Lluís Homar entra en el bar Mendizábal, a escasos metros del teatro Romea de Barcelona, donde encarna al emperador Adriano de Marguerite Yourcenar, y todavía lleva puesto el personaje. Parece que vaya en cuadriga por la Vía Sacra y el Foro. La función de Memorias de Adriano, recién terminada, ha sido de nuevo un éxito y ha acabado otra vez con el público en pie aplaudiendo a rabiar. Un triunfo romano, vamos. Homar (Barcelona, 69 años) departe amigablemente con la gente que se acerca a saludarlo, se hacen un selfi con él o quieren que les estampe un autógrafo en el reverso de la entrada. Se acomoda satisfecho en la silla como si fuera un triclinio y pide con enorme auctoritas una coca-cola.Pregunta. Animula, vagula, blandula…Respuesta. Qué bonito, ¿verdad? Mínima alma mía, tierna y flotante… Los versos atribuidos a Adriano, traducidos por Cortázar, autor de la versión al castellano de la novela Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, que hemos adaptado al teatro.P. A la gente le chifla su Adriano.R. ¡Y a mí él! Me gusta la curva del personaje a lo largo de la función. Me identifico mucho con Adriano, con su forma de desmenuzar los problemas y con lo que dice de que ha llegado a esa edad en que la vida es una derrota aceptada.P. De derrota usted nada, si no paran de aplaudirle…R. Estamos en un momento dulce, sí. P. Muchos pensamos que es lo mejor que ha hecho, este Adriano.R. Te marca cada obra, cada personaje. Convives tiempo con ellos, cada uno te deja algo.P. ¿Cuál es el más importante?R. Hablé de eso en un espectáculo que hice en 2002, Et diré sempre la veritat, un monólogo en el que repasaba mi carrera. Hamlet, Ricardo III, Coriolano, el Spooner de Tierra de nadie, de Pinter… Hamlet es el más inabarcable. Siempre hay algo que se te escapa.P. Entre tantos personajes, ¿queda espacio para uno mismo ahí dentro?R. Sí, decían los místicos que el viaje más importante es el que hace uno hacia sí mismo. En realidad, el personaje más importante es el que lleva tu nombre. Aunque yo de joven quería ser Marlon Brando. Buscaba lo extraordinario, pero he aprendido que lo prioritario, y lo más arduo, es descubrirte a ti mismo.P. Bueno, Brando también hizo de romano, el Marco Antonio de Julio César. Usted lleva una buena tropa, el patricio contrariado Coriolano, el pretor Galba (en la serie Hispania y su continuación), el propio Antonio y ahora el emperador Adriano. Ha ido a más en rango.R. Los romanos me han dado muchas alegrías. ¡Galba!, ¡qué malo era!, la gente me paraba por la calle y me increpaba. Hubo que resucitarlo.P. Será usted gran fan de Gladiator.R. Pues no la he visto.P. ¡Pero si es la historia que va justo después de la de Adriano: la de Marco Aurelio y su hijo Cómodo…! ¡Fuerza y honor!R. Vale, vale, la veré.P. En Memorias de Adriano dice un porrón de texto maravilloso, ¿nunca se le olvida? En los monólogos que hemos hecho un puñado de redactores para el festival de 50 años de EL PAÍS lo hemos pasado fatal, y eran solo ocho minutos.R. Memorizar es un acto de fe y de humildad, es estudiar, estudiar y estudiar. Quizá este es el texto más difícil, porque no es originalmente para teatro.P. ¿Si se olvida algo, se lo salta?R. No se te puede olvidar. A veces te echan un cable los compañeros. En Mérida me quedé en blanco unos segundos. Te quieres morir, pero acabas encontrando el hilo. Otra vez, en el Romea, con una obra de Tomeo, estuve a punto de decir “no puedo seguir”; pero una persona entre cajas me lanzó la palabra que me permitió continuar. P. 50 años del Lliure, ¿qué recuerda del inicio?R. El aplauso antes de empezar, la relación entre nosotros, Anna, Carlota, Fabià, Muntsa, Imma, Domènec, Fermí, Antoni, Pere, Josep, Xavi, espero no dejarme a nadie…P. Se deja a Lluís Pasqual, vaya lapsus freudiano.R. Sí, ¡es verdad!P. ¿Su leit motiv?R. Una frase de Leonci, de Leonci i Lena, de Büchner: “Tengo una gran dosis de entusiasmo de reserva”.P. ¿Qué personajes le quedan por hacer? R. Romeo, pero ya no llego, aunque hice el Marco Antonio de Antonio y Cleopatra, una obra que es como un Romeo y Julieta ya mayores. Y siempre he querido hacer el Lear, Adriano tiene algo de él. Y Carlos Gandolfo pensaba que me pegaba hacer de Otelo, que tampoco he hecho.P. ¿Es celoso?R. Sí, pero sobre todo es ese tenerlo todo y sentir, sin embargo, una inseguridad enfermiza. Ahí hay un punto de Otelo en que me reconozco.P. Romeo, Otelo, ya que estamos: el amor.R. El amor lo es todo, sigo siendo un aprendiz de amar.
Lluís Homar, actor: “No he visto ‘Gladiator’ pero los romanos me han dado muchas alegrías”
El intérprete, inmerso en una gira de enorme éxito encarnando al emperador Adriano de Marguerite Yourcenar, dice que le habría gustado ser Marlon Brando






