Aquel día, el galerista Jorge Alcolea presentaba una exposición del italiano Fabio Colella en su sala de la calle Johann Sebastian Bach de Barcelona. Era sábado y por casualidad estaba de guardia con Cristina Jolonch, y Ramon Suñé al frente de la sección de Vivir de La Vanguardia. Llevaba conmigo a Simón y Lola y acepté la invitación de escaparme a disfrutar de las pinturas y compartir un plato de pasta que el pintor había cocinado allí mismo para celebrar la muestra. El plan era inmejorable y sobre las cuatro y media estaría en la redacción.Las fotografías de las mesas cubiertas con manteles sicilianos de cuadros rojos y blancos me ayudan a ser precisa en las horas. Ni probé la pasta que me sirvió Alcolea a las tres de la tarde. La guardia me obligaba a estar pendiente del teléfono. Recibí el mensaje de una conocida que me aseguraba que Isak Andic, el dueño de Mango, había muerto en un accidente de montaña en Montserrat. Solo lo comenté con Alcolea, que como muchos de los presentes aquella tarde en la galería conocía personalmente al fallecido, mecenas y apasionado del arte.Cargué a Simón y Lola en la mochila con la que viajan en moto y nos fuimos a la redacción de La Vanguardia. Escribí a mi director, Jordi Juan, tras confirmar con dos fuentes policiales la identidad de la víctima, y me advirtieron de que el cuerpo todavía no había sido rescatado. Fuentes de Mango confirmaron la muerte de Isak Andic a mi director y a las 16.05 h terminaba de redactar la primera de las crónicas que firmaría en los siguientes 14 meses sobre las circunstancias que han rodeado el fallecimiento del que fue el hombre más rico de Catalunya.El galerista Jorge Alcolea, de pie en el centro, en el estreno de la muestra del pintor italiano Fabio Colella, el 14 de diciembre del 2024 Mayka Navarro“El dueño de Mango muere al caer de una altura de 150 metros en las minas de Collbató”, titulé aquella primera crónica para la web. Acompañaba la información de una imagen que ya se ha convertido en el símbolo del legado de Andic, un retrato reciente en blanco y negro en el que el empresario turco afincando en Barcelona miraba con dulzura a la cámara. En esa primera información aseguraba que la víctima, que había resbalado y caído al vacío, estaba acompañado de su pareja Estefanía Knuth y del mayor de sus hijos, Jonathan Andic.La relevancia económica y social del fallecido, buen amigo además del editor del Grupo Godó, Javier Godó, obligaba a dimensionar la noticia en la edición de papel y dedicarle al suceso y al personaje y su trayectoria varias páginas del periódico. A medida que avanzaba la tarde, tiré de agenda y empecé a enviar mensajes a las fuentes. Esa tarde era imposible acercarse hasta el camino de Collbató. A mediados de diciembre oscurece con rapidez y ya sabía por policías y compañeros de las televisiones que los Mossos d’Esquadra habían cortado el acceso al punto en el que se había producido la caída.Nunca antes había transitado esa ruta de montaña, ni siquiera de pequeña con mi colegio de Baró de Viver, como es costumbre ahora que la hagan numerosos estudiantes para visitar las cuevas del Salnitre. Estaba segura de que alguno de mis hermanos, Alberto o Iñaki, vecinos de la zona, conocerían el camí de les Feixades de Montserrat. Y así fue. Tanto uno como el otro, como sus mujeres, Gloria y Esther, habían hecho infinidad de veces el camino y no engaño si digo que fueron los primeros que mostraron su extrañeza. “¿Es complicado el camino?”, pregunté. “Qué va. Si se celebra incluso una marcha nocturna que reúne a un montón de personas todos los años”. Ellos fueron los primeros en destacar la facilidad de la ruta. Los siguientes fueron los mossos que llegaron al lugar y que compartieron sus dudas a sus superiores.La primera noticia, sobre la muerte de Andic, que tiré a través de la web de 'La Vanguardia'Las dos primeras páginas dobles de La Vanguardia al día siguiente