El rescate de Plus Ultra era desde el principio tan escandaloso que hac�a sospechar que detr�s hab�a intereses ocultos. Simplemente no reun�a los requisitos para merecerlo. Cuando Mar�a Jes�s Montero dijo en el Congreso en marzo de 2021 que se trataba de una compa��a "estrat�gica" por el nicho de mercado que ocupaba, su credibilidad qued� a la altura de quien entra en un bar con una cabra diciendo que se trata de un pastor alem�n con pedigr�. No era la primera vez que el Gobierno se mofaba de la regla. Ya lo hab�a hecho cuando aprob� la amnist�a para los responsables del proc�s, despu�s de haber dicho que no cab�a en la Constituci�n. Luego un Constitucional que convierte la sal en oro le dio una mano de barniz y arreglado.Es cierto que Zapatero no est� presente directamente en las grabaciones y en las pruebas que se exponen en el auto del juez, pero los protagonistas le se�alan constantemente como el elemento clave del rescate. Y todo toma sentido cuando Zapatero y sus hijas reciben de esos mismos protagonistas los pagos que dif�cilmente se pueden atribuir a ning�n otro servicio que no sea esas gestiones que apuntar�an al tr�fico de influencias. La clave en el rescate de Plus Ultra, conocidas todas las circunstancias, es que no se explica sin ese tr�fico de influencias. Y el que aparece en esta historia con capacidad de influir es Zapatero. Para que pueda existir este delito ni siquiera es imprescindible que la ayuda sea injusta, pero en este caso adem�s lo es.En el auto queda bastante claro que los t�cnicos de la Sepi eran reacios desde un principio a ese rescate por la cantidad de requerimientos y pegas que pusieron al mismo, hasta que alguien cedi�. El funcionario que firm� la resoluci�n que se elev� al Consejo de Ministros va a tener que explicar, sabiendo ya todo lo que hay por medio, por qu� lo hizo. Y seguramente se acordar� de ese consejo que suelen dar a todo buen funcionario: cuando dudes de una orden, exige que te lo pongan por escrito. El presidente en funciones de la Sepi, Bartolom� Lora, que hab�a asumido el cargo por la imputaci�n de Vicente Fern�ndez, y la entonces ministra Mar�a Jes�s Montero, est�n se�alados en este caso.Si parece imposible que Zapatero pueda eludir la responsabilidad que se le atribuye, no ocurre lo mismo con el ahora gobernador del Banco de Espa�a, Jos� Luis Escriv�. Entre las condiciones que le requer�an a cualquier compa��a para poder ser rescatada era estar al d�a en sus pagos con Hacienda y la Seguridad Social a 31 de diciembre de 2019 y Escriv� no tom� posesi�n como ministro de Inclusi�n, Seguridad Social y Migraciones hasta el 13 de enero de 2020. Por tanto, es imposible que hubiera decidido aplazar el pago de la deuda en la fecha exigida. Los aplazamientos posteriores afectan a nuevas deudas que se acumulan, pero escapan ya al momento clave, que es ese 31 de diciembre de 2019. Adem�s, la pr�rroga de una deuda con Hacienda o la Seguridad Social de una empresa en crisis no es un hecho infrecuente. En general la Administraci�n prefiere aplazar antes que abocar a una sociedad al concurso, con lo que eso supone. Y en la fecha en la que se produjeron los aplazamientos a Plus Ultra, con una pandemia de por medio que hab�a dejado a numerosas compa��as en situaci�n precaria, lo que no era infrecuente paso a ser bastante habitual. Por tanto, el Gobernador del Banco de Espa�a no parece que tenga mayor implicaci�n, m�s all� de haber participado en la decisi�n colegiada del Consejo de Ministros que dio luz verde final al rescate de la aerol�nea.En breve las hijas de Zapatero van a ser imputadas, a no ser que el expresidente asuma la responsabilidad sobre la estructura de pagos que coincide con el rescate. Como dir�a otro referente moral, este no del socialismo sino del pueblo, "yo por mis hijas mato". Si asume esa responsabilidad evitar� a sus hijas el paseo de la verg�enza, pero se habr� inmolado definitivamente, arrastrando con �l al socialismo al que representa y a su heredero Pedro S�nchez. Es el dilema en el que ahora, con ayuda de su abogado, se debate el expresidente.Los que son capaces de distinguir un perro donde hay una cabra no suelen tener problemas para ver un l�der con principios en el mismo lugar que ocupa el blanqueador de una dictadura. Son los mismos que ante un problema de los suyos con la Justicia disparan al juez sin preguntar o leerse el auto del magistrado. El problema para S�nchez es que, generalmente, la gente corriente, esa que vota, si no media ning�n incentivo, solo ve una cabra donde hay una cabra.I�aki Garay. Director adjunto de Expansi�n