Este viernes, a 9 días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, los grandes medios colombianos empezaron a publicar las últimas encuestas que impactarán la campaña. El lunes iniciará la semana de veda, en la que no se pueden revelar estas mediciones y la especulación suele crecer. Guarumo Ecoanálitica en El Tiempo, el más grande diario del país, señala que cualquiera de los dos candidatos de la derecha —el ultraderechista Abelardo de la Espriella o la uribista Paloma Valencia— superaría por pocos puntos al senador de izquierda Iván Cepeda en una eventual segunda vuelta (40% a 43,6% en caso del penalista, 29,9% a 44,8% en caso de la senadora), y que el ultra ocuparía el primer lugar en la votación del domingo 31 (27,5% contra 21,7%). Un par de horas más tarde, Noticias Caracol, el noticiero de televisión de mayor rating, reveló el panorama distinto que muestra Invamer: Cepeda vence a cualquiera (52,4% contra 45,3% de De la Espriella, y 52,8% frente a 44,3% de Valencia) y el ultra tendría asegurado su paso, con 31% contra solo 14% de la senadora. Dos firmas, dos instantáneas de un país que en diez días les dará o no la razón. Y un panorama que, según los números, luce más abierto de lo que el oficialismo quisiera admitir. Pero, más que los resultados, lo que ha ocupado buena parte de la conversación política esta semana es lo que ocurre detrás de las encuestas: quién las hace, cómo las hace, quién las publica y, sobre todo, a quién le convienen. “Invamer es inverosímil”, reaccionó Valencia tras conocer el resultado. “¿Saben qué tienen en común las encuestas de Guarumo e Invamer de hace 4 años? ¡Exacto, quien pasó de segundo fue el que decían que estaba de tercero! ”, la secundó la congresista Luz Pastrana. Incluso desde la orilla opuesta criticaron a la encuestadora “INVAMER, a quien no le queda otra que sacar resultados más cercanos a la realidad para no ser sancionados, muestra lo que venimos informando desde hace meses”, dice en X la cuenta AbelardoPTE, de influenciadores cercanos al aspirante. “Bueno, por fin. Entre diciembre y abril en Invamer tuvieron a Abelardo en una especie de bicicleta estática electoral (...) Finalmente les reconocieron 31,6 % de intención de voto, lo cual significa que están mucho más arriba” afirmó el exsenador Rodrigo Lara, quien apoya al penalista.Las encuestas en Colombia hace tiempo dejaron de ser solo un termómetro del electorado. Son también un arma de campaña, un instrumento para moldear percepciones, desinflar aspiraciones o inflar candidatos que conviene posicionar. Nadie lo dijo con más claridad esta semana que Claudia López. La candidata de centro, que aparece en las mediciones cerca del margen de error, contó una anécdota que circuló ampliamente: hace algún tiempo se encontró con Gabriel Gilinski, propietario de la revista Semana y miembro de una de las familias más ricas del país, y él mismo le dijo que su aspiración se habría desinflado gracias a las portadas de su medio con datos de encuestas que la desfavorecían. Que la anécdota haya sido recibida con amplia credibilidad explica cómo se leen las encuestas en el país.La disputa más encendida, sin embargo, se ha librado en el Consejo Nacional Electoral. El CNE es el organismo administrativo encargado de vigilar a los partidos políticos y de reglamentar el proceso electoral, incluyendo el seguimiento a las encuestas, y está compuesto por magistrados elegidos por las bancadas del Congreso, un origen político que ha sido fuente de incontables cuestionamientos. En esta ocasión, se suma a una ley que existe hace menos de un año y que ha endurecido las exigencias para las mediciones que pueden publicar los medios y circular en redes sociales. Esa nueva norma ha funcionado como detonador de una crisis que venía de tiempo atrás.En el centro de la tormenta está Atlas Intel, la firma brasileña que ha utilizado Semana para sus mediciones. Un debate técnico sobre su metodología digital llevó a varias investigaciones en su contra, a partir de denuncias ciudadanas. En una de ellas, la magistrada Fabiola Márquez, del oficialista Pacto Histórico, tomó como ponente una denuncia del congresista de ese mismo partido, Alejandro Toro. Márquez determinó la suspensión provisional de la publicación de las encuestas de Atlas Intel. Su decisión desató una discusión interna que llevó a un choque a gritos con su colega del opositor Centro Democrático, Álvaro Hernán Prada, quien cuestionó que una sola magistrada pudiera tomar unilateralmente esa medida.Pero lo más llamativo no fue la disputa entre magistrados. Fue quien logró, a través de un recurso jurídico, que esa suspensión no aplicara por ahora: no fue Semana, tampoco fue Atlas Intel. Fue la campaña de Abelardo de la Espriella, el candidato que aparecía mejor posicionado en las mediciones de la firma brasileña que en cualquier otra encuesta hasta ese momento (la medición de Invamer de este jueves replica el crecimiento de su campaña que revela la brasilera). Todo esto ocurre en una campaña que tiene una característica que, vista en perspectiva, resulta llamativa: no ha habido un solo debate entre los candidatos punteros. Se han repetido encuentros entre Valencia, López, Fajardo —el centrista que aparece cuarto en las mediciones— e incluso aspirantes que no superan el margen de error, mientras De la Espriella y Cepeda han evitado sistemáticamente encontrarse con ellos en un mismo escenario. No ha habido grandes debates en medios, como los que marcaron las campañas colombianas durante por tres décadas. En ausencia de ese contraste de ideas, de propuestas, de visiones de país, el espacio lo han ocupado otras cosas: el debate sobre los debates, primero. El debate sobre las encuestas, después.A 72 horas de que el país entre en la veda definitiva y los colombianos se queden sin nuevas mediciones, la campaña de izquierda apuesta a ganar en primera vuelta, pero los sondeos muestran a Cepeda distante de ese objetivo. Las dos campañas de derecha pugnan por un segundo puesto que los números ubican más cerca de De la Espriella que de Valencia. Y mientras tanto, el debate público sigue girando alrededor de las cámaras con las que las encuestadoras toman la foto del país, no alrededor de lo que los candidatos harían con él. En otras campañas, las encuestas eran el reflejo de una disputa política. En esta, se han convertido en la disputa misma.
Las polémicas por las encuestas marcan la recta final de la campaña
El debate en Colombia no gira alrededor de las propuestas de los candidatos, sino de las metodologías de quienes los miden














