Resume e infórmame rápidoEscucha este artículoAudio generado con IA de Google0:00/0:00El discreto pero hondo pensador colombiano Mauricio García Villegas acaba de publicar un libro con un título inquietante: Antes de perder el juicio. A diferencia de esos que por docenas ponen las editoriales para atrapar al respetable y luego nada tienen que ver con el libro, en este caso el título no sólo le hace justicia a las 400 páginas, sino que sigue resonando a manera de cercano eco después de su lectura, aunque el mismo autor declare lo contrario, y deje libre al lector para que se acomode como pueda y quiera con las muchas ventanas que el libro descubre ante sus ojos.No es fácil encontrar libros eruditos donde la erudición deje de ser una pose intelectual, y en su lugar, acompañe y converse con naturalidad las tesis que, en este caso, García quiere poner sobre la mesa del lector desde el primer capítulo, incluso desde el título, para ser exactos. Esas tesis, sin embargo, se traslapan muchas veces a lo largo de las visiones y las numerosas referencias que su autor despliega a lo largo del libro, y que tiene el valor, además, de hacerlo desde la primera persona del singular que no pierde nunca porque es sólo desde ahí, desde donde García Villegas las va trayendo a su pensamiento, para que lo ayuden, a ser aún más elocuente. Simplemente las va invitando sin previo aviso a la larga y serena pero febril cabalgata de su escritura.El libro es un bello breviario de la naturaleza humana. Diría que es una clase de historia constante que abre el apetito del lector sin hostigarlo. Y todo gracias a la enorme variedad de bocados que nos ofrece. Es tan así, que de repente aparecen casi de la nada noticias y narraciones variadísimas que van desde Los Ejércitos de Evelio José Rosero, las mariposas monarca que migran desde Canadá hasta el centro de México y se demoran generaciones en llegar, Las Cartas Persas de Montesquieu como un testimonio precioso del valor para nuestra propia identidad de la mirada ajena, la serie televisiva Viaje a las Estrellas, las fábulas de Esopo, o los vanos pero apasionantes esfuerzos del filósofo austríaco Wittgenstein por purificar de metafísica el lenguaje; hasta el viaje increíble de Abraham a la vida eterna desde su natal Ur, o el regreso de Agamenón a Argos para morir a manos de su esposa, o la cultura woke, mampostería de cartón y paja más que otra cosa, o los desvelos de los filósofos presocráticos por develar el cosmos, o la estética mafiosa de los narcos. Son sólo unas pocas muestras de la rica flora alimenticia que crece de repente en las páginas del libro.Pero claro, todos estos bocados y los muchos otros que el libro ofrece, como unos estupendos entremeses de debates de estudiantes del autor que se transcriben literalmente, no están puestos al azar en la tersa prosa del recorrido que el lector, una vez ha empezado a caminar el libro, ya no puede dejar de andar. O porque sí. O para hacer gala de una falsa ilustración. Nada de eso. Estan allí porque García Villegas ha escogido minuciosamente todas sus referencias y su duración, sin que haya el más mínimo sobresalto en la narración o en las ideas. Siente uno que lo hace para conversar abiertamente con el delgado pero acerado hilo conductor que irriga el libro de principio a fin.Quizás ese hilo sea un río tan brioso como manso y lleno de meandros peligrosos, y que no es nada distinto a la inocultable fractura de la racional promesa anhelada, al parentesco estrecho y misterioso entre la ficción, el arte y la ciencia, al divorcio del espíritu y la tecnología, a la certeza de que cada vez nos queda menos tiempo y menos esperanza en medio de tanto desconcierto y tanta confusión alborotada, pero que, por fortuna para los que están por venir, aún quedan.Conoce más