En Polonia sobrevuela una sensación de vigilancia constante desde que Rusia inició su invasión a gran escala en Ucrania. Algo está cambiando profundamente en una sociedad situada en una posición geográfica especialmente sensible, con frontera directa con Ucrania, Bielorrusia y con el enclave ruso de Kaliningrado, el único territorio de Rusia situado en el continente europeo. Aunque la vida discurra con aparente normalidad en las calles de Varsovia, la capital polaca, se estima que miles de polacos tienen ya instalada la app Gdzie się ukryć (Dónde esconderse) en sus móviles para ver dónde está el refugio —o lo que puede servir como búnker— más cercano en caso de ataque. De darse esta situación, se activaría una sirena que inundaría las calles del país y avisaría de que Polonia está haciendo frente a una emergencia, ya sea un ataque aéreo u otro tipo de agresión. Es la nueva normalidad de Polonia desde que Rusia inició su guerra en Ucrania y toda la sociedad quiere estar preparada para saber cómo actuar en caso de que Moscú decida ampliar el conflicto. El primer ministro polaco, Donald Tusk, ya ha puesto fecha: "cuestión de meses". Y las señales no son pocas. El episodio más grave se produjo en septiembre del año 2025, cuando Varsovia activó varios de sus cazas para neutralizar a una decena de drones rusos que habían entrado en su espacio aéreo en una violación "sin precedentes"​, según describieron las propias autoridades polacas. A este incidente se le suman ataques híbridos y actos de sabotaje —incluida una explosión en una vía de tren que comunicaba el país con Ucrania— y arrestos de ciudadanos acusados de trabajar para el Kremlin. El último se produjo hace apenas dos días, con la detención de varios presuntos espías acusados de facilitar a Rusia información sobre la posición y los movimientos de las tropas de la OTAN en el país. Además, de acuerdo con diversas fuentes de seguridad de Europa Central, se ha intensificado el conflicto entre la administración presidencial y los siloviki —los jefes de los servicios militares y de seguridad y sus aliados, halcones de la guerra—, que habrían convencido al presidente de Rusia, Vladímir Putin, de ampliar su campaña en Europa con provocaciones concretas. El contexto no es alentador y Varsovia quiere tener la capacidad de poder actuar "no para el día de antes, sino para el de después" de un posible ataque, tal y como ha recalcado en diversas ocasiones el ministro de Defensa polaco, Władysław Kosiniak-Kamysz. No solo en el ámbito militar, donde Polonia presume de destinar el 4,7% de su presupuesto a Defensa. Su sociedad está cada vez más concienciada de la amenaza que supone Moscú y del papel que debe desempeñar en caso de una emergencia. Por ello, cada vez más polacos están haciendo formaciones para saber cómo actuar ante una agresión rusa, "aunque esperan no tener que hacerlo". El Gobierno ha lanzado varias iniciativas. Más allá de la aplicación, el Ejecutivo ofrece formaciones para civiles sin experiencia militar previa que quieran fortalecer su "sensación de seguridad" ante cualquier escenario crítico, incluida la guerra. ¿El objetivo? Formar a 100.000 voluntarios al año preparados incluso para poder cooperar con los militares. "Prepárate", advierte un manual elaborado específicamente para orientar y preparar a la población ante un posible escenario de guerra. "Recuerda que la información puede ser un arma y tú eres el objetivo", insiste. Además de este, todos los domicilios polacos han recibido una guía de "seguridad" de 54 páginas que explica cómo "mantenerte a salvo a ti y a tus familiares", proteger a las mascotas, además de enseñar a interpretar las alarmas y las señales de emergencia. Incluye, entre otros, un apartado que explica qué hacer ante un ataque aéreo, así como ante inundaciones o apagones, o qué llevar en una mochila de supervivencia. Agnieszka, una ciudadana polaca que ronda la cincuentena, recibió su manual este año, en febrero, un poco más tarde que sus padres. “Lo estaba esperando con impaciencia", afirma en conversaciones con El Confidencial. "Me dio mucha alegría cuando lo recibí", pero, al mismo tiempo, sostiene, "sentí que no era normal que se esté mandando a la gente este tipo de manuales". Más allá de que los ciudadanos polacos tengan acceso a estas instrucciones, el Gobierno teme que muchos no quieran adquirir realmente ese conocimiento o no le den la importancia necesaria. Psicológicamente tiene su explicación, ya que "cuando piensas que algo va a ocurrir, temes que en cualquier momento vaya a pasar realmente", explica la secretaria de Estado, Magdalena Roguska, en una conferencia de las jornadas de Defensa y Seguridad Defence24 llevadas a cabo en Varsovia. "Estamos en un momento de amenazas sin precedentes. Las habíamos olvidado en el periodo de la paz, pero en este punto todos tenemos que estar preparados", lamenta. Agnieszka prefiere aterrizarlo y sostiene que la sociedad polaca no habla tanto de estos manuales "porque la vida continúa normal. Cada uno tiene sus propios problemas y vivimos al día", pero confiesa que aún no se ha descargado la aplicación de refugios que el Gobierno recomienda tener en el móvil. Para el Ejecutivo las formaciones o los manuales no son suficientes. El Gobierno de Donald Tusk quiere dar un paso más allá y se plantea iniciar simulacros a partir de este verano que enseñen a la población a actuar en caso de evacuación forzada empleando las mismas sirenas y alarmas que sonarían en caso de una agresión real. "Es crucial proteger la seguridad civil", asegura Roguska. En su panel, titulado "De la advertencia a la evacuación", no cabe un asistente. Los espectadores escuchan cada palabra como si fuera otro manual más. Pero estos perfiles, pertenecientes al ámbito militar o a la defensa en su mayoría, distan mucho del resto de la sociedad polaca que, según la secretaria de Estado, es el verdadero reto. "La gente tiene que leerlo y hacerlo y eso es lo difícil". Pero esto, según el Ejecutivo, se puede remediar no solo con el trabajo de comunicación que hacen, sino a través de la educación desde edades muy tempranas. Sentado a su izquierda, el coronel Marek Wnęka añade que este tipo de formaciones es esencial para aprender a coordinar la cooperación entre civiles y militares. En situaciones de emergencia, subraya, esa colaboración resulta clave, aunque recuerda que en un contexto de guerra el control de la situación recae en las Fuerzas Armadas. Como ejemplo, menciona los simulacros de evacuación coordinada. La legislación polaca, explica, otorga a los militares la autoridad para dirigir a las tropas en ese tipo de escenarios. "Tenemos que confiar en la gente que ya está implicada", afirma. "Aprendemos, como individuos, que tenemos capacidad para reforzar la seguridad", sostiene. En flanco este, en alerta La sensación de urgencia, sin embargo, no solo se extiende por Polonia. Lituania, Letonia y Estonia perciben la amenaza rusa cada vez más próxima, y los países bálticos también han sido objeto de ataques híbridos, entre ellos incursiones con drones. De hecho, esta misma semana Lituania activó por primera vez en su historia reciente las alarmas antiaéreas. Según informó el Ejército lituano, la OTAN desplegó varios cazas de vigilancia aérea tras la detección de una señal de radar con características compatibles con aeronaves no tripuladas cerca de la frontera con Rusia. "Todos los residentes deben dirigirse inmediatamente a refugios seguros y permanecer allí hasta que se cancele la señal oficial", comunicó en un mensaje el alcalde de Vilna, Valdas Benkuskas. "Si se encuentra al aire libre, busque el refugio más cercano lo antes posible. Si está conduciendo, deténgase en un lugar seguro y siga las instrucciones de los servicios. Mantenga la calma y actúe de inmediato", afirmó.