Pedro Almodóvar está harto de sí mismo. Lo dijo esta semana en vivo y en directo, sin pelos en la lengua, en plena conferencia del Festival de Cannes. La ocasión escogida para proclamar su desidia existencial fue la presentación de su película Amarga Navidad en la competencia del prestigioso encuentro en la Riviera francesa. Protagonizada por Leonardo Sbaraglia y Bárbara Lennie como dos realizadores de características bastante contrapuestas (él es un cineasta “serio” y ella una mera “directora de comerciales”), la película es lo suficientemente autobiográfica como para comprender que el director de Todo Sobre Mi Madre se autoanalizó al nivel de desesperarse con su propia persona. Raúl (Leonardo Sbaraglia) es un director de cine en Amarga Navidad. Almodóvar enfrenta esta crisis existencial a los 75 años, añorando los viejos tiempos, tratando de reencontrarse con la comedia perdida de su juventud. En Cannes lo decía así, sin anestesia: “Me gustaría poder hacer una película de nuevo como Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios. ¡Si la escribí y la dirigí yo!”.Han pasado 38 años desde el clásico que lo lanzó a la órbita mundial y no deja de ser sintomático que cada nueva película del realizador tenga el sabor de la muerte y de la soledad. Fue así con la inmediatamente anterior, La Habitación de Al Lado, sobre la eutanasia, y también con Madres Paralelas, acerca de la maternidad no deseada y las heridas de la Guerra Civil Española. Pedro Almodóvar en un descanso de rodaje junto a las actrices Bárbara Lennie y Victoria Luengo y el actor Patrick Criado. Tmbién ahondó en los mismos derroteros en Dolor y Gloria (2019), la indiscutible obra maestra de su última década y el filme en el que volvió a trabajar con Antonio Banderas para conferirle la difícil tarea de interpretar a un cineasta con malestares físicas, propenso a la migraña y enfrentado al abismo de la página en blanco. Es decir, hacer del propio Almodóvar, pero con otro nombre.Autoficción en dos personajesCierto sector de la crítica ha calificado como “autoficción” a su nueva película y, agregando datos a esta definición el propio director la considera una continuación de Dolor y Gloria. “Dolor y gloria abordaba dolores físicos que atenazan al protagonista. En esta, el dolor es moral, le paraliza y me siento absolutamente reconocido en el personaje. La crisis creativa le lleva a mirar en su interior. Ese director es una figura egoísta. En mi caso, yo no he herido a nadie, y si hubiera sido así, no habría hecho Amarga Navidad. Pero los creadores somos egoístas, nos alimentamos de lo que nos rodea. Es un debate sobre esa culpa y la responsabilidad moral”, decía este miércoles en Cannes. Amarga Navidad toma su nombre de una canción popularizada por Chavela Vargas, a quien Almodóvar viene tributando desde los tiempos de Piensa en Mí, en Tacones Lejanos. Su letra habla de la muerte en el último mes del año, coherente con el disparador de la trama, que en este caso es el deceso de la madre de Elsa (Bárbara Lennie) poco antes de Navidad. La realizadora de publicidad Elsa (Bárbara Lennie) y su amiga Patricia (Victoria Luengo). La película acaba de ser estrenada esta semana comercialmente en Francia con el título más directo de Autoficción, refiriéndose al género narrativo que cuenta historias verídicas bajo otros nombres. Pero en Amarga Navidad hay dos autoficciones. Por un lado está la historia de la madrileña Elsa, que tras la partida de su madre se refugia en el trabajo y comienza a sufrir ataques de jaqueca capaces de mandarla a urgencias. En otra dimensión y 21 años más tarde, se aparece Raúl (Leonardo Sbaraglia), un cineasta prisionero de una colorinche habitación y de una computador en el que es incapaz de escribir después del cursor de texto, abatido por la crisis creativa. Se subentiende que Raúl está más cercano al real Almodóvar, sobre todo al observar cómo supera el bloqueo dándole vida a personajes reales con diferentes nombres. Pero también Bárbara, la directora más “superficial”, tiene mucho de él. De la forma que sea, los dos caracteres sufren, la pasan mal y andan a patadas con la vida, en la línea de las recientes declaraciones del cineasta y su malestar existencial.Santi (Quim Gutiérrez) y Raúl (Leonardo Sbaraglia) en Amarga Navidad.