En 1896, Alejandro Witcomb comenzó a exhibir obras de arte en su taller fotográfico, dando origen a la primera galería de arte de la Argentina. Su actividad se extendió durante décadas, hasta cerrar definitivamente en 1971. Casi 40 años después, en 2010, el coleccionista y empresario Jorge Calvo realizó las gestiones para recuperar ese nombre histórico y aplicarlo a su propio espacio, hoy ubicado en la Av. Santa Fe 1161, casi Cerrito. Pero la reapertura simbólica no se limitó a la reapropiación del nombre. Calvo impulsó un premio adquisición de envergadura, con una bolsa total de 21.000 dólares estadounidenses distribuidos en primero, segundo y tercer premio. La convocatoria superó ampliamente las expectativas: cerca de 2.500 artistas –pintores, escultores, dibujantes y grabadores, entre aficionados, emergentes y consagrados– se presentaron.Finalmente, en un día caluroso y cargado de expectativas, en la Casa Nacional del Bicentenario se dieron a conocer los veredictos del jurado. El primer premio fue otorgado a Santiago Erausquin por El triunfo de Baco, un óleo y acrílico sobre madera. El segundo quedó en manos de Mónica Van Asperen por una escultura lumínica, y el tercero fue para Sergio Lamanna por un objeto móvil, además de seis menciones honoríficas.La obra de Erausquin (Lomas de Zamora, 1971) rescata el carácter narrativo de la pintura. En sus escenas se aprecian personajes múltiples y reales, cotidianos, de barrio, hay citas ocultas o evidentes de la historia del arte y puntos de vista diversos, cenitales o combinados, que le dan dinamismo extra a la agitación de cada cuadro.Sobre la obra que se llevó las palmas de Witcomb, Erausquin comenta: “El título evoca la célebre obra de Velázquez más conocida como Los borrachos (1629). Además del tema, se cita un procedimiento. En ambas se partió de lo lúdico y de cierta teatralización para componer la escena a modo de friso en la que quince figuras protagonizan un brindis particular. Cerveza y vino abundan en vasos y botellas. Baco ostenta su corona y cetro colgante. Un vaso de una marca de gaseosa monopólica impacta sobre uno de los participantes. Estos son algunos de mis amigues que, con sus propios amigues, hermanes, novies y/o vínculos sexoafectivos, pasan de vez en cuando por el taller y me cuentan sus asuntos, posan despreocupades y se van. Por último, pero sin querer ser conclusivo, la pieza es un alegato a la vigencia y contemporaneidad de la pintura, del retrato, del desnudo, de una práctica de taller que se deleita con la untuosidad del óleo, la mancha, la figura, les modeles, siempre para dar cuenta de este mundo que ocupamos y de esos seres queridos que nos acompañan, alegran y cuidan”.Por una singular coincidencia, al mismo tiempo que recibía el premio Witcomb, Erausquin inauguraba la muestra Jauría, con curaduría de Máximo Marino, en el Espacio Areatec del Edificio Cassará (Av. de Mayo 1190). Esta joya de la arquitectura porteña, reciclada por la arquitecta Ana María Carrio, ofrece una experiencia particular: pisos de vidrio que permiten recorrer visualmente la verticalidad del edificio y una terraza para contemplar las características cúpulas. En esta serie, Erausquin sigue explorando el retrato colectivo, aunque Jauría “plantea una mirada nueva sobre un tema sensible a nuestra cultura, qué significa ser varón hoy. En mis obras hago un recorte homosocial del mundo que nos rodea, pinto grupos de jóvenes varones que comparten un espacio, una edad, una incompleta desnudez, pero sobre todo una actitud que los vuelve particulares. Más que exhibirse o mostrarse, estos cuerpos se dejan ver para, en el mejor de los casos, seducir. En la pintura homoerótica las figuras suelen ser hegemónicas, con rasgos idealizados, sin embargo, a mí me interesan cuerpos atractivos, seductores y seguros de sí mismos, pero más por una condición intelectual que por una cuestión física y superficial. Elías, Tobías, Nehuén, Mauro o Sigfrido pertenecen a mi círculo, los observo, dialogo con ellos y los pinto. Son ellos y no otros, cercanos y terrenales”, precisa el autor.La actividad de Erausquin no se agota en la pintura. Dicta cursos muy concurridos en el auditorio de Amigos de Bellas Artes. Su formación es sólida y diversa: Diseñador Gráfico en la FADU, profesor de Bellas Artes con orientación en Grabado (ENBAPP) y Licenciado en Artes (IUNA); actualmente cursa Artes Visuales en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). En paralelo, desarrolló una producción literaria que incluye crónicas y relatos breves, publicados por el sello independiente Cencerro.Julio Sánchez BaroniBio completaRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOArte argentino