En la consulta de una mujer adulta con diabetes, las cifras mandan: glucosa, hemoglobina glicosilada, peso… Pero hay otra conversación que rara vez ocurre, la que tiene que ver con el insomnio, la sexualidad, el cansancio o la sensación de pérdida de control. En mujeres con diabetes que atraviesan la menopausia, esa conversación es clave; sin embargo, en la mayoría de los casos sigue pendiente.La menopausia no es solo el cese de la menstruación, sino un cambio endocrino profundo que altera la sensibilidad a la insulina, favorece la acumulación de grasa abdominal y complica el control glucémico. En mujeres con diabetes, estos efectos pueden traducirse en fluctuaciones de la glucosa, hipoglucemias impredecibles o la necesidad de intensificar el tratamiento.Para estas mujeres, la menopausia no llega sola, sino acompañada de más incertidumbre y exigencias en el control de su enfermedad crónica. Desde la Sociedad Española de Diabetes (SED), los profesionales llevan tiempo advirtiendo de que el sistema sanitario no está preparado para abordar esta etapa en las personas con diabetes de una manera integral. Falta tiempo, faltan preguntas —sobre todo las incómodas— y, en demasiadas ocasiones, falta perspectiva de género.Asimilación de la glucosaLa caída de los estrógenos modifica la sensibilidad del organismo a la insulina y favorece algunos cambios en la composición corporal que pueden influir en el manejo de la diabetes, explica el doctor Miguel Ángel María Tablado, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y miembro del Grupo de Trabajo ‘Mujeres y Diabetes’ de la Sociedad Española de Diabetes. “Es importante considerar el momento del ciclo vital en el que se encuentra cada mujer, el tipo de diabetes, el tratamiento, el contexto social y la propia vivencia de la mujer; por eso el abordaje debe ser siempre individualizado y centrado en las necesidades concretas de cada paciente”, indica el experto.Tablado añade que hay dudas sobre la asimilación de la glucosa en esta etapa. “Parece que inicialmente puede haber una disminución del metabolismo basal, con una diferente distribución de la grasa que hace que la mujer gane peso, incluso con la misma alimentación y ejercicio”. En este sentido, subraya que “la monitorización continua de glucosa puede ser una herramienta muy útil para comprender estos cambios y ajustar el tratamiento con mayor precisión”.El impacto de las hormonasPor su parte, la psicóloga sanitaria y psicoterapeuta familiar, Iratxe Vilariño, especializada en diabetes y también miembro del Grupo ‘Mujeres y Diabetes’ de la SED, explica que el inicio de la menopausia en mujeres con diabetes suele manifestarse con señales sutiles pero importantes como la pérdida de estabilidad glucémica, una mayor variabilidad sin cambios aparentes en la rutina diaria o la aparición de hipoglucemias impredecibles. “A todo esto hay que sumar el impacto que puede causar el insomnio y la fragmentación del sueño, frecuentes en esta etapa, que favorecen la resistencia a la insulina y contribuyen a empeorar las glucemias matutinas”, asegura.Un indicio significativo es la necesidad progresiva de intensificar el tratamiento para mantener los objetivos que previamente se controlaban sin dificultad. Esta percepción clínica está respaldada por un estudio publicado en 2025 en la revista Diabetologia que reveló que el 67,4 % de las mujeres posmenopáusicas con diabetes tipo 1 experimentaron un empeoramiento moderado o severo del control glucémico durante el climaterio, con un aumento de las hiperglucemias así como hipoglucemias impredecibles.En la menopausia puede haber una disminución del metabolismo basal, con una diferente distribución de la grasa que hace que la mujer gane pesoMiguel Ángel María TabladoMiembro del Grupo de Trabajo ‘Mujeres y Diabetes’ de la SEDEn paralelo, “metaanálisis de ensayos clínicos apuntan a que la terapia hormonal puede mejorar los parámetros metabólicos, reduciendo la hemoglobina glicosilada y la glucosa basal, lo que refuerza el papel del déficit estrogénico en este deterioro; aunque cualquier intervención siempre hay que individualizarla”, sostiene Vilariño.La opción más eficaz para aliviar los síntomas de la menopausia en cualquier mujer sigue siendo la terapia hormonal, ya que actúa directamente sobre la caída de las hormonas femeninas. Este tratamiento, bien la administración única de estrógenos o combinado con progestágenos, cuando es necesario, ha demostrado ofrecer los mejores resultados en el control de la sintomatología.La terapia hormonal combate la sintomatología de la menopausia. HighwaystarzLee tambiénPese a estas evidencias, desde la SED alertan de que la terapia hormonal sustitutiva se administra a menos de la mitad de las mujeres con esta condición y menopausia, en comparación con las que no tienen diabetes. Si bien es cierto que “hay que tener en cuenta el efecto de las hormonas a nivel cardiovascular y el posible riesgo trombótico en cada mujer en concreto, esta terapia no está contraindicada”, apunta Tablado. Más bien se trata del miedo de los profesionales a tratarlas.Al usar las hormonas de sustitución, también es importante ajustar la terapia antidiabética, priorizando fármacos que tengan un menor impacto sobre la masa ósea, el riesgo de infecciones genitourinarias o las hipoglucemias. La clave está, tal como insiste el médico de Atención Primaria, en individualizar el tratamiento de cada paciente para saber si se puede utilizar o si es mejor utilizar otros recursos sin efectos adversos en el control metabólico y riesgo cardiovascular.Síntomas que se silencianEl impacto de la menopausia en mujeres con diabetes va mucho más allá del control glucémico y ha dejado al descubierto la falta de atención que hay sobre algunos síntomas que