Cuando el cómico Matteo Lane actuó en el programa de Seth Meyers en 2016 comenzó pidiéndole a la audiencia que aplaudiera si oía su “voz gay”. Un año antes, el presentador de un late night (cuyo nombre no ha querido revelar) le dijo que hacía “demasiados chistes gays”. Y como jamás hay demasiados ni suficientes chistes gays, continuó haciéndolo. El italiano es hoy una de las voces más aclamadas de la comedia y ha pasado por programas como The Late Show with Stephen Colbert, Jimmy Kimmel Live y The Daily Show. Con motivo de su paso por Barcelona en su gira We Gotta Catch Up!, nos reunimos con él horas antes de su show para hablar del machismo italiano, de las ¿nuevas? masculinidades y de tartas de queso. Ha dicho que lo habitual en sus shows es que, de haber un hombre heterosexual en la sala, es el acomodador. Creo que cada vez más hombres heterosexuales comienzan a venir a mis shows. Siempre hago una broma. “Aplaudid los que seáis hombres heterosexuales”. Y aplauden de una manera muy desorganizada. “¿Os habéis dado cuenta de lo desorganizado que ha sido? ¿Cómo es posible que estéis gobernando el mundo? ¡Ni siquiera podéis aplaudir! Ese tipo aplaudió tan tarde que creo que volvió al armario", les digo. Y luego hago que la gente gay aplauda y, por supuesto, todos aplauden al mismo tiempo. Cuando empecé a ser más visible y reconocido, al principio obviamente había mucha gente gay y queer, lo cual es genial. Poco a poco empezaron a venir mujeres y ahora sus novios vienen al show también. Hago muchos podcasts con mis amigos cómicos, que en su mayoría son heterosexuales, y por eso, muchos hombres hetero vienen a mis shows. Luego me escriben mensajes diciendo que vinieron a verme con sus novias. Me parece muy tierno. Estamos adentrándonos en un buen momento en el que el humor trasciende la sexualidad de cada uno. Pero sinceramente, no creo que vaya a tener una actuación en la que el público se componga de un 100% de hombres heterosexuales. Muchos aún creen que la gente de la comunidad LGTBIQA+ solo habla a través de sus traumas. ¿Cree que las cosas han cambiado? No creo que haya una respuesta única. Muchas veces, la la única forma en la que las personas queer conseguían espacio o visibilidad era a través de las personas heterosexuales, y la gente heterosexual muchas veces tiende a centrarse en el trauma. Pero al mismo tiempo, creo que mucha gente hetero simplemente pensaba: “Como eres gay, solo puedes hablar de algo terrible que te pasó”. Sin embargo, creo que si realmente convives con muchas personas queer, descubres que usamos mucho el humor para superar nuestro pasado. Mucha literatura, películas, obras y música queer en el pasado estaban asociadas con algún tipo de dolor. Pero quizá sencillamente las personas queer son más honestas consigo mismas. Es bonito ver que, aún así, podemos hacer arte y celebrarnos. ¿Qué cree que usted aporta a la comedia? Chistes de Mariah Carey (ríe). No sé si tengo una respuesta específica para eso. Solo sé que me gusta subir al escenario, interactuar con el público y hacer reír a la gente durante una hora. Llevo 18 años haciendo stand up, por lo que he tenido mucho tiempo para sentirme cómodo en el escenario y aprender a escribir chistes y construir material. Recibo mensajes muy bonitos de personas que me dicen que no se habían reído desde que la muerte de su padre, otros que dicen que mi stand up les está ayudando a sobrellevar la quimioterapia… Me he acostumbrado tanto a intentar crear chistes para hacer reír a la gente que olvido cómo me ayudaban a mí Margaret Cho o Kathy Griffin cuando las escuchaba. Por lo tanto, el humor es realmente necesario para ayudar a la gente. Soy consciente de que no estoy curando el cáncer, pero como dijo Joan Rivers, “si haces reír a alguien, le das unas pequeñas vacaciones”. Así que intento darle a todo el mundo, en la medida de lo posible, un pequeño descanso del mundo de mierda