trasladaron a los lectores los mismos interrogantes que verbalizaron los primeros policías. Sin paños calientes, pero con prudencia. El hombre más rico de Catalunya había muerto al precipitarse al vacío en un camino, tipificado de seguro por el Patronat de la Montanya de Montserrat, y en el que no había constancia de que se hubiera caído antes nadie. Dudas que vinieron acompañadas de un sinfín de comentarios intencionados que empezaron a llegar sin pedirlos sobre unas relaciones, las de padre e hijo, que visto lo visto eran del dominio de media Barcelona. De repente muchos presuntos amigos de la víctima estaban dispuestos a contar, sin ser citados, episodios que habían vivido en primera persona.En aquella primera crónica se hacía referencia a las buenas condiciones del camino, a esas relaciones complejas entre el padre y su hijo, a esa crisis que vivieron ambos cuando Isak dejó la empresa bajo la tutela del hijo varón para concederse un año sabático y dar la vuelta al mundo en su velero. Y como durante la ausencia del patriarca, la empresa empezó a hacer aguas hasta que decidió retomar el timón.Pero también hubo gente, como un abogado buen amigo de Jonathan Antic, que desmentía esa relación perversa a la que la gente hacía referencia y que recordaba un reciente viaje a Roma de todos los miembros de la familia.Aquella primera crónica supuso una sacudida en la sociedad catalana, porque en las páginas del diario en el que uno de los buenos amigos de Isak Andic, Javier Godó, mostraba su dolor al perder a un ser brillante, se planteaban dudas sobre la naturaleza del accidente. Porque ese fue el término que durante muchos meses se utilizó y se verbalizó: accidente de montaña. Pocas veces una noticia generado a mi alrededor tantas llamadas interesándose por lo que no desvelaba y callaba. La crónica planteaba además que de los apenas cinco kilómetros del recorrido, el único punto sin protección era en el que se precipitó al vacío Isak Andic.No iba a ser el seguimiento de un caso más y de eso las periodistas de sucesos no tardamos en darnos cuenta. Había demasiado interés y curiosidad en seguir de cerca el trabajo policial y sobre los movimientos del hijo. La muerte de Isak Andic se judicializó, el informe de la autopsia llegó al día siguiente, y la jefatura de la policía catalana coincidió con el comisario al frente de la comisaría general de investigación criminal que lo mejor era mantener el caso limitado a la unidad de investigación de Martorell. Y que fueran exclusivamente los policías de esa unidad los que estuvieran al corriente de los avances de la causa.Tal fue el blindaje que cuando el caso, que policialmente nunca estuvo detenido, se reactivó judicialmente, el instructor de las diligencias acordó con sus superiores seguir escribiendo el atestado fuera de los servidores de los Mossos para evitar cualquier tentación de inclusión en unas diligencias de las que han estado al tanto cuatro: los investigadores y el jefe de la comisaria de Martorell. Durante los primeros meses el comisario jefe de la región metropolitana sur también estuvo al tanto, pero se le retiró de la cadena de comunicaciones.'Simón' y 'Lola', conmigo en la redacción de 'La Vanguardia'Ni el comisario al frente de los Mossos, Miquel Esquius, ni el director de la policía, Josep Lluís Trapero, y evidentemente tampoco la consellera de Interior, Núria Parlón, estuvieron informados puntualmente de los avances de la investigación por la muerte de Andic. “Elevar exclusivamente lo que se considere que tenemos que saber”, trasladaron a los investigadores. Era la mejor manera de no mentir cuando eran bombardeados a preguntas por curiosos.Sí se trasladó una consigna a los investigadores. Que todas las diligencias, incluso aquellas que no requieren autorización judicial, estuvieran acompañadas de un escrito motivado destinado a la jueza.Solo ese blindaje, de los más férreos que recuerdo en más de