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La buena noticiaLa Iglesia honra a Jesús Buen Pastor y pide para que haya abundancia de pastores.

Jesús fue predicador ambulante de la misericordia de Dios y maestro de moral. Eso todos lo aceptan. Para los creyentes tiene, además, identidad divina que se expresa con el título de Hijo de Dios. Hereda las promesas teológicas del antiguo Israel, por lo que recibe el nombre de Mesías, en hebreo, y Cristo, en griego. Se refería a sí mismo como “el hijo del hombre”, un circunloquio de modestia, y también para reivindicar como propia la figura “como hijo de hombre”, que en el libro de Daniel recibe el reino de parte de Dios. Por eso también es el rey que trae el Reino de Dios. Lo condenaron a muerte, porque aceptó el título de rey de los judíos. Su cruz fue en cierto modo su trono. Pero también ejercerá el reinado cuando se sentará como Juez universal ante quien comparecerá toda la humanidad a dar cuenta de la calidad moral de su vida y de su fe en él.

Además de esos nombres teológicos, en el Nuevo Testamento él mismo recurre a otras figuras para describir su misión. Se vale de imágenes vegetales: él es la vid y sus seguidores son los sarmientos. Expresa así la íntima comunión de vida espiritual entre él y sus discípulos. Cuenta la parábola del sembrador derrochador que esparce su semilla casi sin fijarse dónde cae, pues su mensaje es para todos, sea que lo acepten o no. “El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre”, dice. Aunque nunca se designa a sí mismo como “pescador”, es el protagonista de pescas abundantísimas que realizan sus discípulos, pescadores de oficio, pero que fracasan en la faena hasta que reciben instrucciones de él. Los invita a ser “pescadores de hombres”, una frase enigmática que parece significar que, así como los pescadores recogen peces del mar, así los discípulos que continuarán su misión deben recoger del mundo hombres para Dios.