en el que vivimos. El ritmo es esencial en el humor. ¿Cree que su formación musical le ha ayudado? Sin duda. También tiene que ver el hecho de que cuando era muy joven escuchaba muchos comediantes. Creo que el primer CD que tuve, cuando seis años, era de Ellen DeGeneres, y sé que ahora todo el mundo la odia, pero cuando tenía seis años, ¿qué sabía yo? Era mi ídolo y siempre le estaré agradecido. No puedo no estarlo. Dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo y yo no tendría carrera sin ella. Su ritmo y la manera en la que hablaba se me quedaron grabados de alguna forma. No se trata solo del chiste, también de cómo lo cuentas. Pasa lo mismo con la música: no se trata solo de cantar, también del color de la voz. Así que sí, definitivamente se trata de la dinámica y del ritmo con el que hablas: es algo que te ayuda a escribir chistes. Es ciertamente musical en ese sentido. Quizá es más parecido al jazz. Se siente casi como Thelonious Monk. ¿Diría que los hombres se comportan de una manera tan absurda que puede resultar cómica? Creo que a veces, y esto no aplica para todos, los hombres heterosexuales simplemente existen y están siguiendo inconscientemente un guion. “Como mis padres hicieron esto, yo lo hago”. “A mis amigos les gusta esto, así que a mí también me gusta”. Siguen la corriente. Cualquier cosa que esté fuera de ese molde les genera miedo y cuando ven a una persona queer, gay o alguien que viste o incluso camina diferente, les impacta porque puede haber un miedo dentro de ellos que les hace darse cuenta de algo. Ese miedo los lleva a rechazarlo. Nueva York es muy diferente porque puedes ir vestido de pollo y a nadie le importa. Pero creo que las cosas están cambiando y los hombres heterosexuales se sienten menos limitados por esas reglas estúpidas que ellos mismos crearon. Ahora se visten de una manera más femenina, tienen intereses distintos, amigos gays, escuchan música diferente… Aunque también existe una especie de machismo que es muy molesto. A veces veo hombres heterosexuales actuando tan heterosexuales que me parece un acto drag, como si se estuvieran poniendo un disfraz y una personalidad para encajar. Hablando de machismo: siendo usted italiano, ¿es el machismo italiano diferente? Sin duda. Los italianos son pura contradicción. Son súper machistas y están obsesionados con las mujeres, pero van caminando abrazados por la calle. Dan dos besos a sus amigos, les gusta la ropa de marca, son mejores amigos de sus madres… Pero luego está la Iglesia católica. El mes pasado estuvo en Madrid y en unas horas se enfrenta al público catalán. ¿Qué tal responde el público español? El de Madrid fue uno de los mejores públicos que he tenido. He actuado donde hacen El Rey León y hoy aquí, en Barcelona, actúo ante 1.600 personas. El público español es increíble y muy apasionado. No es normal que los cómicos estadounidenses vengan a actuar para audiencias españolas tan grandes por lo que mucha gente, incluso mi promotor, decía que no sabía cómo iban a reaccionar. Y fueron maravillosos. Es evidente que usted se cuida muchísimo, pero España e Italia son lugares conocidos por su cocina. ¿Qué platos le han seducido? Aquí hay mucha gente venezolana y me gusta comer tequeños. Sé que es obvio, pero de España me encanta el jamón, la paella de pollo (no puedo comer paella normal porque tiene marisco) y la tarta de queso vasca. Estoy completamente obsesionado con esas tartas. Le dije a un amigo de Madrid que teníamos que comer tarta de queso vasca y me preguntó qué era eso. “Creo que nosotros simplemente la llamamos tarta de queso”, dijo. [En ese momento, llega su comida. Ha pedido pulpo y pollo a la plancha]. ¡Vaya comida más marica he pedido! Antes de dar el primer bocado, para terminar, ¿es más aterrador que nadie se ría de los chistes o que Donald Trump se encuentre entre el público? Lo aterrador es que Donald Trump esté en el mundo.