Katàbasis, del francés Ugo Arsac. Y la Caméra d'Or, que distingue a la mejor ópera prima de cualquiera de las secciones del festival, recayó en Ben'imana, de Marie-Clémentine Dusabejambo. La Palma Queer -por la que pelean cada año las mejores películas con representación LGTBIQ+ de Cannes- fue para la estadounidense 'Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma', de Jane Schoenbrun y protagonizada por Hannah Einbinder y Gillian Anderson. Una revisión queer de las cintas slasher de la década de los ochenta que causó sensación en su proyección al inicio del festival.Licenciada en Periodismo por la UAB. Redactora en la sección de Cultura especializada en cine
Mungiu logra su segunda Palma de Oro con 'Fjord' y Los Javis comparten el premio a la mejor dirección con Pawlikowski
El palmarés, que ha dejado fuera a las cintas de Almodóvar y Sorogoyen, ha estado marcado por el clima político y social actual










