Quito no aguanta más. La capital de la República se está asfixiando bajo el peso de un modelo municipal que es, a todas luces, un cadáver institucional. Tenemos un municipio obeso, con más empleados de los que realmente necesita, donde la burocracia de escritorio devora los recursos que deberían transformarse en asfalto y seguridad. Pero el problema no es solo la cantidad de personal, sino la calidad de lo que entregan: hoy, cuando una obra finalmente se ejecuta tras años de ruego, se hace mal, sin fiscalización y con materiales que parecen diseñados para deshacerse en la primera lluvia.El ciudadano vive un viacrucis humillante. Si una calle se hunde, la EPMMOP culpa a la EPMAPS, y esta se escuda en la matriz. Es el ping-pong de la ineficiencia. Y cuando por fin llega una cuadrilla, el resultado es un parche mediocre que a los tres meses vuelve a ser un cráter. ¿Dónde están los fiscalizadores? ¿Quién recibe esas obras defectuosas que pagamos todos? La desidia institucional ha llegado al punto de dejar a la ciudadanía en total desprotección, obligándola a convivir con escombros y negligencia disfrazada de gestión.La solución no es cosmética; requiere una cirugía mayor: la promulgación definitiva del Estatuto Autonómico.PublicidadNecesitamos transformar el Distrito Metropolitano en un sistema de “minialcaldías”, eficientes y autonómicas, y para ello es imperativo descentralizar el poder y los recursos. Las Administraciones zonales deben dejar de ser ventanillas de quejas para convertirse en unidades operativas autónomas. Si una zona tiene su propio presupuesto y su propia capacidad técnica, se acaba la excusa de la “falta de coordinación entre empresas”. La responsabilidad tendría nombre, apellido y proximidad.Señor alcalde, señores concejales: Quito no necesita más diplomacia de pasillo. PublicidadPublicidadLa ciudad exige una reforma estructural: - Autonomía fiscal y operativa zonal: que los recursos lleguen directo a la zona para obras integrales (agua y vía al mismo tiempo) sin mendigar permisos a la matriz.Publicidad- Fin del clientelismo barrial: basta de canjear obras por votos. La planificación debe ser técnica y auditada, no un favor personal para dirigentes de turno.- Tolerancia cero a la obra mal hecha: responsabilidad administrativa y penal para los funcionarios y contratistas que entregan trabajos mediocres. Quien hace mal la obra debe repetirla de su propio bolsillo.La autonomía y la fiscalización rigurosa no son opciones. Son la única ruta para que Quito deje de ser una ciudad remendada y vuelva a ser una capital digna. (O)Carlos Eduardo Bustamante Salvador, abogado criminalista y mediador, QuitoPublicidad
Quito: el gigante maniatado
Son la única ruta para que Quito deje de ser una ciudad remendada y vuelva a ser una capital digna.
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