La DANA de Valencia del 29 de octubre de 2024 dejó una profunda huella psicológica en muchos menores. Este impacto ha obligado a los colegios a implementar acciones terapéuticas para gestionar el trauma en las aulas. Un cuidado que se viene ejecutando en paralelo a la reconstrucción de las instalaciones dañadas por la inundación.En este escenario, el acompañamiento de Fundación Naturgy en cerca de 130 colegios afectados combina educación y práctica: materiales y actividades para el aula, formación al profesorado y pautas de eficiencia que mejoran el uso de la energía en el día a día del centro. Estas mejoras optimizan el consumo y suponen un ahorro que las escuelas pueden reinvertir, por ejemplo, en apoyo emocional al alumnado.Cartas que acompañan«¡Ánimo Valencia!», «¡Vosotros podéis!». Marta Cerrada, maestra de infantil y primaria, está sola en la penumbra del aula. En su mesa tiene sobres llegados desde Madrid, Barcelona, Murcia… Son cartas decoradas con corazones escritas por niños y niñas de toda España. Estos mensajes forman parte de la riada de solidaridad que inundó el CEIP Ana Lluch de Cheste tras la DANA que, según UNICEF, afectó a más de 160.000 menores.“Hola, me llamo Carmen y me gustaría deciros que sois muy valientes. Un abrazo enorme”, Marta lee en un susurro el mensaje de esta niña de 6 años, mientras fuera, el griterío de los alumnos le indica a Julio, el conserje de toda la vida, que es hora de pulsar el botón que anuncia el comienzo de las clases. Pero en este colegio el timbre no es una vibración estridente, suena con riff de teclado y guitarra. Es Walk of Life, de Dire Straits. “Así también aprenden buena música en el colegio”, apostilla Julio, orgulloso de su genial idea.Marta dialoga con tres de sus alumnosNolichLa guitarra de Mark Knofler funciona como metáfora resiliente: Igual que el músico protagonista de la canción, estos pequeños aprenden con cada paso que dan que el camino de la vida (The Walk of Life) les obliga a seguir andando. “Es que con lo pequeñitos que son, ya les ha tocado vivir situaciones muy duras”, dice Marta. “Han madurado antes de tiempo. Pero no dejan de ser niños y algunos lo siguen pasando mal”. Por eso la clase de hoy está dedicada al recuerdo. Releen las cartas que recibieron y expresan sentimientos. “Es fundamental escucharles”, explica Marta. “Nos da mucha información para saber si van superando los traumas que les dejó la DANA”. El día que el agua entróEl día de la DANA, Marta era jefa de estudios y fue la primera en llegar. Su actuación fue rápida. Cerró el colegio y devolvió a los alumnos a sus casas, alertada por los avisos meteorológicos y por propia intuición.Cuando el barranco del Poyo se desbordó, el agua arremetió como una maza de demolición contra el muro del colegio, que cedió como si fuera un decorado, desplomándose sobre el patio y abriéndose paso de forma salvaje hacia el interior. La riada anegó por completo las instalaciones del CEIP Ana Lluch de Cheste.Alumnos del CEIP Ana Lluch de ChesteNolichHoy ese muro está otra vez en su sitio. Es blanco por el lado que da a la calle y en su cara interior hay dibujados arcoíris. Marta observa ese muro desde el aula en la que sus alumnos juegan con las cartas que recibieron hace más de un año. “Es importantísimo para la salud mental de los niños recuperar los espacios del colegio. Retomar la normalidad y la rutina es lo que nos ha permitido poder dedicarnos otra vez a ellos y a enseñar”. Ahorrar energía para cuidarEn esta reconstrucción, la labor de Fundación Naturgy, en el marco del plan Sumando Energías por Valencia, ha sido clave. En el CEIP Ana Lluch y en unos 130 centros educativos de la provincia. La idea de fondo es sencilla, pero perfecta. Eva Buch, directora de Educación y Divulgación de Fundación Naturgy, lo resume así: “Vimos claro que no podíamos dejar de lado el eje de la educación. Queríamos que los colegios salieran de esta situación con mayor resiliencia y siendo mejores de lo que eran antes de la catástrofe”.No es una medida estética. Es un apoyo solidario, educativo y sostenible. “La Fundación nos da recursos que nosotros no tenemos”, reconoce Marta. La lógica es inapelable: se ha ayudado a los colegios con la reconstrucción sostenible de sus instalaciones mediante la puesta en marcha de paneles solares y aislamientos adecuados. De este modo, el ahorro en la factura se libera para financiar acciones como, por ejemplo, la clase de apoyo psicológico de hoy.Eva Buch, directora del área de Educación y Divulgación de Fundación NaturgyNolichUna palabra: esperanza“Ahora quiero que penséis en una palabra que os recuerde lo que vivisteis los días de la DANA”, dice Marta a sus alumnos. Es el turno de Iván, un niño de 11 años que parece pequeño y grande al mismo tiempo, quizás porque ya conoce el temor y ha aprendido a convivir con él. Iván responde: “Miedo”. “¿Y ahora cómo te encuentras?”, pregunta Marta. “Medio, medio”, responde Iván. “Porque ahora tengo miedo cuando hay tormenta”.Las palabras caen una a una, sin que un niño pise la voz de otro. Y tienen una música particular, como si cada palabra dicha fuera una despedida. “Colapso”, dice Celia. Omar; “barro”, y luego “ruido”, “dolor”, “destrucción”, “insomnio…” Hasta que llega el turno de Marta, que escribe “esperanza” en la pizarra. “Porque la esperanza es lo que nos ayuda a seguir adelante”. Y lo dice con un quiebro en la voz, quizás porque a pesar de ser “esperanza” la palabra más larga de todas las dichas hoy en esta clase de primaria, es también la única que permanece en el aula. Sumando Energías por ValenciaEl sol como motor de resilienciaLa intervención de Fundación Naturgy en el CEIP Ana Lluch de Cheste forma parte del programa estratégico Sumando Energías por Valencia, una iniciativa llevada a cabo en alrededor de 130 centros educativos como el CEIP Ana Lluch de Cheste que se basa en un acompañamiento educativo que convierte la energía en aprendizaje y en futuro: formación y recursos para el profesorado, actividades en el aula y dinámicas que implican a toda la comunidad escolar.En 40 de estos centros, además, se despliega una acción especial que hace el aprendizaje tangible: una instalación fotovoltaica de autoconsumo, materiales y retos de aula, una canción colaborativa y una exposición que recoge todo el proceso. Es un aula viva: los alumnos aprenden con datos reales, proponen mejoras y ven cómo sus decisiones cuentan. Y el ahorro energético que se genera abre un margen para que cada colegio lo reinvierta en lo que más necesite.