La tregua en Oriente Medio vive otro fin de semana crucial, con la visita a Irán de Asim Munir, el jefe del Ejército de Pakistán que tiene línea directa con Donald Trump. El mismo presidente estadounidense, por su parte, habría renunciado a acudir a la fiesta nupcial de su hijo homónimo, en las Bahamas, para poder estar en la Casa Blanca. Donald Trump, en cualquier caso, ha dejado claro que todas las opciones están abiertas y el viernes por la mañana habría examinado objetivos militares con su secratario de la Guerra, Pete Hegseth. A pesar de que Irán advirtió esta semana de que, en caso de volver a ser atacados, devolverían el golpe más allá de Oriente Medio. El mariscal Munir se reunió el mismo viernes por la noche, nada más aterrizar en Teherán, con el ministro de Exteriores, Abas Araghchi. Le esperaban también a pie de escalerilla los ministros del Interior de Irán, Eskandar Momeni, y Pakistán, Mohsin Naqvi, que lleva allí desde el miércoles. Este sábado, Asim Munir se ha reunido con el presidente de Irán, Masud Pezeshkian. El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, no anda muy lejos, puesto que se encuentra en Calcuta, desde donde continuará viaje a Nueva Delhi este lunes. Antes de volar hacia India, Rubio confirmó que Pakistán es “el primer interlocutor” con Irán. De forma simultánea, aterrizó este viernes el ministro de Exteriores de Qatar, uno de los países más interesados en apaciguar el conflicto. Según la agencia iraní Irna, Munir actúa como mensajero “de los últimos esfuerzos e iniciativas diplomáticas para impedir una nueva escalada”. Aun así, el portavoz iraní de Exteriores, Esmail Baghai, avisa de que las discrepanciass son “profundas” entre Teherán Y Washington. Trump insiste en que Irán no puede, de ninguna de las maneras, estar en posesión de bombas atómicas. Irán insiste que estas nunca han sido su objetivo, mientras defienden su derecho a enriquecer uranio. Aunque se barajó recientemente que los kilos de uranio enriquecidos al 60% (cerca del 90% de la gama militar) podrían ser depositados en Rusia, el Guía Supremo se habría enrocado en que no van a salir de su territorio. Algo que equivaldría a cederle el as bajo la manga al aliado ruso, que tiene sus propios motivos para congraciarse con Washington y cerrar la catastrófica guerra de Ucrania, tras cuatro años de sangría. Abrazo entre el jefe de las Fuerzas Armadas de Pakistán (de gris) y el presidente de Irán. Detrás a la derecha, el ministro de Exteriores iraní, Abas Araghchi. Pakistán es el único país de mayoría musulmana con ojivas nucleares.AFPIrán insiste en que la base de negociación siguen siendo los catorce puntos trasladados a EE.UU. el mes pasado. Estos pasan por una series de fases graduales, empezando por el fin de las hostilidades en todos los frentes -Líbano incluido- y dejando cualquier negociación sobre el dosier nuclear una vez se haya consolidado la paz. Estados Unidos, en cualquier caso, también tiene sus líneas rojas y considera también inaceptable que pueda haber un peaje en el estrecho de Ormuz, cosa que Irán justifica como reparación de guerra. Uno de los síntomas de que el conflicto ha entrado en una fase crítica, entre la guerra y la paz, es la sucesión de visitas de primer nivel a Pekín, en poco más de una semana. El presidente Xi Jinping, que recibió a Donald Trump la semana pasada y esta semana a recibido al ruso Vladimir Putin, ejercerá en breve de anfitrión del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, que este sábado aterrizaba en China para una visita de cuatro días. Sobre los hombros de Munir y Sharif recae el mayor peso de la mediación, con China en un segundo plano, pese a la influencia que le da ser el primerísimo cliente del petróleo iraní. Cada vez que Donald Trump se ha visto obligado a retractarse de sus ultimátum, ante el inmovilismo iraní, los líderes pakistaníes le han salvado la cara, diciendo que lo hacía en atención a sus demandas de prórroga del alto el fuego. Los duros del régimen iraní lo ven de otro modo. EE.UU. habría perdido su guerra de agresión y por tanto, no está en condiciones de poner condiciones, sino que debe atenerse a las consecuencias. Incluido el desmantelamiento de las bases militares en la zona que de tan poco le han servido en este conflicto. Esta es la segunda vez que Asim Munir emprende un viaje de varios días a Teherán con una misión crucial. La primera vez, una semana después del histórico, pero fallido, cara a cara en Islamabad entre el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, y la cúpula iraní. Un segundo encuentro fue abortado por la violación de la tregua en Líbano por parte de Israel. Pero de una forma u otra, podría repetirse, o por lo menos, eso es lo que espera la misión pakistaní. Marco Rubio ha visitado esta mañana la obra de Madre Teresa en Calcuta y por la tarde se ha reunido en Nueva Delhi con el primer ministro indio, Narendra Modi, al que ha invitado a la Casa Blanca Ap-LaPresseNo son los únicos. El nuevo Aga Jan, líder espiritual de millones de chiíes ismaelitas de todo el mundo, se reunió anteayer con Shehbaz Sharif en Islamabad. El hotel Serena de la capital pakistaní, que acogió la primera reunión, forma parte del imperio económico del Agaa Jan, que habría corrido con todos los gastos. El Aga Jan tiene el mayor interés en que no se reanude la guerra, con consecuencias que podrían ser catastróficas para todos los países del golfo Pérsico y, de rebote, para las minorías chiíes de la región, como los ismaelitas de la Cachemira ocupada por Pakistán. Este país, permanentemente al borde de la quiebra, antepone complacer a Arabia Saudí, pero también se vería favorecido por un levantamiento de las sanciones estadounidenses a Irán. Algo que le permitiría completar su parte del gasoducto de la Paz, Irán-Pakistán. La factura energética y la deuda externa son dos de las losas que impiden levantar el vuelo a Pakistán. Un país en el que una tercera parte del gasóleo llega de contrabando desde Irán, donde está subvencionado. Otro país fronterizo especialmente activo diplomáticamente es Turquía, que no desea que Irán se convierta en lo que fue Irak hace dos décadas o Siria más recientemente. No solo por la previsible nueva ola masiva de refugiados -que incluiría un número aún mayor de inmigrantes pakistaníes y afganos. También por el temor a que Israel se convierta en la única potencia en la región y vuelva a promocionar junto a la frontera turca, como antes en Siria, un nuevo Kurdistán. Miembros del gobierno israelí han vaticinado ya que “Turquía es el próximo Irán”. Estados Unidos ha insistido hasta ahora en que Irán debe entregar los 440 kilos de uranio enriquecido al 60 %, cercano al nivel militar del 90 %, además de aceptar severas restricciones a su programa nuclear.El viaje de Rubio tiene que ver con la reunión prevista para los próximos días en Nueva Delhi entre ministros del Quad, el grupo de trabajo sobre seguridad en lo que llaman Indo-pacífico, formado por Japón, Australia, India, con China en el punto de mira. Su presencia puede calmar la creciente ansiedad en la capital india por la proximidad entre Donald Trump y el jefe del Ejército de Pakistán, con el que se reunió la primavera pasada cuando todavía humeaban los aviones de la Fuerza Aérea India, abatidos en su peor escaramuza en un cuarto de siglo.Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.