se minimizan o, directamente, se pasan por alto. Por ejemplo, los sofocos, la sudoración nocturna o la fatiga, típicos del climaterio, pueden confundirse con episodios de hipoglucemia, pero son aspectos que pocas veces se abordan en la consulta.El insomnio, otro síntoma frecuente, no responde a una única causa, ya que puede estar relacionado con cambios hormonales como el descenso de melatonina hipofisiaria, pero también con preocupaciones emocionales y sociales propias de este momento vital, además de episodios de hipo o hiperglucemia que alteren el descanso, indica Tablado. Irritabilidad, ansiedad, tristeza o depresión son otros síntomas que pueden aparecer en la menopausia que, en el contexto de la diabetes, pueden producir una sensación de pérdida de control sobre la enfermedad, añade Vilariño.En general, la transición menopáusica conlleva cambios hormonales, metabólicos y psicoemocionales que repercuten directamente tanto en la variabilidad glucémica como en la capacidad de autocuidado. “El llamado distrés diabético, junto con la ansiedad o la depresión, puede comprometer la adherencia al tratamiento y el bienestar global”, indica la psicóloga sanitaria.La salud sexual es otro factor a tener en cuenta, dado que la disminución de estrógenos puede provocar sequedad vaginal, dolor en las relaciones o pérdida de deseo, con consecuencias emocionales y relacionales significativas. “De ahí que exista un consenso creciente en la necesidad de un abordaje multidisciplinar que integre salud mental, descanso y salud sexual dentro del manejo habitual de la diabetes durante la menopausia”, concluye Vilariño.Juicios y prejuiciosEn este escenario, Karla Meneses, doctora en Antropología, nutricionista especializada en diabetes y coordinadora del Grupo ‘Mujer y Diabetes’ de la Sociedad Española de Diabetes, hace hincapié en la necesidad de incorporar la perspectiva de género en el abordaje de esta enfermedad. “Es primordial integrar en la atención sanitaria aspectos que atañen directamente a la mujer. Desde cómo se manifiesta y diagnostica la diabetes en las mujeres, hasta cómo se integra a la vida de cada una de ellas”, asevera.Existe una creciente evidencia científica que pone de relieve la importancia de considerar de manera especial a la mujer con diabetes. De hecho, aunque ellas tienen un riesgo diferencial de desarrollar esta enfermedad, hay un retraso promedio de 4,5 años en el diagnóstico de la diabetes tipo 2 frente a los hombres. La mayor prevalencia de estos infradiagnósticos se da a partir de los 60 años en la tipo 2 y de los 70 en la diabetes total.Es primordial integrar en la atención sanitaria aspectos que atañen directamente a la mujerKarla MenesesDoctora en Antropología, nutricionista especializada en diabetes y coordinadora del Grupo ‘Mujer y Diabetes’ de la SEDTambién hay estudios que reflejan que ser mujer y tener diabetes son factores de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, genitourinarias, depresión y ansiedad, trastornos del sueño y problemas de conducta alimentaria. “Incorporar una perspectiva de género implica comprender que muchas mujeres mayores llegan al climaterio tras años de cuidados invisibles y sobrecarga física y emocional, por lo que el acompañamiento debe ser más integral y humanizado”, concluye Meneses.Teniendo esto en mente, “la menopausia no puede entenderse únicamente como un proceso biológico. Muchas mujeres atraviesan esta etapa sintiendo una pérdida de visibilidad social y una fuerte presión cultural ligada al envejecimiento, la productividad y los ideales de feminidad, lo que afecta directamente en su bienestar emocional y en el manejo cotidiano de la diabetes”, subraya Meneses. Esta experta, además, pone sobre aviso de que “uno de los grandes déficits en su manejo sigue siendo la falta de atención a las experiencias vividas de las mujeres”, ya que los síntomas “se minimizan o se interpretan solo desde parámetros biomédicos, dejando fuera su dimensión emocional y social”, indica la doctora.La diabetes cambia la manera en la que las mujeres viven esta etapa. Getty ImagesLas propias mujeres “con frecuencia normalizan el cansancio, el insomnio o el malestar emocional porque históricamente se les ha enseñado a sostener y priorizar las necesidades de otras personas antes que las propias”, continúa la especialista. “Esto puede retrasar la identificación de los propios síntomas que les están afectando tanto al control glucémico como a su calidad de vida”. Meneses se muestra rotunda al señalar que “reconocer el malestar y legitimarlo también forma parte del cuidado”.Apostar por una atención integralA su juicio, este sesgo no solo afecta a la consulta, sino también a la investigación y al diseño de estrategias terapéuticas; por ello, defiende que es imprescindible avanzar hacia un modelo que reconozca estas diferencias y genere “espacios de información claros, accesibles y libres de estigmas”, donde las mujeres puedan comprender y decidir sobre su salud sin miedo ni culpa.En definitiva, tratar este trastorno metabólico en la menopausia va más allá del control metabólico. El verdadero reto está en abordar de forma integral lo que ocurre en el cuerpo de esas mujeres más allá de las cifras de la glucosa, la hemoglobina glicosilada y el peso, porque cuando la atención se limita a los datos, se invisibiliza una parte esencial de la enfermedad que impacta directamente en la calidad de vida de estas mujeres.
“Puede que la mujer gane peso incluso con la misma alimentación y ejercicio”: tener diabetes impacta en la menopausia, pero se invisibiliza
El impacto de la caída de los estrógenos en la asimilación de la glucosa amplifica los retos a los que tienen que enfrentarse millones de mujeres para mantener a raya la enfermedad









