Jason Furman y David Laibson

Estados Unidos / 23.05.2026 02:35:00

En una votación cuyos resultados se anunciaron el miércoles, los profesores de Harvard decidimos hacer algo de lo que habíamos hablado durante décadas, pero que nunca se había logrado concretar: poner un límite al número de A completas, la máxima calificación posible, en cada curso.La nueva norma impone una fórmula de “20 más cuatro”, lo que significa que sólo alrededor de 20 por ciento de los alumnos de un curso pueden obtener la máxima calificación. (El matiz es que en realidad es 20 por ciento y cuatro alumnos más, un ajuste pensado para seminarios pequeños y avanzados, que suelen ser más colaborativos).Ahora viene la parte difícil: asegurarnos de que este cambio mejore la educación que ofrecemos, algo que depende de mucho más que de las decisiones que se tomen en nuestro campus.Las A fáciles son un problema por muchísimas razones. Reducen el incentivo para aprender, lo que significa que los estudiantes salen de la universidad con menos conocimientos y menos habilidades. Hacen más difícil que los estudiantes verdaderamente excepcionales destaquen frente a compañeros que simplemente tienen buen desempeño. Y aunque pueda parecer que las calificaciones infladas reducen la presión sobre los estudiantes, también ocurre lo contrario: los promedios en Harvard llegaron a ser tan altos, que hace poco dos A- eran suficientes para que un alumno no pudiera graduarse summa cum laude.Durante los siete años que nosotros dos hemos impartido EC 10, el curso introductorio de economía de la universidad, dimos A completas a más de 4 mil estudiantes —más de 49 por ciento de las personas a las que les dimos clases—. Eso nos coloca por debajo del promedio de nuestros colegas, quienes en el ciclo académico 2024-2025 otorgaron A completas 60 por ciento de las veces. Aunque todos los alumnos mejor evaluados de EC 10 habían dominado el contenido, no todos habían cruzado el umbral de “distinción extraordinaria” que el reglamento estudiantil dice que una A completa debería representar.Como muchos de nuestros colegas, queríamos calificar de forma más rigurosa, pero nos preocupaba que hacerlo pusiera en desventaja a los estudiantes de nuestro curso o, sin querer, los alejara de nuestra área de estudio. Este es exactamente el tipo de problema de acción colectiva que enseñamos en EC 10, en el que las personas coinciden en teoría en que todos deberían actuar de manera que beneficie al conjunto de la sociedad, pero en la práctica persiguen sus propios intereses personales. Es un comportamiento que, en otros contextos, ha llevado al agotamiento de las pesquerías, el sobrepastoreo de tierras públicas y la contaminación de ríos. En el caso de la inflación de calificaciones, las presiones son especialmente fuertes para los profesores jóvenes, que temen que una calificación honesta resulte en peores evaluaciones de sus cursos, menos matriculaciones y menores probabilidades de obtener la titularidad. Ese tipo de temor se alimentaba a sí mismo y producía calificaciones que no solo eran altas, sino que aumentaban continuamente; en otras palabras, inflación.