El punto de partida no fue la búsqueda de un rótulo rimbombante ni la imposición de nombres "consagrados". Para el arquitecto Guillermo Patiño, curador de la exhibición que aloja Cultura Viva (en Anchorena 664, Abasto), el verdadero vector de la convocatoria fue la experiencia.Por eso, la muestra se titula "La autoridad del tiempo" y es nada menos que una reunión de creadores que comparten décadas de oficio, la docencia o el rol como jurados en diversos salones.Así, la convocatoria congrega a Alejandro Badillos, Gonzalo Agustín Álvarez, Jorge Aragone, Willy Blanco, Nicolás Cuevas, Karina del Savio, Miriam Di Fiore, Miguel Díez, Rubén Fasani, Natalia Gerschcovich, Silvia Holcán, Silvia Levenson, Verónica Martínez, Mariela De Maio, Rita Neumann, Eduardo Nieto, Antonella Perrone, Ana Laura Quintana, Cristina Romero y Sofía Villamarín. A través de este heterogéneo conjunto de miradas, la exhibición indaga en las posibilidades expresivas y el cruce conceptual de la materia. El motor radica en la diversidad de escalas (desde piezas meticulosas y diminutas hasta grandes formatos) y en el despliegue de las distintas técnicas.Cruces con la arquitectura y catarsis materialLa arquitectura se hibrida de manera natural en el recorrido como reflejo de la biografía del curador, y por eso, la presencia del vitral inunda la sala. "Empecé estudiando arquitectura, me enamoré del gótico y al año conocí a mi socia, que era vitralista. Así que empecé a estudiar vitral. Hay muchos vitralistas porque tiene que ver con mis inicios y con la arquitectura", repasa Patiño. Esa ligazón se evidencia en propuestas como la de Rubén Fasani, ubicado al comienzo del recorrido, de un lado de la vidriera, sobre quien el curador destaca que "trabaja el vidrio casi en bruto. Me parece muy arquitectónico y logra piezas de una gran impronta a través del termomodelado".En el otro extremo se ubica Miguel Díez, un referente de larga trayectoria de quien Patiño señala que "su obra indaga en la delgada línea entre el inicio y el fin, habla de la vida y la muerte". Y, parándose sobre una pieza de un fuerte impacto visual que muestra a niños con los ojos vendados, aclara: "se trata del abuso".Un mapa de investigación técnica y ecologíaLa exhibición también funciona como un mapa de investigaciones técnicas contemporáneas. Es el caso de Miriam Di Fiore, una creadora argentina radicada en Italia que presenta un estudio de horneadas sucesivas. Su trabajo carga con un fuerte componente ecológico: "Ella le dedica mucha obra a los bosques que se perdieron o que se salvaron". Por su parte, Karina del Savio presenta piezas que demandan un riguroso proceso de recocido de tres días en el horno. Su obra convive con la técnica de pâte de verre (pasta de vidrio) trabajada por Ana Laura Quintana, donde el material se reduce a polvo.La memoria social, el paisaje y la ecología insisten en otros espacios de la muestra. Rita Neumann exhibe composiciones resueltas mediante la técnica de casting (fundición en molde). A su vez, Mariela De Maio desdobla su propuesta en la sala a través de dos potentes operaciones espaciales. Por un lado, una instalación dispuesta en el piso que evoca el paisaje local. "Es un homenaje al Río de la Plata”, apunta Patiño sobre la obra "Garúa sobre el río del recuerdo", realizada en vidrio termofromado y espejado. Y por el otro, una serie de texturas que emulan la corteza de árboles muertos, como parte de un proyecto dedicado al Impenetrable chaqueño y a la problemática de la deforestación.Eduardo Nieto aporta una pieza basada en la transferencia fotográfica sobre una base impresa en tres dimensiones, mientras que Silvia Holzkan asombra con un tratamiento donde la pasta de vidrio parece emular la liviandad y la trama del papel artesanal, horneado con delicadeza.Relatos biográficos e identidad popularEl cruce generacional y los relatos biográficos aportan otras capas de lectura. Nicolás Cuevas recupera sus raíces indígenas a través de obras que remiten a quipus y tejidos originarios, vinculando la muerte y la vida en piezas de vidrio vertido. Cuevas también presenta una obra en conjunto con Antonella Perrone (quien exhibe piezas realizadas durante una residencia en China empleando varillas e insumos locales), donde un nido confeccionado con mostacillas resguarda un huevo de vidrio que lleva inscrito en su interior un poema de Alejandra Pizarnik. El simbolismo de la mariposa reaparece allí como una metáfora de lo efímero de la belleza y la juventud, pero también como representación del espíritu.Por su parte, Jorge Aragone (quien regresó transitoriamente de Barcelona con su obra a cuestas) apela a vitrales ejecutados con vidrios marmolados y de época, incorporando iconografías populares locales como El Eternauta o el Corto Maltés.El paso del tiempo y las marcas físicas sobre la materia se vuelven explícitos en las obras que abren el diálogo hacia la tradición y la ruptura del vitral clásico. Patiño destaca la propuesta de Alejandro Badillos, titulada El espejo, un vitral nuevo resuelto mediante grisallas serigrafiadas sobre vidrio donde el autor decide conservar adrede las marcas de suciedad, plásticos y telarañas, permitiendo que la degradación juegue a favor del concepto. En una sintonía cercana de pintura minuciosa sobre el plano, Gonzalo Agustín Álvarez aporta un sensible retrato familiar pintado al fuego a partir de una fotografía de su padre, mientras que las búsquedas estéticas de Natalia Gerschcovich enriquecen la heterogeneidad de un recorrido que cuenta además con los universos simbólicos en una pieza colgante firmada por Pablo Schapira.Microcosmos, juego y memoria geopolíticaLa destreza pictórica sobre el vidrio plano se consolida con Sofía Villamarín, una artista que trabajó en la prestigiosa Casa Mayer de Alemania (un taller con tres siglos de tradición en vitrales tradicionales y contemporáneos) y que actualmente colabora en el estudio de Aragone. Villamarín interviene el vidrio común de ventana con una técnica de pintura al fuego. El recorrido se abre también a escalas lúdicas y microcósmicas. Cristina Romero tensiona el material a través del trabajo a soplete con varillas muy finas, aplicadas tanto a la joyería como a micromosaicos de composiciones milimétricas. También están las cajas de formato pequeño de Willy Blanco (quien juega con las manchas, el vidrio pintado y los textos fragmentados para despertar la curiosidad del espectador) y con una pieza de Silvia Levenson, figura histórica y formadora de creadores, cuyo discurso conceptual e ideológico ha estado históricamente comprometido con la denuncia de la violencia de género y la memoria política.La instalación del propio Guillermo Patiño sella la declaración de principios de la muestra: una combinación de durmientes de quebracho (que fueron parte del circuito ferroviario), vidrio y hierro.La obra reflexiona sobre la matriz geopolítica y económica argentina, estructurada a partir de la explotación de recursos y el trazado ferroviario hacia el puerto. Es una pieza donde el tiempo dejó su huella física mediante la oxidación y el desgaste. En conjunto, "La autoridad del tiempo" deja que sea la propia materia la que narre su proceso de transformación histórica.
El vidrio como lenguaje para el arte en una muestra que cruza arquitectura, memoria y registro histórico
“La autoridad del tiempo”, con la curaduría del arquitecto Guillermo Patiño, desafía los límites del material a través de la investigación y el cruce de escalas. La exhibición, que reúne a 20 artistas de distintas procedencias, se puede visitar hasta el 31 de mayo.











