El país asiático, próximo a Teherán y Washington, invita a las partes a negociar un alto el fuego definitivo en Islamabad

Detrás del delicado alto el fuego de dos semanas sellado en la madrugada del miércoles entre Irán y Estados Unidos ha habido un intenso trabajo diplomático encabezado por un país que no suele figurar entre los habituales mediadores internacionales: Pakistán, la nación islámica de más de 250 millones de habitantes, que comparte 900 kilómetros de frontera con Irán y mantiene una relación fluida con la Casa Blanca, se ha anotado un tanto como árbitro inesperado en un conflicto que llevaba más de un mes amenazando con arrastrar al mundo a un espiral descontrolada. La intervención de China, sin demasiado ruido y entre bambalinas, también ha sido crítica.

“Con la mayor humildad, me complace anunciar que la República Islámica de Irán y los Estados Unidos de América, junto con sus aliados, han acordado un alto el fuego inmediato en todas partes, incluidos el Líbano y otros lugares, con vigencia inmediata”, ha anunciado en redes sociales el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif. “Acojo con gran satisfacción este gesto sensato y expreso mi más sincero agradecimiento a los dirigentes de ambos países”.