Análisis Exclusivo suscriptores Cargos penales contra Raúl Castro alertan sobre la posibilidad de que Washington esté perdiendo la paciencia con La Habana. Análisis.Donald Trump y Miguel Díaz-Canel Foto: Archivo EL TIEMPO / Agencias23.05.2026 07:49 Actualizado: 23.05.2026 07:49
El 20 de mayo siempre ha tenido un significado especial para buena parte del exilio cubano en Miami. Es la fecha en que la isla dejó de ser formalmente un territorio ocupado por Estados Unidos y nació la república en 1902. Pero este miércoles, en el corazón del sur de Florida, la conmemoración tomó un tono distinto.Usando como telón de fondo el Freedom Tower, edificio que EE. UU. ha usado por décadas como oficina para tramitar los asilos de miles de cubanos que llegaban huyendo del régimen comunista, el Departamento de Justicia anunció cargos penales contra el expresidente Raúl Castro por el derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate, un episodio que dejó cuatro muertos, tres de ellos ciudadanos estadounidenses. LEA TAMBIÉN Sobre el papel, el anuncio parece un intento tardío de saldar una deuda histórica. Durante casi tres décadas, familiares de las víctimas, políticos cubanoamericanos y organizaciones del exilio insistieron en que Castro, entonces ministro de Defensa, debía responder penalmente por la operación.Pilotos cubanos acusados, junto al expresidente Raúl Castro, por el derribo en 1996 de aviones. Foto:@TheJusticeDept/XPero detrás del simbolismo judicial hay algo más profundo y, probablemente, estratégico.El encausamiento contra el hombre que durante años fue la segunda figura más poderosa de Cuba y luego heredó oficialmente el mando de manos de su hermano mayor, Fidel Castro, parece ser la pieza más reciente de una campaña de presión que la administración de Donald Trump ha venido escalando desde hace meses y cuyo objetivo, según funcionarios, analistas y opositores cubanos, es provocar el colapso o la transformación forzada del régimen comunista.Creo que este presidente, bajo estas circunstancias, permitiría que el ejército fuera y lo llevara ante la justiciaAunque en Washington hay dudas sobre si Castro, de 94 años, terminará algún día sentado en una corte federal del sur de Florida, muchos lo ven como una especie de “jaque al rey”. LEA TAMBIÉN El derribo de dos avionetas que tiene contra las cuerdas al régimen cubanoEl caso que ahora tiene contra las cuerdas a Castro -y a todo el régimen cubano- se remonta al 24 de febrero de 1996. Ese día, dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate fueron derribadas por cazas MiG cubanos mientras sobrevolaban el estrecho de Florida.La organización, fundada por el disidente cubano José Basulto, realizaba vuelos de búsqueda de balseros cubanos extraviados en el mar. Con el tiempo, sin embargo, el grupo comenzó también a lanzar panfletos sobre La Habana denunciando al régimen, algo que irritaba profundamente al gobierno cubano.Raúl Castro es imputado en EE. UU. Foto:Durante meses, Cuba exigió a Washington que detuviera los sobrevuelos. Fidel Castro incluso envió cartas a la administración de Bill Clinton advirtiendo que el asunto podía derivar en una tragedia. La Habana sostuvo desde el primer momento que las avionetas habían violado repetidamente su espacio aéreo.Pero investigaciones posteriores de EE. UU. concluyeron que las aeronaves fueron derribadas en aguas internacionales. La indignación en Washington fue enorme y el episodio terminó endureciendo aún más el embargo y dio pie a la aprobación de la ley Helms-Burton, que codificó las sanciones contra Cuba.Desde entonces, el caso se convirtió en una espina permanente en las relaciones bilaterales y, aunque hubo intentos esporádicos de avanzar judicialmente contra oficiales cubanos involucrados en la operación, nunca se quiso tocar directamente a la cúpula. Hasta ahora. LEA TAMBIÉN ¿Estados Unidos estaría considerando una acción militar similar a la de Venezuela?El anuncio de esta semana fue cuidadosamente diseñado para enviar un claro mensaje político. El encargado del Departamento de Justicia, Todd Blanche, no solo escogió el Freedom Tower como escenario, sino que se rodeó de políticos cubanoamericanos y antiguos fiscales que llevaban años presionando para que se presentaran cargos contra Castro.Pilotos cubanos acusados, junto al expresidente Raúl Castro, por el derribo en 1996 de aviones. Foto:@TheJusticeDept/X“EE. UU. nunca olvida a sus ciudadanos”, dijo Blanche. Pero hubo otra frase que llamó aún más la atención. Cuando le preguntaron si la acusación podía servir de antesala para una acción militar o una operación de captura, Blanche evitó descartarlo y dijo que eso dependía del presidente Trump y de su equipo de política exterior para luego añadir que esperaba ver a Raúl Castro en Estados Unidos “por voluntad propia o de otra manera”.De ahí que sea inevitable la comparación