tres décadas de profesión, provocó que el martes, cuando Jonathan Andic fue detenido y la jueza tuvo a bien compartir el auto de prisión eludible con fianza, la sorpresa fuera generalizada. Nadie conocía los indicios que los investigadores habían reunido en 14 meses. Se sabía que habían habido contradicciones en sus declaraciones, el cambio de teléfono móvil, unas relaciones complicadas de padre e hijo, pero el detalle con el que la jueza enumeró los indicios dejó a muchos boquiabiertos.El supuesto resbalón de Isak Andic y su chaqueta, en una imagen avanzada por La VanguardiaLVCada suceso tiene sus particularidades y las del gremio solemos contar que cada una tiene a unas víctimas que la acompañan de por vida. En mi mochila viajan conmigo Cristina Bergua, Ana María Páez, Diana Quer, Gabriel, Paula y Marc... No hay dos coberturas iguales, pero sí una misma necesidad de respetar la presunción de inocencia y no precipitarse en el momento de publicar. La investigación de la muerte de Isak Andic tiene a todo un país en vilo pendiente de saber si su hijo le empujó aquella mañana del 14 de diciembre del 2024 en Montserrat.A su pesar, pase lo que pase, sobre Jonathan Andic siempre sobrevolará una sombra de duda de la que no se podrá desprender. Casi todo el mundo tiene formada una opinión de lo que ocurrió allí arriba. Durante mucho tiempo los investigadores aseguraban que no tenían la certeza de lo que ocurrió aquella mañana en Montserrat. Pero sí la convicción de que lo que les había contado Jonathan Andic no se correspondía con la verdad.En estos últimos meses me he cruzado varias veces con Jonathan Andic. Una vez incluso compartimos el mismo ascensor del edificio Godó, que a él le trasladó, como prácticamente todas las semanas, a la octava planta, en la que tiene el despacho su abogado, Cristóbal Martell, y a mi a la séptima, donde se ubica la redacción de mi Vanguardia. Extremadamente tímido, me consta que en algunos de esos encuentros temió que yo me acercara a preguntarle directamente por el caso. Ni se me pasó por la cabeza.Lee tambiénDebato mucho con un grupo de excelentes periodistas sobre el oficio y también sobre la vida. El auto judicial por el que la titular del juzgado cinco de Martorell envió a prisión eludible de fianza a Jonathan Andic es demoledor, pero la defensa asegura que tiene margen para rebatir los indicios. Y lo harán con argumentos que, hasta el momento, el acusado no ha sido capaz de trasladar con convicción, ni credibilidad ni a los investigadores, ni a la juez, ni a la fiscal.Para la magistrada y la fiscal, los indicios reunidos hasta la fecha por los Mossos son suficientes para acusar de homicidio al hijo de Isak Andic, al entender que no se pudo caer accidentalmente. La defensa tratará de demostrar que sí es posible precipitarse de forma accidental en ese camino.Quedan por delante unos meses intensos, con innumerables visitas a los lamentables juzgados de Martorell y alguna que otra nueva visita al camino de las minas de Collbató. Cuando el caso se reactivó judicialmente, un responsable policial dijo que Isak Andic merecía llegar hasta el final, ante la más mínima sospecha. Y sus investigadores, a medida que avanzaban, incrementaban sus dudas sobre lo que hizo el sospechoso aquella mañana. De la misma manera que fuimos de los primeros en dirigir la mirada hacía Jonathan Andic por las sospechas que él mismo provocó desde el primer momento, detallaremos el relato armado por la defensa del acusado. La familia Andic cree firmemente en su inocencia.Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender
El día del ‘accidente’, por Mayka Navarro
Aquel día, el galerista Jorge Alcolea presentaba una exposición del italiano Fabio Colella en su sala de la calle Johann Sebastian Bach de Barcelona. Era sábado y por casualidad estaba de guardia con Cristina Jolonch, y Ramon Suñé al frente de la sección de Vivir de La...