con el caso de Nicolás Maduro cuando a comienzos de año, Trump sorprendió al mundo al ordenar una arriesgada operación para capturar al líder venezolano, apoyándose precisamente en las acusaciones penales que durante años Washington había construido contra él por narcotráfico y terrorismo.Aunque la incursión sigue siendo enormemente controvertida desde el punto de vista del derecho internacional, en la administración se considera un éxito estratégico. Por eso, para muchos observadores la estrategia con Cuba está siguiendo el mismo libreto. LEA TAMBIÉN De hecho, varios expertos creen que la isla ha sido desde el comienzo el objetivo número uno de la administración Trump y la caída de Maduro fue solo el primer golpe, pues le permitió cortar el flujo de petróleo que La Habana necesitaba para sobrevivir. Desde entonces, Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia.Raúl Castro en una conmemoración del Día Internacional del Trabajo. Foto:EFEEn paralelo, la administración Trump endureció las sanciones contra empresas vinculadas al conglomerado militar Gaesa, funcionarios del Partido Comunista y terceros países o compañías que hagan negocios con la isla. Y esta semana, para sumar a la presión, apareció en aguas del Caribe el portaaviones Nimitz con los cinco barcos de guerra que lo acompañan.Trump y su ambición de terminar con el castrismo: diferencias con el caso VenezuelaDetrás de la estrategia hay un nombre que salta a la vista: el del secretario de Estado Marco Rubio. Hijo de inmigrantes cubanos y formado políticamente en el sur de Florida, Rubio considera la causa cubana un tema casi existencial.Si bien construyó gran parte de su carrera política defendiendo una línea dura contra La Habana, sus ideas nunca tuvieron eco en presidencias anteriores. Hasta que llegó Trump, quien, si bien no tiene la conexión emocional o ideológica de Rubio con Cuba, en privado, funcionarios y aliados describen al presidente fascinado con la posibilidad de pasar a la historia como el presidente que terminó con el régimen castrista.Por eso, aunque el mandatario ha estado concentrado en Irán, China y Ucrania, Cuba sigue avanzando silenciosamente en el tablero de prioridades de la Casa Blanca. Trump, de hecho, ya ha insinuado públicamente varias veces que “Cuba es la siguiente”.Raúl Castro en una conmemoración del Día Internacional del Trabajo. Foto:EFEY aunque muchos expertos consideran improbable una intervención militar directa, pocos descartan por completo ese escenario.“Creo que este presidente, bajo estas circunstancias, permitiría que el ejército fuera y lo llevara ante la justicia”, dice Guy Lewis, ex fiscal federal y una de las voces que más ha seguido el caso.Otros especialistas, sin embargo, advierten que Cuba no es Venezuela, ya que cuenta con una estructura militar mucho más cohesionada y un aparato de inteligencia que lleva décadas controlando las disidencias internas.En ese contexto, una operación militar estadounidense podría terminar generando un conflicto mucho más complejo e impredecible. LEA TAMBIÉN Si no es invasión, ¿qué?En todo caso, la apuesta de Washington podría no requerir una invasión. Para los analistas, la combinación de asfixia económica, sanciones, amenazas judiciales y presión política busca producir una transición negociada o una fractura interna dentro del régimen que, a la larga, constituye el objetivo central.Desde hace semanas circulan versiones sobre contactos discretos entre emisarios estadounidenses y figuras cercanas al poder cubano, incluidos familiares de la élite histórica.Captura Nicolás Maduro. Foto:ArchivoLa idea sería forzar algún tipo de gobierno de transición o una apertura controlada que retire gradualmente del poder al núcleo duro del castrismo. Algo similar a lo que está sucediendo en Venezuela con el nuevo gobierno de Delcy Rodríguez. El problema es que nadie sabe realmente dónde terminará esa estrategia.Trump ya enfrenta enormes presiones internacionales por la guerra en Irán y difícilmente quiera abrir un conflicto militar de resultado incierto a 360 kilómetros de Florida. Mucho menos uno que podría desatar una nueva ola migratoria masiva hacia EE. UU.Pero tampoco hay claridad sobre hasta dónde estaría dispuesto a llegar. De hecho, esta semana, el portal Politico publicó un informe según el cual, la Casa Blanca estaría perdiendo la paciencia por la falta de resultados en las negociaciones y se estaría inclinando por una acción militar. LEA TAMBIÉN Seguramente, pronto lo sabremos. Lo que sí está claro, o al menos eso se desprende tras la acusación contra Castro esta semana, es que con Cuba ya no existen líneas rojas y la era en la que Washington veía al régimen como un mal inevitable parece haber terminado.SERGIO GÓMEZ MASERI - Corresponsal de EL TIEMPO – Washington@sergom68 Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










